"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

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jueves, 23 de abril de 2020

Expediente Covid 19. Comprendiendo nuestras emociones en la situación de emergencia social


Las semanas de confinamiento van pasando y a medida que ello ocurre todos y todas vamos notando los efectos que la situación está teniendo en nosotros mismos, provocando cambios en el estado de ánimo, en el cansancio e incluso en el umbral de tolerancia a la frustración, mostrándonos cada vez más irascibles o más emotivos. 

Dicen los que entienden que la resiliencia es la "capacidad de una persona o de un grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves.” (Manciaux, Vanistendael, Lecomte, Cyrulnik, Barudy). No cabe duda que la situación que estamos atravesando desde hace semanas es la adversidad más grave de cuantas nos han tocado vivir.


                                        Autoría Foto: Ana Jiménez

Precisamente la promoción de la resiliencia infantil en estos momentos depende en gran medida de cómo los adultos que están al cuidado de niños, niñas y adolescentes sean capaces de aprovechar sus recursos personales, los recursos externos con los que cuentan (ahora limitado) y el sentido que le dan a la experiencia de superar esta terrible pandemia. Por ello, este post va dirigido a los que cuidan, a los mayores, para repasar brevemente algunos aspectos a tener en cuenta para poder hacer mejor tu tarea, principalmente comprendiendo y contextualizando el momento que estamos viviendo:

1. Una piedra no es una montaña


Las personas nos enfrentamos a veces, además de adversidades de distinto tipo, algunas de ellas muy duras, como las que hemos visto en los últimos años en los medios de comunicación, tales como una riada, un terremoto o un incendio forestal. A diferencia de todas estas adversidades, el COVID19 presenta unas características muy diferentes:

·    Su duración. Después de más de dos meses que comenzó en nuestro país la expansión nos encontramos aún atravesando la adversidad (y lo que nos queda).
·   Su peligrosidad. Puede afectar a cualquiera de nosotros/as, no solo de nuestra familia, sino de nuestra ciudad, de nuestro país, de nuestro continente, de nuestro planeta... pudiendo provocar incluso la muerte, por lo que se convierte en un estresor de orden mayor.
·    Su impacto. Nos ha cambiado los hábitos, la forma en que nos relacionamos, la necesidad de aprender nuevas formas de trabajar (o resignarse a perder el trabajo).

No es por tanto una adversidad más, es el Everest de las adversidades. 


 2. Expediente X. COVID19

No hay nada peor que la INCERTIDUMBRE, con mayúsculas. Sumado a lo anterior, la impredecibilidad del virus, su desconocimiento, la falta de evidencias científicas por su corto tiempo de vida, hacen que se convierta en el peor enemigo. Y aún más, enemigo invisible, del cual solo nos podemos defender con las medidas higiénicas recomendadas que se tornan insuficientes. 

Sin duda, la falta de control sobre el virus y su carácter de amenaza, puede generar en nosotros una ansiedad generalizada (muchas veces inconsciente en el caso de las personas evitativas, de esas que prefieren no pensar demasiado) que afecta a nuestros sistemas implicados en el autocontrol, entre otros.

El COVID19 es el mayor expediente X des-conocido.


3. Horizontes lejanos

Sumado a lo anterior, el futuro próximo -e incluso el presente cercano- peligra en muchos hogares, bien por la amenaza de la crisis económica que se avecina y el consiguiente temor de falta de solvencia o incluso por haberse visto ya afectados por expedientes de regulación temporal e incluso el desempleo. Pensar en futuro además de difícil ahora mismo resulta inquietante.

Estaréis de acuerdo conmigo que no es lo mismo cualquier otra adversidad que la pandemia actual. ¿Y porqué es importante tener todo esto en cuenta? Porque nuestro sistema nervioso no está preparado biológicamente para hacer frente a un estrés de esta magnitud, duración, impacto y peligrosidad ya que no estaba contemplado en nuestro fenotipo. 

