"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

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domingo, 19 de octubre de 2014

III Jornadas Europeas de Resiliencia: un viaje astral al increíble mundo de la esperanza realista

Hoy toca compartir con vosotr@s algunas de las muchas cosas vividas y sentidas en las III Jornada Europea, traumaterapia, apego y resiliencia, organizadas por Exil y CEA(R) que se celebraron los días 13 y 14 de octubre en Barcelona, todo un lujo de ponencias y exposiciones con las que pudimos aprender y comprender, por una parte, el dolor que las experiencias de la vida pueden instalar en las personas producido a su vez por otras personas, pero sobre todo, la esperanza realista de poder encontrar un sentido por la vida, un lugar en el mundo y una reparación que viene igualmente de personas que pueden aliviar el dolor, calmar la angustia, a través de relaciones interpersonales basadas en el respeto y la confianza.

Fue emocionante escuchar a los/las participantes (lamentablemente me perdí alguna de las ponencias y no podré hablaros de ellas), y además con la sensación de que, aunque les hayas escuchado otras veces, siempre hay algo nuevo que te transmiten, de lo que aprender.


Stefan Vanistendael me pareció como el gentleman de la resiliencia, con una exquisita elegancia nos cautivó hablando de la belleza como componente esencial en nuestro trabajo. Y no la belleza que estamos acostumbrados a entender, sino una belleza que tiene que ver con una orientación ética en la vida. La belleza es una manera de ayudar en la expresión de una situación, más allá del utilitarismo que atrofia la vida, es, a partir de la creatividad, descubrir un aspecto de la realidad que no hemos visto antes (el ejemplo que puso fue excepcional: en una unidad de cuidados paliativos un grupo de enfermas dirigido por un modista diseñaron ropa para ellas mismas para estar elegantes, organizando un desfile con modelos desfiguradas por la enfermedad -las personas que los diseñaron- pero con una dignidad tan grande que magnificó el simbolismo del acto y que consiguió que estas mujeres, enfermas pero elegantes, se sintieran bellas por dentro y por fuera). Habló también de la importancia de un humor constructivo que permita ver cosas positivas cuando estemos perdidos en los problemas. Y de la esperanza, de esa esperanza realista que puede ayudarnos a ver las cosas de otro modo, como el ejemplo que puso de un prisionero de los nazis que escribió en una pared de su celda:” creo en el sol, aun cuando no brilla; creo en el amor aun cuando no lo siento; creo en Dios aun cuando calla”. Una belleza de ponencia.

Jorge Barudy nos deleitó una vez más (no te cansas nunca de oírle, aunque puedas haberle escuchado un montón de veces sobre el mismo tema, tiene esa magia y ese conocimiento que solo los grandes tienen por su capacidad humana y profesional). Nos habló de la traumaterapia sistémica como forma coherente de acercamiento al daño. La mente se crea desde la interacción de los procesos neurofisiológicos pero también de las experiencias interpersonales. De la calidad de las relaciones significativas bientratantes emerge la maduración cerebral del bebé. De ahí la importancia de los contextos interpersonales, que son determinantes para conseguir que el cerebro se organice de una forma integrada y sana, permitiendo un desarrollo adecuado. Si el contexto no es bientratante podemos encontrar cerebros organizados por trauma temprano, sobre todo a través de experiencias de violencia en la vida intrauterina (se cree que el feto desde el 6º tiene memoria implícita, memoria emocional, no tiene imagen, no hay una representación, pero si se tiene expresión sensorial). Añado yo la importancia que esto tiene, y cómo muchas veces los razonamientos casi-lógicos que tenemos al pensar que un niño o niña que ha sido adoptado con un año, “no ha sufrido mucho”, cuando lo cierto es que estas memorias traumáticas quedan registradas a nivel sensorial y posteriormente se expresan en forma de comportamientos inadecuados, no con relatos (nadie puede recordar de manera episódica lo que le pasaba cuando tenía un año, pero “la caja negra” se destapa cuando se conecta con esa memoria traumática).

