"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

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Mostrando entradas con la etiqueta tutor de resiliencia. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 12 de octubre de 2016

Resiliencia, la esencia inmarcesible

“Dotar a la vida de un sentido es lo que diferencia existencia y vida, momento o historia, trascendencia u olvido. Es lo que define si eres capitán o barco, veleta o viento. Es, en resumidas cuentas, la respuesta a “qué pinto yo en este alboroto llamado mundo”.

No es que me haya vuelto filósofa en este tiempo en que he estado desconectada de mi blog. Tan solo - y nada más y nada menos- la vida me ha tenido ocupada, siendo veleta y barco, dejándome llevar por unas circunstancias, algunas elegidas y otras no tanto.

En estos meses de retiro ha habido tiempo para todo. Para la alegría compartida que nos invade cuando las personas más importantes de tu vida ven cumplir sus proyectos o simplemente te hacen reir, soñar, disfrutar de su presencia y su existencia. También ha habido pérdidas muy importantes en este tiempo. La más grande ha sido sin duda el perder a mi querida figura de apego en la infancia, referente absoluto, padre incondicional y respetuoso, piedra angular de mis primeros años y fiel estrella que me acompañará siempre.

La vida da para mucho en poco tiempo…Muchas veces he pensado en retomar las entradas de mi blog sin encontrar el cómo ni el cuándo. El estrés laboral lo ha ocupado todo. Digamos que mi faceta bloguera ha estado en barbecho, no ha podido producir en este período (aprovecho para agradecer a los lectores del blog la gran cantidad de visitas que habéis seguido manteniendo pese a no haber actividad).Pero hoy por fin me he decidido a ser de nuevo capitán, a redirigir mis energías administrando de nuevo aquello que me hace sentir bien. Vuelvo a ser viento, a soplar difundiendo aquello que me gusta y por lo que adquirí un compromiso, a hablar de la resiliencia infantil y su promoción.

La vida es un camino de encuentros y hoy, volver a encontrarme a mí misma en el muro de mi estimado amigo y colega José Luis Gonzalo Marrodán ha encendido la chispa de nuevo. Gracias amigo, has logrado re-animarme con tu recuerdo.

Dos cosas quisiera compartir hoy con vosotros. La primera, en un intento de dar sentido y significado a este blog que calienta motores, es la definición de resiliencia infantil.

“La resiliencia infantil, es una capacidad que los niños y los adolescentes pueden desarrollar cuando sus recursos naturales se desarrollan y se potencian gracias a las competencias y habilidades de adultos significativos que satisfacen sus necesidades y les respetan como sujetos de derechos . Así definen mis estimados Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy la resiliencia infantil. Ellos supieron transmitirme el interés y admiración por el tema. Gracias a ellos mi labor como psicóloga de familia e infancia dio un giro muy positivo, ayudándome a mirar con la lupa de los buenos tratos, con la mirada comprensiva y realista hacia quienes cada día se muestran ante mí como personas vulnerables, en ocasiones con etiquetas que tapan historias incontables y que comparten conmigo confiando en que un cambio es posible.

Otra definición de resiliencia en la infancia viene de la mano de Boris Cyrulnik: “La resiliencia del niño se construye en la relación con el otro, mediante una “labor de punto” que teje el vínculo. La comunicación intrauterina, la seguridad afectiva desde los primeros meses de la vida y, más tarde, la interpretación que da el niño a los acontecimientos son otros tantos elementos que favorecen la resiliencia. Preciosa definición que nos habla de ese ir tejiendo afectos, bordar relaciones desde el nacimiento pero también a lo largo de la vida. Y como no, del sentido o interpretación que se da a las experiencias, de las narrativas personales que se convierten en historias reinventadas cuando la resiliencia secundaria aparece, transformando el dolor en algo con lo que se puede vivir, integrando vivencias y organizando emociones.


Finalmente y desde la humildad que deben tener mis palabras al lado de profesionales tan grandes como los anteriores, os comparto la definición que hace tiempo elaboré acerca de la resiliencia infantil:

"Resiliencia infantil es el proceso que hace posible el despliegue de los recursos personales del niño o niña para afrontar adversidades de tipo personal, familiar o social gracias a la presencia (real o sentida) de adultos sensibles que de forma consistente y coherente permanecen atentos a sus necesidades e intereses, ofreciéndoles afecto, escucha, consejos y límites a su conducta, de manera que puedan desarrollar un sentimiento de pertenencia a un grupo donde sentirse amados/as, consciencia de su propio self y de su realidad y la capacidad de poder experimentar vivencias que favorezcan su autoconocimiento y regulación. Todo ello, si se da desde los primeros años hace que puedan desarrollar actitudes y aptitudes inteligentes que les permita adaptarse y superar dificultades y retos mediante el aprendizaje de competencias para la vida a partir del desarrollo de la resiliencia primaria. En caso contrario, siempre queda la esperanza que el niño o niña encuentre en su camino tutores de resiliencia que le ayuden a retomar su proceso de desarrollo gracias a la resiliencia secundaria que surge de la relación intersubjetiva y genuina."  