Podemos soportar y sobrellevar el estrés que producen los conflictos interpersonales como un divorcio, la realización de trabajos que requieren mucha energía mental o soportar a un jefe estúpido. Pero nuestro cerebro no está acostumbrado ni preparado para simultanear tantas funciones como ahora estamos asumiendo (compaginar el cuidado de los hijos con el trabajo, aprender a teletrabajar) junto con el miedo y la necesidad de llevar extremo cuidado para no contagiarnos y cuidar de nuestra familia. Esto requiere un esfuerzo increíble para nuestro cerebro y tiene un coste a nivel de funciones: menor atención, menor memoria, menor capacidad de autocontrol, etc.

Y por ello pueden aparecer diferentes manifestaciones que son las consecuencias de que algunas de estas funciones no están, valga la redundancia, “funcionando” bien y aparezcan síntomas propios ante situaciones estresantes mantenidas a largo plazo son:

Los síntomas físicos:

  • alteraciones en el sistema digestivo,
  • problemas cardíacos,
  • alteraciones del sueño,
  • alteraciones dermatológicas,
  • y supresión del sistema inmunológico lo que va a hacer que seamos más vulnerables a las enfermedades.

Los síntomas psicológicos:

  •        presentar sentimientos de miedo, de confusión,
  •         dificultades de concentración y de memoria,
  •         irritabilidad y enfado,
  •        cansancio y fatiga,
  •         aislamiento social y familiar,
  •         evitación de emociones, pensamientos o conductas,
  •        tristeza, pensamientos negativos o catastrofistas,
  •        enfado y sentimiento de culpa.

Con un panorama así, mantener la calma es algo complicado. En algunos casos será necesario la ayuda de un profesional, siempre en función de las características individuales de cada persona y de sus antecedentes en cuanto a historias previas de problemáticas de tipo emocional o por la exposición intensa a factores de estrés relacionados con el virus. Pero la gran mayoría podrán activar sus recursos resilientes y atravesar esta gran adversidad e incluso salir fortalecidos/as.

Algunas orientaciones para poder tener una mejor gestión emocional y un mayor autocontrol pueden ser las siguientes:

  • - No negar las emociones, sean cuales sean. Estamos viviendo una situación excepcional y las emociones que podamos sentir (miedo, rabia, impotencia, inseguridad, etc.) SON NORMALES, lo anormal es la situación. Reconocer nuestras emociones sin evitarlas ni negarlas permite que nuestro cerebro pueda procesarlas e integrarlas como parte de esta experiencia. Darnos permiso de manera voluntaria posibilita que no tengan que salir de otro modo en forma de malhumor, irritabilidad excesiva, agresividad o intolerancia. Revisa cada día cómo te sientes, pasa tu ITV emocional pero sin temor a lo que puedas encontrar. Eso si, como dicen mis estimados profesores Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy, tenemos derecho a enfadarnos pero no a expresarlo de cualquier manera.
  • -  Realizar algo de ejercicio físico. El cortisol, que es la hormona del estrés, está en estos momentos pluriempleada, porque a lo largo del día “trabaja” en todos nosotros influyendo en como nos sentimos, en como pensamos y en como actuamos, circulando libremente y sin semáforos por todas nuestras estructuras cerebrales. Hacer deporte favorece la liberación de tensiones y mejorará nuestro estado de ánimo. Aquí te dejo una Oca del Confinamiento, que seguro que te ayudará a practicar ejercicio en familia de una forma divertida que puedes descargar en este enlace:   https://drive.google.com/file/d/1KvzmynllASXjmZh3bjJuSn6e_xivH0x/view