De Anna Forés he de decir que me encantó conocerla personalmente, pues aunque habíamos estado en contacto por email varias veces (vía Facebook también), y había tenido la oportunidad de escucharla en la I Jornada europea de resiliencia, no nos habíamos visto. Es como una fuente de luz y de sonrisas, llena de vitalidad, entusiasmo, y sobre todo cercanía. Hace que te sientas como si la conocieras de toda la vida. Nos sorprendió con su ponencia, desplegando creatividad y belleza como la que hablaba Vanistendael con su ponencia “La resiliencia o la metáfora de las posibilidades con luz de mujer” (es tan generosa que en su blog ha colgado el power de su ponencia, que os aconsejo descubráis en http://annafores.wordpress.com/2014/10/14/la-resiliencia-la-metafora-de-las-posibilidades-con-luz-de-mujer-ayer/, abriendo donde pone Exil mistos)

Nos fue introduciendo en una original presentación a través de la historia  de una antigua caja decorada que contiene diferentes cajas de cerillas decoradas y que empleó a modo de metáfora para presentarnos a mujeres por las que ella siente admiración o como metaforicamente supongo que ella también diría “brillan con luz propia” en el tema de la resiliencia. Particularmente importante la cantidad de libros que nos recomendó y de los que yo he tomado nota. (Agradezco desde aquí públicamente a Anna que me incluyera en su relato de historias recomendando este humilde y aún pequeño blog, que aspira a seguir aprendiendo mucho más sobre resiliencia para compartir y, si es posible, ayudar.Gracias Anna).

Por otra parte, profesionales de la Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat del proyecto INTEGRA que junto con Exil organizaban las jornadas, presentaron los resultados de la investigación-acción de dicho proyecto dedicado a una mejor integración de las víctimas de tortura extremadamente vulnerables, una labor de una humanidad y generosidad enormes.Compartieron con los asistentes un audiovisual sobre el trabajo realizado que fue de lo más emotivo. Aunque para emotivo, el diálogo que mantuvieron algunos de los beneficiarios del programa con los profesionales que desde Exil les han estado acompañando durante mucho tiempo. Tres testimonios de personas supervivientes que lucharon y encontraron en su camino personas que creyeron en ellos y les ayudaron a ser vivientes, a recuperar el sentido y el valor de la vida. Me quedo con cuatro palabras que emergieron en esta participación sobrevolando la sala como si pájaros de libertad se trataran: CONFIANZA, ESPERANZA, PACIENCIA Y AFECTO como pilares básico en el trabajo con personas que han sufrido torturas, pero también para cualquier persona, adulto o niño/a que haya sufrido traumas como consecuencia de la acción de otras personas. 

Y llegamos a mi ponencia favorita, la que compartieron Maryorie Dantagnan y José Luis Gonzalo Marrodán, por quienes siento profunda admiración, quienes explicaron el modelo de trabajo que se desarrolla con los niños y niñas afectados por traumas y que tuve la gran fortuna de conocer de primera mano formándome en Exil. Empezaron con una frase que me encanta: “La psicoterapia es uno de los pilares de la intervención terapéutica que se puede ofrecer a los niños y niñas afectados por traumas. Pero ésta no debería reemplazar el derecho a la protección y a contar como mínimo con un cuidador/a “fiable y estable” que crea en sus recursos”. Frase magistral.

 Explicaron también los diferentes niveles de intervención terapéutica:

1)    Tratamiento de las consecuencias de los traumas como trastornos del apego y del desarrollo infantil
2)   Apoyo a la crianza terapéutica de los cuidadores (madres, padres, acogedores, educadores, referentes)
3)    Colaboración y apoyo  los miembros de la red social afectiva del niño/a: colegio, familia extensa, trabajadores sociales, pediatra, etc.

Nuestro modelo, el modelo que compartimos, se basa en una evaluación comprensiva del niño, que centra el foco de interés en tres grandes áreas: en el niño/a (la ecobiografía de su  funcionamiento y desarrollo, sus recursos y habilidades); en el cuidador/a (aspectos de la competencia parental que necesitan ser revisados, reforzados o modificados, es decir, crianza terepéutica); en el contexto(factores que dificultan, amplifican o mantienen un determinado funcionamiento o impiden su desarrollo).