Otra aportación que quería haceros hoy es una palabra poco conocida, pero muy interesante.

La palabra es INMARCESIBLE.  Me la regaló mi princesa guerrera, una joven resiliente, ejemplo de fortaleza y de transformación. Significa “que no se puede marchitar”, y marchitar a su vez quiere decir "hacer que una persona pierda la belleza, la fuerza y vitalidad". Pensaréis qué tiene que ver con la resiliencia: tampoco se marchita y se acaba nunca la capacidad de los niños y niñas de atravesar adversidades y salir fortalecidos, transformados. Puede que escojan mecanismos de defensa para protegerse de entornos inseguros o amenazantes, y que por ello se muestren agresivos, sumisos, ausentes, complacientes, se inventen amigos imaginarios o cualquier otra forma de poder seguir estando en el mundo.


Inmarcesibles, inmarchitables, resilientes. Solo necesitan adultos que rieguen con afecto sus heridas si han sido dañados. Jardineros atentos y sensibles llamados también tutores de resiliencia. 

Inmarcesible también el recuerdo de los buenos tratos guardados en la memoria implícita desde los primeros momentos y posteriormente, con la aparición del lenguaje, en forma de narrativa, de imágenes, palabras, afectos y emociones que van configurando desde incluso antes de nacer la forma en que nos vamos a relacionar con los demás en las etapas posteriores de la vida. Si se va forjando un apego seguro este recuerdo inmarcesible hará que la persona disponga de las herramientas necesarias para desenvolverse en la vida desarrollando la sociabilidad, el amor a los demás y así mismo.

Resiliencia es entonces la esencia inmarcesible del niño o niña que le invita al crecimiento y transformación, a la esperanza, a confiar en el despliegue de sus capacidades y, en definitiva, a caminar por la vida sabiendo que a su paso encontrará adultos que hagan germinar su semilla.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Encuentros con chispa: tutores de resiliencia

Era una noche estrellada y ahí, desde lo alto de un cometa, el Principito susurraba como en otras ocasiones: “Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya”. Erguido como sólo él sabía hacerlo, miraba hacia abajo intentando vislumbrar el mayor número posible de niños y niñas que necesitaran consuelo, afecto y comprensión. Tenía un firme propósito para este Nuevo Año: un niño, un tutor de resiliencia. Se resistía a creer la idea tan frecuentemente escuchada de que aquel que nace en un entorno hostil o que ha pasado muchas penurias no podrá nunca ser feliz ni llevar una vida organizada. Por eso, desde lo más alto, dirigió el cometa en el que se desplazaba hasta la estrella Resilio haciéndolo chocar contra ella, lanzando así millones de chispas mágicas capaces de unir personas....(posible continuación de El Principito, espero me disculpe el autor, esté donde esté, por la osadía)

No hace falta tener unos enormes ojos para ver ni una gran boca con que hablar para crear relación, tan sólo la mera existencia de dos personas que se encuentran, se perciben y reconocen como tal, se "sienten" e inician un acto de comunicación que hace que mirada y voz se conviertan en mágicas llaves de esperanza

He podido sentir de niña – y a veces de más mayor- la conexión inexplicable con alguna persona con la que, de forma casi imperceptible, comencé a sentirme comprendida, aceptada, valorada. Basta una mirada, o unas pocas palabras que cubran la angustia o preocupación para comenzar la transformación.

En otras ocasiones, no pocas, me he encontrado al otro lado de la orilla. Entre sorprendida y asustada he escuchado muchas veces frases del tipo “aquello que me dijiste me hizo cambiar …”, “un día tú me aconsejaste…”, y quizás yo ni recuerde el día ni las palabras regaladas que tanto bien hicieron.


El poder de los encuentros es inconmensurable. Cuando tenemos como objeto de trabajo la relación de ayuda, no somos realmente conscientes de cuan importantes podemos ser para los otros. Y sin embargo, no es algo que elijamos, que podamos escoger a la carta para quienes vamos a ser referentes. Ha de mediar esa “chispa” capaz de hacer renacer la confianza en quienes la creían perdida, el afecto en quienes pensaban no sentirse dignos de amor, la belleza en terrenos áridos que tan solo estaban en barbecho esperando ser sembrados. Es posible sembrar esperanza, semilla de resiliencia.