  • - Identifica cuales son tus necesidades y compártelas con los tuyos…para que te ayuden a satisfacerlas. Tener necesidades no cubiertas pone de mal humor además de generar sensación de insatisfacción. Pide un abrazo si te apetece, o media hora para descansar en el sofá, ver una película de las que te gustan, pedir que te hagan un bizcocho o lo que tú quieras y sea posible en el confinamiento. Una buena propuesta es la que escuché el otro día en el curso de Ana M. Gómez donde proponía una actividad que es el Rincón de las necesidades y que puedes hacer con una cuerda, unas pinzas de la ropa y unos poss-itt o papelitos en los que cada miembro de la familia puede colgar cada días 2-3 necesidades poniéndolas colgadas todas juntas y a la vista (por ejemplo en la cocina o en un rincón de la casa) y dedicar todos unos minutos al día para leerlas, ponerlas en común y....¡satisfacerlas si es posible!
  • - No olvides tener espacios de intimidad. Todos necesitamos tener nuestro momento, bien sea para leer o para no hacer nada y en el confinamiento esto puede ser algo difícil de conseguir y con ello, ponernos más irascibles. Pero no hay nada imposible y ese momento que ha de ser individual (en el cuarto, en el baño o incluso en el balcón) puede convertirse en una verdadera válvula de escape. Poder disfrutar de uno mismo de su soledad buscada puede ser un factor de protección en estos momentos, sin restarle importancia con ello a los espacios familiares. Simplemente son espacios diferenciados aunque el contexto no sea diferente.
  • - Practica relajación o yoga. Seguro que tengas la edad que tengas te ayudará a sentirte mejor. Te recomiendo el siguiente vídeo de relajación que puedes ver pinchando el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=Q4ODsJ7ryUA


También este otro vídeo te puede ayudar a ti y a tu hijo/a si lo veis juntos: https://www.youtube.com/watch?v=WRnfqtpjkNg 




Es importante no perder de vista que no podemos evitar que las adversidades sucedan, pero sí cambiar la forma en que nosotros las interpretamos y por tanto le damos respuesta. Como personas necesitamos no perder el control en el sentido literal de no enojarnos desmesuradamente, pero también en el sentido de poder controlar algo de nuestras vidas. Estas actividades que te propongo u otras que tú plantees pueden ayudarte para OCUPARTE más y preocuparte menos, depende de ti. 

domingo, 22 de marzo de 2020

Fomentando resiliencia infantil en tiempos de coronavirus


Es tiempo de solidaridad, es momento de resiliencia. En estos días en los que el mundo entero se ha visto invadido por una pandemia que afecta a todos y cada uno, toca activarse y poner en marcha nuestros recursos personales y comunitarios.

Un blog que trata sobre resiliencia infantil no puede quedarse al margen de esta tremenda y dañina adversidad, y arranca de nuevo motores para apoyar a padres, madres y cuidadores en la difícil tarea de hacer que los niños, niñas y adolescentes sean capaces de atravesar esta situación con el menor impacto posible.

Son muchas las publicaciones y mensajes que circulan estos días en las redes sociales dando consejos o recomendaciones. Este es un granito más en esa enorme montaña en que deben convertirse las relaciones interpersonales en momentos de emergencia social, porque es a partir de ellas donde surgen los elementos que hacen posible la promoción de las mejores cualidades, de las mayores potencialidades y de la capacidad de cuidar y autocuidarse.

Tenemos mucho que aprender con este virus, y lo vamos haciendo sobre la marcha. También vosotros y vosotras, principalmente en la comprensión de lo que supone un evento traumático y la importancia de una respuesta controlada por parte de los adultos.

Si os parece, como si de empezar a aprender a leer se tratara, vamos a comenzar por el AEIOU básico que puede ayudaros a tener herramientas a la hora de hacer bien vuestro trabajo.