Particularmente importantes son las palabras de Maryorie cuando refiere que los niños que han sufrido experiencias traumáticas poseen “cerebros que tienen una información que ha impactado tanto a nivel de las representaciones mentales que no hay espacio para nueva información. Un niño afectado por trauma es un niño afectado en su desarrollo y el trauma se va notar en todas las partes de ese niño.” (Añado que en muchas ocasiones se tiende a minimizar el impacto de las experiencias vividas y en el peor de los casos a atribuir al niño/a maldad o que es un/a vago/a que no quiere trabajar, cuando en el fondo no es que le niño no quiera, es que no puede hacerlo).

La capacidad de mentalizar emerge de la capacidad empática de ponerse en el lugar del otro y ofrecer una relación genuina que hace que el niño se sienta sentido. La metodología del modelo decimos que es coherente porque empezamos por establecer apegos terapéuticos, por una relación de confianza, pero sobre todo creyendo en sus potencialidades y recursos. No podemos ver al niño/a exclusivamente desde el daño sino también prestar atención a lo que está preservado, sus fortalezas. El desafío del profesional es ir descubriendo qué técnicas de las muchas que contempla el modelo facilitan la integración horizontal y vertical del cerebro que le permita funcionar de una manera más sana.

Permitidme que para acabar lo haga con otra frase de esta ponencia que me parece que habría que enmarcarla y colgarla en algún lugar a la vista de todos los adultos:

“No siempre las necesidades son evidentes, muchas veces hay que traducirlas, descubrirlas, decodificarlas. No siempre las necesidades corresponden a la edad de los niños.”

P.D. No puedo dejar de contaros que Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan tienen un nuevo libro junto con Emilia Comas y María Vergara que presentaron en las Jornadas y que está ya a la venta: "La inteligencia maternal. Manula para apoyar la crianza bien tratante y promover la resiliencia de padres y madres". Editorial Gedisa.

domingo, 30 de marzo de 2014

Un libro sobre resiliencia: Ping, la rana en busca de una nueva charca


 El viaje de la vida es mucho más que simplemente sobrevivir”.
Esta es una de las preciosas frases del libro Ping, una rana en busca de una nueva charca, escrito por Stuart Avery Gold de la editorial Martínez Roca (2006)
¿Qué por qué os hablo de este libro? Hace unos días, en el grupo Resiliencia (grupo de Facebook muy recomendado si aún no lo conoces y administrado por Pilar Surjo de Bunes, excelente persona y mecenas de la Resiliencia) surgió la propuesta de elegir un libro o película, canción, etc. que hubiera sido importante en nuestro encuentro con la resiliencia. Cabe decir que la invitación se encuadraba dentro del RESITEQUE, un neologismo gracioso que nació en una divertida conversación virtual en el grupo, y que viene a ser algo así como un guateque de resiliencia (este es el mejor ejemplo de cómo unas cuantas mentes con sentido del humor y apasionadas por el paradigma de la resiliencia, van elaborando ideas afines y eliminando las barreras geográficas para encontarse). Bueno, para no desviarme del tema, Pilar sugirió a los miembros del grupo que compartieran la siguiente propuesta:

la idea es que propongamos, algo así como un tutor "cultural" de resiliencia. Algo como una canción, un libro, una película, una afición, una obra de arte, que haya provocado en nosotras/os, aunque haya sido de forma efímera, ese encuentro con una/o misma/o y un renacer psicológico ante la adversidad o trauma.  Como dice Vanistendael, cuando se refiere a la capacidad para descubrir un sentido en la vida como una clave para la resiliencia, la belleza, bajo todas sus formas, bajo todos sus gustos como vínculo con la vida puede contribuir al sentido." La naturaleza, la puesta del sol, la música, la poesía, la pintura...El gusto por la belleza no es una cuestión de élites ...y puede ser vital para los más desposeídos".
Preciosas palabras para una preciosa idea que rápidamente tuvo respuesta de algunas personas que siguen el grupo y que por supuesto me invitó a mí misma a pensar cuál era ese libro que yo recomendaría. Y la respuesta me surgió rápidamente: Ping, la rana en busca de una nueva charca. Cuando leí por primera vez este libro me cautivó. Y eso que entonces no era consciente de que la narración del mismo tiene mucho que ver con la resiliencia, esa palabra que más tarde incorporaría no solo a mi vocabulario sino también a mi profesión, vida personal y aficiones.
 