No debemos olvidar que un buen campesino no lo es tanto si no dispone de herramientas apropiadas para labrar allí donde el desierto afectivo congeló la emoción, las inclemencias del tiempo dañaron la autoestima y los roedores dañinos rompieron raíces. Hace falta una mirada de aprecio para poder ver más allá del campo árido y visualizar un futuro esperanzador.

Una chispa es suficiente para encender el inicio de una relación que no necesariamente ha de ser terapéutica, tal vez incluso sea una relación puntual, un encuentro único que despierta en el otro una ilusión, un cambio, una meta. O puede ser un acompañamiento incondicional donde la aceptación y el respeto mutuo definen las reglas. Tal vez el verbo To be con su variabilidad de acepciones describa de la mejor forma lo que supone ser tutor de resiliencia: ser y estar al mismo tiempo. Ser auténtico estando disponible, permaneciendo. Valemos más por cómo somos que por lo que sabemos, pero sobre todo por lo que sentimos y hacemos sentir al otro. Las 3 "S": ser, saber, sentir. Todas ellas necesarias y presentes en los encuentros significativos.

Para aquel que dude del valor de estos encuentros según las investigaciones se sabe que las experiencias relacionales, las relaciones interpersonales, modelan la organización de las neuronas y por tanto la arquitectura cerebral. Dice Jorge Barudy (2010) que la mente infantil y luego la adulta emergen de la actividad cerebral, cuya estructura y función se encuentran modeladas por las relaciones interpersonales. La vida de las personas, incluso los patrones de apego, se van modificando en función de los encuentros interpersonales que se van teniendo.

De ahí la importancia que cobran las relaciones que se establecen con tutores de resiliencia. La revinculación afectiva con adultos que se convierten en importantes y confiables pueden suponer el inicio de un proceso de resiliencia. Un acompañamiento singular.

Acompañar es una preciosa palabra unida a la de tutor de resiliencia. En ese acompañamiento, si se establece un vínculo capaz de ofrecer seguridad y confianza, la relación puede tener un triple componente:
a) minimizador de riesgos
b) generador de aprendizajes para la vida 
c) transformador de patrones relacionales y conductuales

Y seguimos encontrando en nuestras vidas a lo largo del tiempo personas que se convierten en parte de nuestros gustos, aficiones, intereses y afectos. La vida ha puesto en mi camino muchas personas con las que me siento bien y me hacen sentir bien. Algunos forman parte de esos encuentros fabulosos que hacen posible reinventar una y otra vez la ilusión cuando las fuerzas flaquean, o consiguen despertar sonrisas que calman penas. Otras veces soy yo quien forma parte de la vida de las personas siendo una especie de faro en la tormenta, un atento silencio que escucha lamentos o simplemente alguien confiable. Muchas veces me asombra la rapidez con la que los niños y niñas comienzan a hablarme de sus preocupaciones como si nos conociéramos de siempre. Supongo que la chispa es más fácil encenderse en contextos seguros, con personas que transmiten seguridad. 

Si ayudamos, como decía nuestro particular Principito, a cada niño o niña a encontrar su estrella, a hacer brillar sus potencialidades, a creer en sí mismos mirando adelante por mucho que el pasado se empeñe en echarles la zancadilla, quizás, sólo quizás, podamos ser para ellos tutores de resiliencia. Y si no es así, al menos habrán merecido la pena nuestros esfuerzos.

Y hoy, en este día de Fin de Año, queremos celebrar conjuntamente que existen personas adultas capaces de brindar apoyo y afecto a niños y niñas con dificultad para vincularse. 

Quiero dar las gracias a José Luís Gonzalo Marrodán del blog Buenos tratos, a Sagrario Martín García e Iñigo Martínez de Mandojana Valle del blog Dando Vueltas y a Tatiana Cáseda Fernández e Iván Rodríguez Ibarra, compañeros y amigos todos ellos de esta “causa por los buenos tratos y las buenas prácticas” ya que me han brindado la oportunidad de participar en la elaboración de un documento muy valioso que surge tras la celebración de las II Conversaciones de apego y resiliencia infantil, celebradas el pasado mes de noviembre en Donosti bajo la dirección de José Luis y a las que no pude asistir (muy a mi pesar). 