  • Aprende y aplica las recomendaciones que desde las autoridades sanitarias están pautando. No podemos pedirles a los niños, niñas y adolescentes que cumplan con el confinamiento, estudien y colaboren en casa cuando los adultos se saltan a veces las restricciones. Sentaos con vuestros hijos e hijas y revisad juntos estos vídeos que encontraréis en la página web del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social porque la mejor prevención es la información (os pongo el enlace  https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/ciudadania.htm). Allí encontraréis mucha información veraz, pero hay un vídeo especialmente útil que nos ayuda a aprender y enseñar un poco más sobre este virus que tanto daño hace. Información sí, pero la justa y de forma controlada: 


Fuente: Ministerio de Salud Pública, Consumo y Bienestar Social


Otra información de interés es la que aparece en este otro vídeo que enseña cómo lavarse muy bien las manos (https://youtu.be/jPqlHzfrl8k o también se lo podéis explicar con esta infografía tan interesante: 







  • Escucha con los ojos. Los niños y niñas están viviendo una situación anormal que les causa inquietud y temor. Seguramente no digan lo que piensan porque no les gusta lo que pueden oír. Pero muchas otras veces adoptarán mecanismos de respuesta al estrés que tienen que ver con la evitación (o huida de lo que que causa temor o malestar), bloqueo, o agresión (empujar a su hermano/a, contestar mal, etc.), que tienen que ser entendidas como una respuesta normal, ante una situación anormal. Dice B. Perry "Lo que determina cómo sobreviven los niños al trauma, física, emocional o psicológicamente es si la gente que les rodea -en particular los adultos que deberían poder apoyarse y confiar- está de su lado dispuesta a ofrecerles amor, sostén y estímulos (pág, 14)". No todos vuestros hijos e hijas van a desarrollar un trauma por la experiencia que estamos viviendo con el coronavirus, pero si no les ayudáis a procesar bien esta vivencia puede aparecer después estés post traumático. Atiende a su comunicación no verbal, a lo que dice su lenguaje corporal, sus gestos, su sonrisa nerviosa en ocasiones. Y aprende a escuchar con los ojos y oír con el corazón.

  • Evita que vean las noticias o información de forma indiscriminada y sin filtrar. Los más pequeños no deberían ver ninguna noticia, porque cuando algo no se entiende y además se observa miedo en los adultos y comentarios catastrofistas, se activa su sistema de alerta. Los y las más mayorcitos tendrían que tener mensajes tranquilizadores que pudieran segurizar, transmitirles que están a salvo, sin mentirles pero no dando toda la información (algo así como que hay un bichito muy malo, que es invisible y que hace daño a las personas, pero que hay mucha gente investigando para poder combatirlo). A los más mayores preguntarles qué información tienen de otras fuentes (por amigos mediante redes sociales o por consulta en fuentes no fidedignas) y detectar información falsa pidiéndoles también que no difundan nada no contrastado. Como se escucha estos días, la información falsa es tan viral y dañina como el propio virus.

  • Inventa juegos, idea actividades.Todo lo que se sea fomentar la creatividad sirve (si eres de los afortunados que encontraste papel higiénico en el supermercado guarda los rollos de cartón del interior, que hoy son un bien preciado y saldrán bonitas manualidades (el humor, como este también es un factor de resiliencia).
  • Invita a los niños y niñas a imaginar un lugar seguro desde donde poder encontrar calma y poder relajarse. No lo emplees solo cuando está nervioso, sino que puedes invitarle a hacerlo cada día, como una rutina. De esta forma podrá disponer de un recurso interno para lograr calmarse en otros momentos incluso más allá cuando todo vuelva  a la normalidad. En este enlace os dejo un vídeo para ayudarles a buscar ese lugar seguro en su fantasía (https://www.youtube.com/watch?v=GSdds04BGiw)