Os animo de verdad a que leáis la historia de Ping, una rana que vivía en una charca que estaba quedándose poco a poco sin agua y que, a diferencia de otros animales conformistas, decidió buscar el modo de cumplir su sueño, de encontrar un lugar donde poder ser más feliz.

A esta rana a la que le gustaba pegar enormes saltos le faltaba el agua que en otro tiempo tuvo en la charca y no se resignaba, sino que deseaba tener lo que ella llamaba una vida de gracia, para lo cual hay que poseer dos cosas: un fuerte deseo de vivir la mejor vida posible, y la voluntad de vivirla así, todos y cada uno de sus días. Ping tenía ya ambas cosas. Lo que no tenía era agua. Y necesitaba agua para saltar. Por lo que decidió emprender el camino. Hacer frente a la adversidad.

Si tomáis la decisión de leer el libro, veréis que en ese camino Ping encontró alguien que resultó ser significativo para él, un búho que representa las cualidades que posee un tutor de resiliencia. ¿Por qué pienso esto de Búho?. Para que lo entendáis compartiré tan sólo algunas de las citas que se recogen en la obra respecto a la relación de Búho con Ping:
-“Como mentor, Buho era consciente de que su trabajo consistía en proporcionarle no sólo lecciones, sino también infundirle ánimo y enseñarle a ser paciente.”
 
- "Búho le explicó que para experimentar lo asombroso hay que aceptar riesgos. Estos transforman la oportunidad en realidad. De todas maneras, tuvo mucho cuidado en hacerle entender la importancia de ser totalmente consciente de las consecuencias de arriesgarse".
-Decía Búho a Pig: “No rechaces la posibilidad y atesórala, has de entender que los errores se pueden superar, pero la falta de acción encarcela el alma. Recuerda que siempre sentirás más aquello que no has hecho que lo que sí. De nuevo te digo que debes hacer para poder ser”.
-“Haz tuya la filosofía de que errar es uno de los más fantásticos maestros de la naturaleza. Del mismo modo que el agua alimenta a todo sin esfuerzo, equivocarse enriquece, imparte verdad, sabiduría, intuición y conocimiento que te ayudarán a crecer. Considera los errores como aprendizaje, ni más ni menos.”
-"Para controlar tu destino, antes debes controlar tus pensamientos. Lo que piensas y cómo lo piensas determinará tu futuro".

No sigo contando más, prefiero que descubráis vosotros/as la historia que aún hoy después de haberla leído varias veces continúa conmoviéndome. Podríamos decir que este libro y sus enseñanzas serían como el germen que un día, hace muchos, muchos años, acabaría relacionándome con esta bonita palabra llamada RESILIENCIA. Una historia en la que se entremezclan adversidad, esperanza, introspección, iniciativa, confianza en el otro, superación...
Y el que sea un búho el tutor de resiliencia del protagonista coincidiendo con el nuevo diseño del blog puede o no ser coincidencia…

P.D. Hay en internet otra traducción en español del libro original que tiene por título "Ping, una rana en busca de una nueva laguna" y en la que no existe una total concordancia en la traducción con el que se comenta en esta entrada, por lo que , aunque el sentido es el mismo, las frases no lo son.

miércoles, 24 de julio de 2013

Re-descubriendo a Edith Grotberg: los ladrillos de construcción de la resiliencia

A veces conocemos a los autores por determinadas aportaciones, como ocurre con Edith Grotberg con su archiconocido “Yo puedo, yo soy, yo tengo”, pero cuando nos paramos a revisar otras contribuciones suyas nos damos cuenta de lo valioso de su conocimiento para la comprensión de conceptos como el de RESILIENCIA.

No me he equivocado de autor cuando en el título de la entrada hablo de “ladrillos de construcción de la resiliencia”. Vanistendael nos hablaba, a modo de arquitecto social de una estructura en forma de casita en la que podrían distinguirse diferentes pisos y dependencias interconectadas para promover la resiliencia. En esta ocasión quiero compartir con vosotros otro apartado del libro de Edith Henderson Grotberg “La resiliencia en el mundo de hoy” (Editorial Gedisa, 2006) al que ya hice referencia en una entrada anterior.