Una muestra más de que para estar no es imprescindible la presencia física, de que la unión por algo que compartimos y en lo que creemos consigue sumar esfuerzos e intenciones como la publicación simultánea que en este día está teniendo lugar. Tres blogs hermanos que quieren lanzar un mensaje de esperanza al unísono recogido en un único documento que podéis encontrar en los blogs amigos de Buenos tratos y Dando Vueltas sobre vueltas o en el enlace https://goo.gl/ASjD5T (también pinchando en esta portada). Con ilusión, alegría y emoción queremos hacer llegar la voz de todos los que apostamos por los buenos tratos, de los niños, niñas y adolescentes que tienen brillantes sueños por cumplir pese a pasados oscuros, y de tantas y tantos tutores/as de resiliencia que con su labor van tejiendo afectos, recursos y metas. Todos iguales, todos diferentes, capaces de hacer surgir la magia al son de Bibidi Babidi Bu.


Para los que habéis llegado hasta el final, acabaremos el post de la misma forma que lo empezamos: 

Y allí, en la estrella fugaz desde donde viaja ahora el Principito, es posible divisar miles de chispas que en el Planeta Tierra unen personas de manera continuada. Nadie sabe de donde surgieron. Algunos miran para arriba pensando que algún meteorito hizo de las suyas encendiendo este fuego inocuo que cae en forma de lluvia. Otros piensan que un volcán dormido despertó lanzando lava y que los vientos del norte transportan a diferentes partes del mundo. Lo que sólo el Principito sabe es que esa chispa entre dos estuvo siempre en el interior de las personas y sólo el encuentro cara a cara posibilitó que salieran hacia afuera. Bastó una mirada, un gesto, una palabra, para que surgiera. Un encuentro con chispa que despertó las brasas de nuestra condición humana, nacidos para dar y recibir afecto, para ser seres sociales, para vincularse una y otra vez. En algún lugar del Planeta existe un tutor de resiliencia (o más de uno) para cada niño o niña, referentes de vida, y allí, desde lo alto, el Principito esboza una feliz sonrisa cuando al mirar hacia abajo descubre millones de chispas luminosas formando un bonito circuito de esperanza y oportunidades.

¡FELIZ 2016!


martes, 1 de diciembre de 2015

Los hijos bambú

Después de un tiempo en el que no me ha sido posible dedicarme a mi blog, retomo con ilusión y ganas la tarea de escribir, y esta vez para hablar de los hijos bambú.

Te preguntarás ¿Qué es eso de los hijos bambú?. Piensa un poco antes de seguir. ¿Qué sabes de esa planta? ¿Será que por su dureza me refiero a niños y niñas poco empáticos? ¿Quizás que son inaccesibles por su dificultad para llegar a lo alto de su caña?

Voy a hablaros de un niño bambú: José es un adolescente de 14 años con pinta de chico malo por su apariencia exterior. No va al instituto muchos días, no recoge su cuarto y a regañadientes ayuda algo en casa no sin antes hacer enfadar a sus padres. No parece tener ilusión por nada que no sea salir con sus amigos y fumar de vez en cuando algún porro. Contesta, se rebela a las normas de casa, a veces golpea la puerta e insulta a su padre.  ¿Hijo tirano, te preguntarás?

No, no es un hijo tirano, sino un hijo de la violencia. O mejor dicho, un chico que lleva años soportando la tiranía (esa sí) de su padre. Años viendo y recibiendo golpes físicos y emocionales. Al principio, de más pequeño, no podía hacer nada, se sentía impotente. Cuando creció descubrió que podía medirse con su padre, pero no sólo para defenderse él sino también para proteger a su madre. Daría su vida para que ella fuera feliz, para que sonriera a toda hora, para que pudiera comer cada día tranquila sin pensar de forma agitada cual será la discusión siguiente. Adora a su madre pero al mismo tiempo se encuentra enfadado con ella porque no hace nada para parar al monstruo.

El bambú japonés, dice un cuento zen, durante los primeros siete años parece no desarrollarse, como si la semilla plantada no diera sus frutos. Sin embargo, el séptimo año, en solo seis semanas crece ¡hasta 30 metros!. ¿Qué hizo crecer la semilla de nuestro chico bambú? ¿El odio a su padre o el amor a su madre? ¿Fue un crecimiento hacia fuera anteriormente contenido y ahora guiado por el rencor o creció internamente hasta ser lo suficientemente fuerte por dentro para sostener su historia?

Quizás lo más fácil es decir que la rabia le hace ser ahora violento y agresivo, que por modelado imita a su padre. Otros, los más ingenuos pueden pensar que es un adolescente poco considerado con su progenitor que se desvive por traer el dinero para comer cada día. Que su actitud pasiva ante la vida, su falta de responsabilidad, su desorden le hagan ganar la etiqueta de adolescente conflictivo.