  
  • Organiza su tiempo con actividades que les recuerden a su día a día antes del confinamiento, procurando mantener horarios y tareas. Mantener las rutinas ayuda a su cerebro a procesar que no hay motivo de alarma ya que este órgano tan complejo, tiene la propiedad de establecer asociaciones enlazando las señales sensoriales con los estados internos. Si somos capaces de ofrecerles una estructura permitiendo que combinen sus tareas escolares, con juegos (imprescindible que jueguen y tengan momentos de ocio) y con tiempo en familia, podrán llevar mejor esta situación tan atípica. 
  • Observa tu propio cuerpo, tus emociones, lo que estás sintiendo estos días...y cuidaté. Un capitán o una capitana de barco debe estar en condiciones de tomar el timón en las mejores condiciones para que no vaya a pique. La intensidad de las emociones, la falta de espacio personal, el cúmulo de tareas (teletrabajo, familia, organización) son los nubarrones, por lo que escucha también lo que tu cuerpo te dice y date permiso para tener emociones, pero siempre de forma controlada. El balcón, la ventana o el cuarto de baño pueden ser espacios sagrados donde pensar bien antes de aplicar castigos (no me gusta esta palabra, prefiero decir consecuencias), responder de forma malhumorada a la misma pregunta viente veces o despegar de un manotazo tu brazo a tu hijo/a quien, cual monito pequeño no se aparta de tu lado. Párate, siente,piensa, actúa


  • Utiliza tu red sociofamiliar como válvula de escape. Es inevitable que los adultos estemos nerviosos y preocupados. Para que este tema no monopolice nuestro tiempo, energías y pensamiento, tendremos que estar ocupados para estar un poco menos preocupados. Los niños y niñas no pueden ser nuestros confidentes ni nuestras figuras de apego con los que compartir lo mucho que nos preocupa la situación, máxime si tenemos algún familiar afectado. Eso no significa que tengamos que no podamos expresar nuestros sentimientos, sino que para ello echemos mano de los adultos que son de nuestra confianza, que pueden calmarnos o que pueden ayudarnos a aliviar la angustia. Tener emociones es de humano, pero que los niños y niñas perciban en sus referentes que no están suficientemente autocontrolados, que verbalizan continuamente frases catastrofistas o que no se despegan del televisor y acaparan comida en la despensa....eso no va a ayudar mucho a transmitir calma.

Quisiera acabar con la definición de resiliencia infantil más compartida por los profesionales del tema, a la que me sumo, desde la que se entiende como  “la capacidad de un niño o niña para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves”. Hagamos entre todos y todas que los niños, niñas y adolescentes puedan atravesar esta adversidad y salir fortalecidos gracias a la existencia de adultos sensibles, atentos y capaces de transmitir seguridad.   



Referencias:

- Ministerio de Salud Pública, Consumo y Bienestar Social. recuperado de https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/ciudadania.htm

- Perry, B y Szalavitz, M. (2016). El chico a quien criaron como perro : y otras historias del cuaderno de un psiquiatra infantil. Madrid : Capitán Swing

martes, 24 de diciembre de 2019

Cuento de Navidad

Una nueva Navidad. Nuevamente momentos para el reencuentro entre familiares, la alegría de compartir ratitos con amigos, disfrutar de las luces y demás  adornos navideños. Y, como no, hacer balance de cómo nos ha ido el año, de lo rápido que pasa el tiempo y de los deseos y propósitos para el Nuevo Año que ya asoma por la esquina.

Como otros años quisiera dedicar una entrada para desearos unas Felices Fiestas pero también para que reflexionemos juntos con un precioso cuento de Jorge Bucay, que nos habla de la Navidad pero sobre todo de lo verdaderamente importante en estas fechas y siempre: el amor incondicional de los niños y niñas hacia sus padres.

"Jorge Bucay. Cuento de Navidad

En una casa más o menos humilde de un país cualquiera vivía una familia compuesta por el matrimonio y sus dos hijos.  Juan, el hijo mayor de 24 años, casi abogado y Priscila, la pequeña de apenas 4 añitos.  

Al acercarse la Navidad el padre había comprado un rollo de cinco metros de papel metalizado para poder envolver los regalos antes de ponerlos en el modesto arbolito, armado desde principios de Diciembre en la entrada de la casa.  El 23 en la noche, el hombre se decidió a empaquetar los regalos, más simbólicos que valiosos, para Nochebuena.  Qué desagradable sorpresa fue encontrar en el estante del ropero, el tubo de cartón donde venía enrollado el papel metalizado, desnudo de los cinco metros del costosísimo papel de envoltura.