Un poquito de revisión histórica (si no te apetece o ya te la sabes, pasa al punto siguiente):
 
Antes de transcribir la aportación, contextualizaré a esta autora dentro la  perspectiva histórica de investigadores sobre resiliencia.
Anteriormente a Edith Grothberg, por los años 80, el estudio de la resiliencia se centró principalmente en la cuestión ¿qué características marcan a las personas que prosperarán frente a factores de riesgo o adversidad en oposición a aquellos que sucumben hacia conductas destructivas?. Destaca la investigación de  Emmy Wermer, quien realizó un estudio se buscaba identificar los factores de riesgo y los factores protectores que habían posibilitado la adaptación de un grupo de unos 700 niños que provenían de ambientes desestructurados. Los investigadores de aquel momento partían de la premisa que la resiliencia es aquello que se puede estudiar una vez que la persona ya se ha adaptado, cuando la persona ya tiene una capacidad resiliente, por lo que la investigación se centraba en encontrar el conjunto de factores que habían posibilitado la superación. En otras palabras, sólo se puede etiquetar una persona de resiliente si ya ha habido adaptación.

En una segunda  etapa la investigación se ocupó de descubrir el proceso de obtención de las cualidades de resiliencia identificadas en la anterior etapa. A mediados de los 90 otros investigadores entre los que están Edith Grotberg, añaden el estudio de la dinámica y la interrelación entre los distintos factores de riesgo y de protección. Esta segunda generación entiende la resiliencia  como un proceso que puede ser promovido. Las investigaciones se preocupan más en identificar las dinámicas presentes en el proceso resiliente con el objetivo fundamental de ser replicadas en intervenciones o contextos similares. Esta segunda perspectiva viene a significar que todas las personas podemos ser resilientes. El  desafío es encontrar la manera de promover la resiliencia en cada persona, tanto individualmente como en las familias. La segunda generación, por tanto, rompe los esquemas fijos e inamovibles respecto a los factores que tendrían que ver con la resiliencia.

Actualmente se habla de una tercera generación en el estudio de la resiliencia, que se inicia sobre el año 2000 y que plantea la misma no tanto como capacidad (primera generación), ni solamente como proceso (segunda generación), sino como un verdadero PARADIGMA que trata de identificar cuál es el marco que explica que la respuesta resiliente no es la excepción de la norma, sino la habitual. No basta con decir que la persona es resiliente, ni que está resiliente o que la resiliencia se aprende: los nuevos investigadores afirman que la resiliencia se construye.

 
El re-descubrimiento de Edith

Edith Grothberg vuelve a deleitarnos con sus aportaciones cuando habla de la promoción de la resiliencia en el libro que os he mencionado. A continuación el re-descubrimiento de Grotberg (la negrita y subrayado son míos):
Podemos promover la resiliencia en cualquier etapa de la vida en la que nos encontremos….La tarea de desarrollar la resiliencia dentro de cualquier grupo, cualquiera que sea la edad de sus miembros, se facilita si uno piensa en términos de ladrillos para la construcción del crecimiento y el desarrollo. Esos ladrillos corresponden a las edades y etapas del desarrollo comunes a todas las personas, identifican y delimitan los factores resilientes que pueden promoverse de acuerdo a la edad. Sin embargo, muchos de esos bloques no se encuentran desarrollados debidamente en algunos adultos, quienes necesitarían revisar las etapas evolutivas y descubrir qué es aquello que les está faltando en sus capacidades para enfrentar la adversidad.
 

Edith habla de cinco ladrillos de construcción fundamentales o pilares de la resiliencia: CONFIANZA, AUTONOMÍA, INICIATIVA, APLICACIÓN E IDENTIDAD. Este último es de gran importancia ya que según la autora “todos y cada uno de los factores resilientes pueden desarrollarse en el momento en que la persona llega  a esta etapa, para luego continuar reforzándolo y fortaleciéndolo.”
Señala asimismo que es importante reconocer que algunos de estos factores tienen más relevancia en una etapa de crecimiento y desarrollo que en otra.