Si le conocieras bien no podrías decir lo mismo. José es un chico sensible al que la vida, su vida, le endureció hasta crear una capa exterior que le hace menos vulnerable. Siete años sufriendo y padeciendo la violencia pueden hacer que se acumule mucha rabia, pero verle rodar lágrimas por sus mejillas mientras reconoce que pierde el control cuando su padre le pega o le amenaza, que se defiende como puede porque no va a permitir que toque una sola vez más a su madre, a la que cuando se levanta cada día le da un beso de buenos días, que la mira con admiración y afecto cada vez que habla…¿responde a la descripción de un hijo tirano tal como su padre y otras muchas personas le ven?

El bambú japonés durante los siete años que tarda en dejarse ver desarrolla un complejo sistema de raíces, fruto del goteo continuado del agua que su cuidador/a le proporciona. Esta madre, afectiva y atenta, con una capacidad parental mínima y una incapacidad de defensa máxima, ha ido regando día a día la personalidad de José, dotándole de un afecto y un reconocimiento que en no pocas le resultó caro ante la violencia y falta de empatía del monstruo. Su confianza en José, su apoyo incondicional, su aceptación como persona aunque no acepte muchas de sus conductas, han creado esa red de raíces internas que ayudan al chico a erguirse fuerte para defender y defenderse, para proteger y protegerse.

A veces al pensar en él alguna vez he pensado en la historia de Tim Guénard quien creció durante años obsesionado con la idea de matar a su padre por los malos tratos recibidos. Pero en el caso de José no fue igual, hubo un adulto, su madre, con quien logró vincularse y generar un apego seguro. Ella le defendía siempre (incluso cuando en ocasiones no tenía la razón), se ponía entremedias, les separaba en los conflictos. La mirada de aprecio no se nublaba ni en los peores momentos en los que el chico se descontrolaba. Su sensibilidad, su permanencia, su disponibilidad son los lazos entretejidos de las raíces de José

Le faltó siempre valentía para dejar atrás al violento y sus agresiones, ahora ya más maquilladas por la intervención del chico en escena. Ni siquiera en la última crisis familiar en la que se destaparon mucho más de cara al exterior los problemas conyugales, la disfuncionalidad en la pareja (¿se puede ser violento y funcional?) e incluso la intervención policial, hicieron que la mujer se armara de valentía. Confía en que su hijo bambú logrará un camino distinto, saldrá de esta violencia porque tiene dones muy preciados como la afectividad, el sentido del humor, su fortaleza. Ella no tuvo la fortuna de ser una hija bambú, la educaron para servir, para no protestar, en un ambiente de conflicto y negligencia. Pero en algún momento de su vida logró plantar la semilla de bambú y cambiar su historia por otra más esperanzadora. La esperanza me hace a mí pensar que podrá convertirse algún día en alguna de esas plantas que el viento arranca del desierto y pueda rodar a otro lugar mejor.

Algunos niños y niñas víctimas y testigos de la violencia son niños bambú, no todos. Los golpes fragmentan su capacidad resiliente, en ocasiones partiendo su tallo justo cuando comienzan a crecer deteniendo así su desarrollo, y en el peor de los casos, impidiendo que crezcan fuertes raíces sobre las que sostenerse mientras se apoyan en tutores de resiliencia. No todos tienen la fortaleza necesaria para pedir ayuda ni adultos que les protejan. Necesitamos jardineros sociales encargados de brindar afecto, apoyo y seguridad. Es cosa de tod@s.

sábado, 22 de agosto de 2015

Dos mamás, dos estrellas

Dedicado a todos los niños y niñas adoptados…y sus dos mamás:

Dicen los aldeanos del lugar que si miras al cielo en los noches de tormenta es posible ver llorar a las estrellas. Lloran de pena, afligidas por el dolor de unas madres que no pueden ver cumplidos sus sueños, porque añoran sus quimeras tanto tiempo pensadas. Algunas de esas madres lamentan sus sueños rotos de no poder engendrar un hijo; otras, que lo engendraron, lloran y lloran porque no pueden tenerlo con ellas, porque no sabían o podían cuidarle. 

Sus lágrimas amargas, simbióticamente reflejadas en esas estrellas confidentes, se funden en un profundo pesar del que, sin saberlo, al unirse, se van formando estalactitas de amor, largos haces de afecto que juntan cielos y tierra, creando un manto brillante que les lleva a ambas mujeres hasta un hijo o hija compartido. Unas les dieron la vida, otras les procurarán cuidados y amor. Miles y miles de estalactitas de amor, tantas como adopciones hay, repoblan el espacio entre cielo y tierra. 