El dinero era bastante escaso en la familia y posiblemente por eso, a pesar de lo avanzado de la hora, el señor explotó de furia y mandó a llamar a su familia para ver quién había utilizado el papel que él compro para los regalos.  La pequeña Priscila apareció con la cabeza gacha para decirle a su padre que ella lo había usado.

-¿Pero no te das cuenta que ese papel es muy caro y que tu papa tuvo que trabajar varios días para comprarlo?; ¿Podrías decirme para qué tontería usaste el papel metalizado?   

La niña salió corriendo y regresó con un paquete del tamaño de una caja de zapatos, envuelta con varias capas del costoso papel, ahora arrugado e inutilizable.

-¿No te dijo tu madre que no debes tocar las cosas de los mayores para tus juegos? ¿Cómo se te ocurre envolver esa caja con cinco metros de papel dorado?

-Es un regalo de Navidad, papá- dijo Priscila- para el arbolito.

-¿Y se puede saber para quien es este regalo tan valioso como para usar todo el rollo de papel en envolverlo?

– ¿Y para quien va a ser?, para vos, papá.

El hombre se enterneció y abrazándola le pidió disculpas por los gritos. Como nos sucede a todos, con el regalo en las manos quiso saber qué contenía y le pidió a la pequeña permiso para abrirlo.  Poco después el hombre volvía a explotar:

-Cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo adentro. ¿Usaste ese papel para envolver una caja vacía?

A la pequeña se le llenaron de lágrimas los ojos y dijo:

-Es que la caja no está vacía, papá, yo soplé adentro cincuenta y ocho besos para vos.

El padre alzó a la niña y le suplicó que perdonara su ceguera y su ignorancia. Dicen que el hombre guardó para siempre la caja debajo de su cama y que siempre que se sentía derrumbado, abría la caja y tomaba de ella un beso de su hija. Esto lo ayudaba a recuperar la conciencia de lo que era importante y de lo que sólo eran tonterías."


Que nunca os falten besos que recibir de vuestros hijos e hijas.

Que siempre seáis capaces de dar el afecto y amor incondicional que los niños y niñas merecen. 

     ¡Feliz Navidad!



domingo, 3 de febrero de 2019

Orientaciones acerca del uso de las pantallas en niños y niñas





 Si tuviera que decir una preocupación que es el denominador común de la mayoría de los padres y madres con los que trabajo es lo difícil que les resulta el manejo de los tiempos en relación al uso de las pantallas (videoconsolas, televisión, tablets, móviles). Sus hijos e hijas nunca tienen bastante. Por no decir, las discusiones sin fin acerca de qué tipo de juegos (está causando furor algunos de ellos totalmente inadecuados para un cerebro en formación, con violencia totalmente explícita),arguyendo el tan famoso "es que todos los tienen y yo no"


La epidemia del siglo actual no viene en forma de tos y fiebre. Son alarmantes los datos que recogen las estadísticas sobre los y las adolescentes que han generado adicciones tecnológicas, tanto o más preocupantes que las adicciones a sustancias. Recientemente en la ciudad en la que vivo se celebraron unas jornadas de prevención en la que la concejala la Sanidad y Salud decía: "el juego es cada vez más temprano y adictivo entre los jóvenes". Palabras sabias basadas en la evidencia, igual que el consabido eslogan "fumar mata" pero el consumo de tabaco sigue estando ahí en cifras desorbitadas.

Conclusión: tenemos un problema. Algo que es bueno, como son las (nuevas) tecnologías, mal usadas se están convirtiendo en fuente de placer para unos (los y las niños y adolescentes) y en fuente de conflicto y preocupación para otros (padres, madres y educadores/as), tanto por las consecuencias que generan su uso-abuso como por las dificultades en la convivencia familiar. 