 “Un niño pequeño no necesita concentrarse en características como aplicación o identidad, mientras que un niño en edad escolar o un joven sí  lo necesitan…. Sería discutible decir que la edad de un niño,de un joven o de una persona adulta indica aquellos factores resilientes ya desarrollados. A decir verdad, un gran número de jóvenes y adultos no fueron capaces de desarrollar siquiera el primer factor resiliente de la primera etapa de desarrollo: la confianza.

El punto de partida para promover la resiliencia deberá  ser, entonces, ese factor en el cual el niño, el joven o el adulto se encuentren de acuerdo a su etapa de desarrollo. No obstante, será importante determinar, en el caso del joven y del adulto, qué factores resilientes ya se encuentran desarrollados. Por ejemplo, el joven podrá tener la capacidad de resolver problemas académicos pero no podrá hacerlo con problemas interpersonales; la primera requiere de poca confianza en los demás, mientras que la segunda requiere de sentirse muy confiado en los demás. El adulto podrá tratar a los demás con amor, respeto y empatía pero no asume su responsabilidad a la hora de cumplir con plazos de entrega en su trabajo o cuando debería adquirir nuevas capacidades laborales.”

1. Primer ladrillo: La confianza
Los niños y jóvenes presentan algunas dificultades para desarrollar la resiliencia, a menos que cuenten con la ayuda de un adulto. Aunque tampoco aceptan la ayuda de cualquier adulto, sólo la de aquellos en quienes ellos confían, respetan, aman y con los que se sienten unidos de alguna manera. Desde el comienzo, la confianza es la llave para promover la resiliencia y se convierte en la base fundamental para desarrollar otros factores resilientes. Cuando los niños y jóvenes sienten esas relaciones confiables y afectuosas están listos para aceptar límites en sus conductas e imitar modelos (YO TENGO); están listos para ser más agradables,solidarios, optimistas y esperanzados (YO SOY); podrán involucrarse con mayor facilidad en relaciones interpersonales exitosas, resolver conflictos en diferentes ámbitos y pedir ayuda (YO PUEDO). No sólo aprenderán a confiar en los demás sino también en ellos mismos, sabiendo que aquellos en los que tienen depositada su confianza no dejarán que nada malo les ocurra.

Las personas no sólo necesitan aprender a confiar en los demás sino también en sí mismos. Cuando no confían en sí mismos pueden ciertamente volverse dependientes de otros, sintiendo que los demás son mejores que ellos, que saben más y sólo sentirán que están mejor protegidos dependiendo de otros.
Para aquellos que desean promover la resiliencia en niños y jóvenes un punto de partida es el  de construir una relación con ellos basada en la confianza. ¿Es usted una persona en la que se puede confiar? ¿Es usted honesto?¿Es respetuoso de la información que se le confía? ¿Usted los ayudará? Los niños y jóvenes que han sufrido rechazo, que han sido explotados o abusados no confían en los adultos; el hecho de superar esa desconfianza es un desafío para cualquiera que esté dispuesto a ayudarlos.
 
Aquellos que deseen promover la resiliencia en personas adultas, verán rápidamente que estas muestras mayor escepticismo y que su resistencia es más alta y más fuerte a la hora de confiar en los demás. Algo que sí pueden aprender es a elegir unas pocas personas en las que estén dispuestos a experimentar este riesgo que significa confiar en ellos y ver qué sucede. No tienen que compartir detalles muy personales de sus vidas en este punto, pero pueden ir probando a la persona que eligieron y decidir cuándo es el momento para compartir aún más…La alegría y bienestar que producen las relaciones de confianza bien valen la pena el riesgo de vivirlas.”
 