Las estrellas saben muy bien que su llanto hace posible que ambas madres compartan un lazo que les va a unir para siempre desde ese momento. La biológica, al otro lado del firmamento, imperceptible a la vista, emite en la distancia una pequeña luz que permite saberla existente siempre allí desde donde se encuentre su pequeño. La otra estrella, la que le cuida y educa, se transforma cada día al amanecer en una importante estrella, el sol radiante, que calienta, guía y da luz. Con sus rayitos solares hace cosquillas al pequeño para hacerle reír. Otras veces le acuna cuando está triste o enfadado sin saber por qué, esperando pacientemente que se calme. 

Dicen también los aldeanos que en las noches claras de luna, muchos niños y niñas adoptados dejan volar sus sueños, unas veces despiertos y otras tantas dormidos, agarraditos a su burbuja materna con forma de corazón sin soltarse, hasta llegar al filo de la luna menguante desde donde pueden sentir más cerca la luz que sus dos mamás transmiten. Desde allí, sentados mirando al frente, es posible verles imaginando cómo será su estrella lejana, fantaseando y pensando en momentos bonitos vividos con ella, incluso enojándose por no poder tenerla un poco más cerca. ¡Cuánto darían por tener juntas a sus dos mamás!. 

Su estrella cercana, la que le cuida y le quiere, para consolarle le manda una estrella fugaz donde depositar sus buenos deseos, sus logros, sus preocupaciones, y poder así hacérselos llegar a su otra mamá, al tiempo que le tiende su mano suspirando en silencio para no delatar a su corazón. Dolor y alegría se entremezclan. La esperanza cumplida tiene un precio caro muchas veces difícil de soportar.

Y al amanecer, alejándose poco a poco la noche, dicen los aldeanos que gotas del rocío, tantas como adopciones hay, aparecen cada día en los árboles del bosque simbolizando la unión entre dos madres que hizo posible que cada niño y niña tuviera una familia donde crecer feliz." 

Conchi Martínez Vázquez.


El tema de los orígenes y especialmente lo relativo a la madre biológica de los niños y niñas adoptados es sin duda una de las grandes cuestiones para grandes y pequeños, no sólo por lo que supone en tanto que asimilación e integración de la propia historia, sino además por los sentimientos contrarios asociados. No deber ser fácil ni para unos ni para otros gestionar y entender emociones que surgen de manera espontánea.

Legitimar, normalizar, aceptar es el mejor calmante.

Y para ello se necesitan herramientas, formas de acercarse al tema sin que duela, pero tampoco de manera banal. Acompañando al niño o la niña en sus propios pensamientos, fantasías y temores, sin dejarle solo en ese maremágnum de sentimientos basados en fragmentos de historia que hay que ayudarles a ensartar y darle forma. Los cuentos, en este sentido, tienen un verdadero poder sanador, terapéutico que ayuda a entender y a explicar. Y uno de los que trata este tema dirigido a niños y niñas y del cual quisiera no solo hablaros sino recomendaros, es el cuento ¿Yo tengo dos mamás? de la Editorial Círculo Rojo.

Ese es el título del precioso cuento que desde el corazón Mercedes Moya escribió pensando en su hijo y que junto a las ilustraciones de Mª José Sánchez Megía, otra mamá adoptiva, han dado forma a una útil herramienta que recoge de manera clara, cercana y emotiva una historia que ayuda a integrar a la madre biológica en la vida de los niños y niñas adoptados. Podéis ver el trailer del cuento en el siguiente video:



Mercedes Moya es, además de una excelente persona, la administradora de una web muy interesante, Adopción Punto de Encuentro, que recoge multitud de recursos y experiencias sobre el tema de la adopción, un lugar virtual que no puede faltar en vuestros paseos por la red si os interesa el tema. Admiro mucho su labor y la de otras personas que trabajan de manera altruista para apoyar y ayudar con sus conocimientos a las familias adoptivas. Desde aquí mi admiración a las mismas y mi reconocimiento más sincero. 


martes, 21 de abril de 2015

Relación (de) con-fianza

Hoy he recibido una visita muy agradable en el trabajo. Un adolescente y su madre, después de mucho tiempo sin saber de ellos -más allá de tener conocimiento por parte de un conocido común de que habían vuelto a venir a vivir al municipio del que se marcharon-han venido a verme. 

Pudiera parecer que las relaciones profesionales han de ser asépticas por definición, distantes o al menos, poco afectivas. ¡Cuanto me hubiera gustado que vierais los abrazos intercambiados y las miradas sonrientes por ambas partes que nos hemos regalado!