En esto, como en todo, hay un principio. De repente no tenemos un adolescente enganchado en casa o a una niña de 10 años que sube fotos en Instagram.  Cuestión de educación, de hábitos, de normas y límites. Los niños y niñas que hoy tienen 3, 5, 7, años...se enfrentan a un mundo digital tan lleno de posibilidades como de riesgos. El mayor riesgo es dejar de ser niños y niñasdejar de pensar como han de pensar los niños y niñas conforme a la naturaleza de sus cerebros que la naturaleza ha provisto (y no de los estímulos e información inadecuada e incapaz de poder ser procesada adecuadamente), y dejar de jugar a lo que siempre han jugado los niños y las niñas por centrar su tiempo y atención en aparatos diversos. Algo hay que hacer.


Por eso, cuando una mamá me pidió que yo valorara unas normas que ella entendía que podría ayudar a que sus hijos usaran de manera adecuada las pantallas, me pareció que eran muy interesantes y le pedí que me prestara esas ideas para desarrollarlas un poco, añadir alguna cuestión más y poder compartirlas en una entrada.

Estas orientaciones en principio irían dirigidas a padres, madres y educadores/es de niños y niñas de 2 a 12 años (antes de esa edad existen profesionales médicos, entre ellos la Asociación Americana de Pediatría que desaconsejan su uso). Ni están todas las que son (o deberían ser) ni pretenden ser dogma para nadie, sólo reflexiones que pueden ser compartidas (o no):

  • En relación a los contenidos:
1. Programas o contenidos de tipo informativo: Videos cortos que explican cosas del tipo de "cómo se hace" (experimentos, manualidades, papiroflexia, etc), o algún otro contenido que fomente su curiosidad a partir de situaciones reales, es decir, que les facilite herramientas para promover la creatividad o ideas para desarrollar su capacidad de razonamiento.

2.     Programas infantiles o dibujos animados o juegos interactivos que previamente los adultos hayamos comprobado que son adecuados, es decir "relatos" o historias que no sean contrarios a los valores que se pretenden transmitir en la familia. Quedarían fuera  programas que sexualizan a niños o niñas desde pequeños o las series dirigidas a personas adultas;  o aquellos otros donde la figura del mujer  o niña aparece sometida o humillada al poder masculino; o programas o viodeojuegos excesivamente violentos  donde la única trama es la conquista o dominación; o programas que desautorizan a las personas adultas bien porque las ridiculicen o bien porque las muestren comportándose de una manera inmadura y poco responsable (como ocurre en algunos dibujos animados bien conocidos).

  •  En relación a los tiempos:
1.     No tener la TV encendida como "música de fondo" todo el tiempo y que tengan acceso de manera indiscriminada a cualquier cosa: telediarios, concursos tipo reality sohw,  programas de “cotilleo”, etc. La mente de los niños es fácilmente influenciable con la información que proviene de los informativos, en los que en numerosas ocasiones se informa de tragedias, desdichas y desgracias varias. De hecho, en buena medida contribuyen a la creación y mantenimientos de miedos que, aún siendo evolutivos algunos de ellos (como el miedo a la muerte o a que pase algo a la familia) se cronifican al ser reforzados con la cantidad de muertes, accidentes y peligros de los que se informan. De igual modo, los reality show muestran que todo puede ser exhibido, que no hay lugar para la intimidad y además, se presencian formas de comunicarse y resolver situaciones de convivencia en muchas ocasiones de hostilidad, insultos y otras lindes. Los programas de cotilleo, por su parte, no aportan a los niños y niñas ninguna información de interés, ni cultural, ni de ocio sano, sino más bien la intromisión en la vida de las personas.

2.     En cuanto a los tiempos, y teniendo en cuenta como hemos dicho antes que no valen todos los contenidos, y con independencia de que sea en la TV, tablet o movil , no más de 3 o 4 capítulos o jugadas, nunca más de hora y media seguidas en el caso de los/las más mayores, mucho menos en los/las pequeños/as a los que no se debería dejar más de una hora. Obvia decir que los videojuegos no deben interferir las rutinas y hábitos saludables de los niños y niñas, por lo que dado que entre tareas, rutinas, juegos con otros niños/as, etc., tendrían que estar restringidos a los fines de semana.