Interesante ¿verdad?.
Continuará en otras entradas en las que se comentarán los otros "ladrillos" de construcción de la resiliencia de Grotberg....

lunes, 6 de mayo de 2013

Los niños del “diente de león” (o de cómo resulta que Winnie the Pooh era un oso resiliente)

No penséis que me ha dado un ataque viral y que ahora me dedico a etiquetar a diestro y siniestro a seres reales e imaginarios como resilientes después de estar dándole muchas vueltas a este tema. Y eso que si se analiza la literatura infantil está repleta de protagonistas resilientes que sobreviven en circunstancias terribles, como la pobre Blancanieves que tenía una madrastra perversa cuya maldad perseguía su muerte; o el pequeño Rey León al que la ambición de un tío paterno le dejó huérfano; o la infeliz Cenicienta que vivía con una madrastra y unas hermanas que la rechazaban y humillaban continuamente…

Lo de que Winnie the Pooh es resiliente ni siquiera lo he inventado yo. Lo dice Stefan Vanistendael autor de la famosa casita de la resiliencia (podéis leer sobre ella en la entrada ¡Manos a la obra…construimos resiliencia!), y uno de los autores de referencia en el tema, en un artículo en la Revista Monitor Educador nº 131 (2009).


Habla Vanistendael en dicho artículo de la metáfora empleada por los noruegos con aquellos niños que pueden desarrollarse bien a pesar de tener dificultades muy grandes en su vida a los que les ponen el nombre de los niños del ‘diente de león’. Esta es una planta muy familiar por encontrarse habitualmente en cualquier jardín y en las praderas de cualquier campo. Aunque su flor central es amarilla, al madurar da lugar al famoso molinillo de viento blanco, que todos hemos soplado alguna vez pidiendo un deseo. Resulta curioso cómo de una planta que puede desarrollarse pese a las circunstancias adversas de su entorno, surge este molinillo tan frágil como hermoso.
 
En este artículo que os comento escrito por Vanistendael no hay párrafo que tenga desperdicio. A continuación transcribo algunos de ellos (lo que no está en cursiva son comentarios míos):
 
"Las bases de la resiliencia se dejan curiosamente explicar muy bien con la ayuda de un héroe de muchos niños, Winnie the Pooh.  Su historia es imaginaria, para niños, pero sin embargo sería válida para los propios adultos.
 
Dejémonos guiar por Winnie por un instante, muy seriamente.  Parece que Winnie es un osezno solitario, sin familia conocida. Así como todo osezno debe tener padres, no sabemos si se ocuparon de él. Podría haber sido educado en una institución. Sabemos también que no es muy brillante. Winnie se plantea regularmente su falta de inteligencia, pero sin considerarse un desgraciado o caer en la depresión. Su gran amigo Christopher Robin lo quiere mucho, pero a veces trata a Winnie con negligencia. No es muy agradable. ¿Qué futuro hay para un pequeño osezno en estas condiciones?
 
Winnie siempre nos sorprende porque parece que le gusta su vida. Acepta los límites de su inteligencia. Le encanta inventar pequeñas canciones. En cada situación se plantea la pregunta: ¿qué puedo hacer? Y si piensa que necesita ayuda va a buscarla entre sus amigos. Es muy atento con otros animales del bosque donde vive y, en caso de equivocarse, a menudo es él quien encontrará una solución. Los expertos pueden preguntarse quién le ayuda a salir de tales situaciones. Está bien rodeado, pese a la ausencia de su familia. Una magnífica descripción del mandala de la resiliencia: iniciativa, introspección, creatividad, capacidad de relacionarse, moralidad, humor, independencia. ¿Qué dirían Wolin & Wolin los creadores de este mandala sobre este Winnie resiliente?

Su amigo Christopher cree en él y le ayuda. Le da tareas, ni demasiado fáciles ni demasiado difíciles, desafíos ni demasiado duros ni demasiado ligeros. A veces Winnie y él deben descubrirlo juntos. Winnie está rodeado de animales que le quieren, cada uno a su manera. A Winnie le gusta participar en proyectos comunes, tiene sus pequeños placeres en la vida, como la miel y la leche condensada. Todo esto se puede concebir prácticamente como un mini tratado de resiliencia. ¿No os recuerda a Grotberg? “Yo tengo…Una o más personas dentro de mi grupo familiar en las que puedo confiar y que me aman sin condicionamientos, es decir, de forma incondicional; una o más personas fuera de mi entorno familiar en las que puedo confiar plenamente; personas que me alientan a ser independiente”… Vínculos afectivos y buen trato por parte de los que son importantes. ¡Miel que alimenta el corazón!
 