Trabajar en un servicio que actúa dentro del sistema de protección de menores te da por definición una etiqueta de servicio de riesgo, es decir, trabajamos sobre el riesgo de los menores pero somos a su vez un riesgo, una amenaza para ellos. Nos convertimos en profesionales a los que es fácil temer y en los que es difícil confiar a veces.

Esta familia que me ha visitado ha tenido una vida muy dura, de las duras de verdad, esas que decimos que la realidad supera la ficción. En su momento se propuso una medida de protección para este adolescente porque se valoró como lo más adecuado..eso pensábamos todos, menos él. La relación entre este hijo y su madre desprende un enorme rastro de afecto, comprensión y buen trato mutuo. Las circunstancias les unieron más allá del cordón umbilical, en la infancia, en la adolescencia temprana, y por supuesto ahora que él está a punto de cumplir la mayoría de edad. Simplemente "se tienen" el uno al otro

Cuando se propuso que este joven saliera de su núcleo familiar y fuera a un centro la familia optó por una dura decisión que el tiempo parece haber demostrado que quizás fuera necesaria, para poner a prueba ese "tenerse" mutuo. Se marcharon a su país de origen pensando que el apoyo de la familia de la que aquí carecían podría ser un refugio afectivo y económico. Pero no fue así y volvieron hace ya algunos meses. Me decían un poco avergonzados que querían haber venido antes, que se sentían ingratos hacia el trato recibido por mi parte y en general por el servicio. Y ahora se sentían mejor porque ya estaban ante mí. Precioso ¿verdad?

Su objetivo solo era verme. Así, sin más. Y nada menos, eso, verme para contarme que estaban bien. La madre me preguntó varias veces si me daba cuenta lo que su hijo había cambiado ¿Cómo hacerlo si solo sabía de ellos lo que me estaban contando? ¡Si además aún necesitan de un gran soplo de suerte y un montón de esfuerzo para conseguir una mínima estabilidad económica y laboral! Ciertamente estaba cambiado pero seguía siendo el mismo. La misma actitud de alegría, el sentimiento de cohesión familiar (varios gestos de afecto y palabras bonitas cruzó con su madre), metas como querer conseguir el Graduado en Secundaria en la Escuela de Adultos, la aceptación incondicional de su amigo de siempre, la confianza que desprendían sus palabras y miradas. 

Con-fianza, es decir, con aval, con garantía, es la relación que pudimos generar mientras trabajamos juntos. Decían esta mañana que yo siempre les había mirado bien, que encontraban en mí ayuda. El aval, la fianza que se paga en una relación profesional es como en otros contextos, un anticipo en este caso de estima, de creer en el otro. No paro de decir allá donde voy que no existen los niños malos, que todos son buenas personas aunque su conducta sea inadecuada. Y no es que yo me considere Teresa de Calcuta e intente moralizar o ponerme medallitas.

Este joven apreció que en nuestra relación, con-fianza desde el primer momento. Podrían darse todo tipo de circunstancias, incluido cuando yo misma le explicaba hace tiempo que lo mejor era que se fuera a un centro de menores, sin que con ello mermara su confianza en mí. Fue un bonito trabajo, respetuoso desde ambas partes, difícil en ocasiones, con emociones y emocionante.

Si dijeran de los casos que he trabajado que nombrara alguno en el que yo pienso que he podido ser tutora de resiliencia, sin duda -y a pesar de que los tutores no se autodesignan, sino que son elegidos por el otro-,  diría que en este es uno de ellos.

Los prejuicios nos nublan, las fianzas de estima previa son un riesgo necesario. La confianza no surge de la nada, se va gestando con puntadas de afecto, límites, sinceridad y esperanza. Merece la pena (aunque no siempre pueda darse).

viernes, 6 de febrero de 2015

Resistir, rehacerse, resiliar...La estrella que cayó al mar

Retomando nuevamente el pulso a escribir entradas que vayan haciendo de este pequeño blog un lugar donde asomarse y descubrir cuestiones de diverso interés, me decidía a llamar de nuevo a las musas para que me inspiraran pero..¡no!...de repente, curioseando yo mi misma en "mis papeles virtuales"... he redescubierto una entrada que compartí en el blog de mi amigo y colega Javier Romeu (al que vuelvo a agradecer que me animara a tener mi propio espacio bloguero y si aún no conoces el suyo te aconsejo que lo hagas en Diseñando pasados, recordando futuros, https://disparefuturo.wordpress.com/) y que me ha hecho pararme en ella para rescatarla, o quizás para extenderla aún más.