3.     En el coche al viajar, NO acostumbrarles a coger las pantallas en todos los trayectos, solo cuando el viaje dure más de 30 minutos. El poder adictivo de los videojuegos engancha de una manera increíble, de tal forma que se convertirá pronto en un hábito que, además de ir sumando el tiempo de exposición a las pantallas, va en detrimento de las relaciones interpersonales.

4.     En el caso de las películas, que tienen una mayor duración, por supuesto no vamos a demonizar su visionado cuando estas pueden ser una herramienta pedagógica muy útil, pero no podemos encadenar una tras otra. Cuando se termine la película se pedirá al niño o niña que cambien de actividad. Con ello no sólo les educamos en el buen uso y evitamos adicciones, sino que también estamos educando en la tolerancia a la frustración problemática que se encuentra a la base de todos y casi todos los problemas de conducta.

5.     Las pantallas NO deben ser utilizadas en forma de “chantaje” para que se porten bien, no son una alternativa al buen comportamiento. ¡Ceder por parte del adulto para no oírles llorar o para que se callen cuando nos interrumpen les lanza el mensaje de que es posible conseguir un ratito más de Tablet o de TV, solo hace falta que el medio que utilizan como moneda de compra (llanto, gritos, interrupciones) cobre más fuerza!.

6.  Tampoco deben ser utilizadas para distraerlos ante una frustración, decepción o algún otro estado emocional que no están sabiendo gestionar. El precio es caro pero lo peor no es la dependencia en sí que se puede gestar. Lo peor es el aprendizaje de asociar la calma ante el estrés, enfado o frustración a la “administración de la pastilla virtual”, es decir, a la tranquilidad que le proporcionan las máquinas y no el buscar la seguridad en el adulto, la reflexión y el autoconocimiento.

7.     Nunca para irse a dormir o al despertarse. Las pantallas no deben ser ni lo primero que vean al levantarse ni lo último que utilicen antes de irse a dormir. Para inducir el sueño se aconseja realizar actividades tranquilas que inviten al cuerpo y a la mente a dejarse llevar por el sueño, como por ejemplo contar un cuento o charlar acerca de cómo ha ido el día.

  •   En relación a los contextos:
1. En compañia de alguna persona adulta. Dos son los conceptos claves que SOLO LOS ADULTOS deben tener en cuenta: Supervisión y límites. La primera por lo que ya hemos comentado, los segundos porque los niños y niñas no entienden de tiempos cuando están embelesados ante una pantalla y siempre quieren más.

2.     Dar pie a que se pueda comentar juntos/as lo que se ha visto al terminar el visionado de un programa de televisión o un juego. Aunque vivimos en la era de la información, lo cierto es que ni ha habido ni habrá mejor información que la que proviene de un padre, madre o tutor/a sensible, atento y disponible ante la curiosidad o el interés de un niño o niña por un tema. Las pantallas pueden ser herramientas. Los adultos somos los técnicos de la información que enseñan a emplearlas adaptándolas a la edad cronológica y mental (que no siempre van parejas).

3.     El uso de los aparatos debe respetar al resto de personas con las que se comparte el  espacio, es decir, el volumen no muy alto, pactar lo que se va a ver para que no siempre salga ganando una de las partes, negociar el reparto del espacio en el sofá, etc.

Obviamente esto no son más que reflexiones acerca de lo que sería recomendable en cuanto al uso de las pantallas de niños y niñas de 2 a 12 años  y por supuesto habría muchas más cosas a tener en cuenta. 

Algunas otras recomendaciones realizadas por la Asociación Española de Pediatría y la Policía Nacional son las que se recogen en esta imagen:




Como reflexión final yo acabaría esta entrada con dos frases para invitaros a seguir pensando:


          LAS PANTALLAS NO SON JUGUETES

          ELLOS PIDEN, TÚ DECIDES

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resilienciainfantil@gmail.com