Hay muchos niños en dificultades - y también adultos - que nos dicen en cambio que una vida mejor es posible. La cuestión es: ¿qué podemos construir juntos, con el niño, y con su familia? Un niño, como todos nosotros, se crea en encuentros positivos que están en un marco formal y profesional, también en la red de amigos, de vecinos o de la familia. La importancia de la red social. Lo que mis amigos Sagra e Iñigo del Centro de Preservación Familiar llamarían experiencias cristalizadoras. La resiliencia es un concepto intersubjetivo, sólo puede nacer y desarrollarse en la relación con el prójimo...la importancia de los tutores de resiliencia.
 
Y como Winnie, hay un niño en todos nosotros, necesitamos por lo menos a una persona alrededor nuestro que quiera nuestro bien, que verdaderamente crea en nosotros, que nos acepte siempre, aunque hagamos tonterías y no esté de acuerdo con nuestro comportamiento.
 
Como Winnie, cada niño - y cada equipo – necesitará cosas positivas que le aten a la vida:

- proyectos,

- pequeños placeres creados,

- de la belleza,

- de indicaciones y normas,

- responsabilidades según sus posibilidades,

- el contacto con la naturaleza,

- las historias,

-  su propia historia…

Esto es lo que da una sensación de que tu vida tiene sentido. Este principio de sentido en la vida diaria no se debe descuidar. Está bien que este sentimiento esté rodeado de humor y amor, aunque con demasiada atención estos dos conceptos pueden destruir el fin buscado. La importancia de encontrar el sentido, que junto con los recursos internos y los recursos externos forman parte del modelo sináptico Romeu de la resiliencia (¿no, Javier?). Además, amor y humor en su justa medida, como acompañantes en la senda de la vida para encontrar un sentido o una resignificación.
 
Otros elementos que contribuyen a la resiliencia se incorporan sobre esta aceptación fundamental y sobre este descubrimiento de sentido: el aprendizaje de competencias, la estima de uno mismo, la alegría de vivir y el humor.
 
Todo esto no es verdaderamente revolucionario. Todos lo necesitamos, hasta en la vida ‘normal’. Pero ahora también sabemos que lo necesitamos especialmente en las situaciones difíciles. Esto supone que cambiemos nuestra visión sobre los niños, los adultos, la vida, que busquemos con inteligencia, con pasión, con paciencia, los puntos positivos que permiten construir algo por encima de los problemas. A su vez supone que nos neguemos a reducir a un niño a sus problemas. Un niño nunca es un problema. El niño tiene problemas. Separar la persona de la conducta, reconocer su valor, su dignidad. Alejarnos de visiones culpabilizadoras y focalizar la atención abriendo el objetivo, situando al niño en el centro de su entorno como ser capaz y con fortalezas, en lugar de acentuar sus debilidades o puntos débiles.
 
Este punto positivo puede ser pequeño e insignificante a nuestros ojos, pero para el niño puede significar mucho, como la miel para Winnie. En lugar de ver la vida como un taller donde hay que reparar averías y defectos, deberemos aprender a situarnos en la vida como un niño con elementos de una caja de construcción. Con posibilidades, con metas de crear una construcción resistente. Cada mirada de aprobación, cada gesto de cariño, cada palabra de elogio… constituyen el cemento que va uniendo esas piezas de edificación.

Por lo tanto, poco a poco la resiliencia nos invita a articular la esperanza y el realismo, de acuerdo con la hermosa fórmula del profesor alemán Friedrich Loesel. El realismo y la esperanza son la vida. Si falta el realismo, vivimos en peligrosas ilusiones; si falta la esperanza, podemos caer en la trampa del cinismo que ahoga a la vida.
 
El ‘diente de león’ crece en lugares sorprendentes e inesperados. Es como un símbolo de  realismo que se une con la esperanza.”  
 
Como habéis podido comprobar, todo un mini tratado de resiliencia infantil expuesto magistralmente por Vanistendael.
 
 
Y ahora soplemos todos imaginariamente uno de esos remolinos de diente de león y pidamos un deseo compartido: que el compromiso social de todos consiga mantener la ilusión y la esperanza de un mundo sensibilizado con la infancia.

 

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