Es una entrada especial, tanto por el contenido como por la niña en la que me inspiré, ya que en estos momentos la vida se ha empeñado en ponerle alguna que otra piedra de más en su ya accidentado camino. Quizás por la tristeza que me causa la situación de ahora, pero al mismo tiempo por la esperanza en la que confío, el mensaje de esta entrada le llegue de algún modo y pueda recobrar la estabilidad y la aceptación que tanto necesita. De los otros y de ella misma.Un lugar en el mundo, su lugar en el mundo. 

La entrada, que la escribí hace más de un año y que hoy comparto aquí se titula "LA ESTRELLA QUE CAYÓ AL MAR":


Siempre me han fascinado las estrellas de mar. La forma con la que se nos muestran se asemeja a sus homólogos astros, pero tras su aparente frágil aspecto, gran cantidad de espinas pueden cubrir su cuerpo para protegerse de depredadores. Alrededor de esas espinas tienen unas pequeñas pinzas que utilizan para mantener limpia la piel de algas u otros restos que intentan adherirse a ella.

Pero sin duda alguna, lo que más me sorprende de este increíble animal es su capacidad de regeneración cuando se ha escindido por causa de un agente externo como un golpe o una agresión. A partir de un solo brazo, es capaz de regenerase y con ello volver a estar completa. Podría decirse, en términos de resiliencia – nunca mejor dicho- aquello de Michael Manciaux de “resistir y rehacerse”…

Empleando el pensamiento mágico de los niños, podríamos pensar que las estrellas de mar quizás fueran en otro tiempo estrellas del firmamento que han caído al océano porque no se dieron las circunstancias para que allí permanecieran. Una atmósfera irrespirable donde la violencia celestial mermara el oxígeno necesario para sobre-vivir, un asfixiante calor intrusivo que las incapacitara para desarrollarse como astro único, un posicionamiento inadecuado en un lugar donde no podían brillar con luz propia porque dedicaban todos sus esfuerzos a buscar la luz de las estrellas grandes sin éxito … les hicieron ir a parar a otro lugar, a otro mundo, a otro espacio.

Un astro rey Sol o una brillante Luna, no pudieron, no supieron o quizás no quisieron que formara parte de ese firmamento en el que surgió. Algo muy parecido a lo que ocurre con niños y niñas acogidos o adoptados. Si las estrellas de mar tuvieran que encontrar su otro yo en el mundo humano, lo encontrarían en este enorme puñado de pequeños que, como ellas, desarrollaron espinas para protegerse, pinzas para limpiar las heridas del alma y fuerza arrolladora para seguir adelante, para regenerarse aunque el trauma provocado por su historia de vida haya roto alguna de sus partes. Gracias al poder sanador de los elementos del nuevo medio podrán sanar y restablecer nuevos vínculos, minimizar sus mecanismos de defensa como la huida y el ataque, porque ya no será necesario, y así, brillar con luz propia. Aunque por un tiempo se sentirán desterradas hasta que puedan adaptarse y encontrar su sitio.

Conozco muchas estrellas de mar. María fue adoptada cuando tenía cinco años, después de pasar la mitad de su vida institucionalizada en un orfanato de otro país. Relata cómo sufría cada vez que venían los domingos nuevos papás a elegir un niño o niña. Mostraba su mejor sonrisa, hacía gala de sus encantos, pero una y otra vez se frustraban sus esfuerzos porque siempre ganaba alguno de sus competidores de amor.Sin embargo llegó el gran día y encontró lo que necesitaba, una familia que le diera el afecto y los medios para sanar sus heridas producidas por el abandono y malos tratos a los que estuvo expuesta. Cuando llegó a su nuevo “océano” no fue fácil. 


Al igual que la estrella de mar, la niña necesitaba protegerse de un medio percibido como hostil, del desconocimiento de costumbres, formas de relación, normas y límites que no formaban parte de su repertorio. A la pérdida de su figura de apego se le sumaba entonces la segunda ruptura del que se había convertido su hogar en los últimos años. Tardó tiempo en poder comprobar que este océano nuevo tenía ciertamente algunos peligros reales y otros que eran sombras del pasado, que además de depredadores podía encontrar a su alrededor un colorido espectacular que podía despertar en ella emociones positivas. 

También descubrió que existen cuevas marinas que sirven de refugio donde sentirse segura y protegida. Como una red en el amplio sentido del término que le permite sostenerse, encontrar el equilibrio, agarrarse a tierra firme. Además de sus padres adoptivos, su profesora de mates, la monitora del comedor, la psicóloga, la mamá de su amiga Clara, etc. todo un ejército de tutores de resiliencia van a ayudarle a regenerar sus partes dañadas. María tiene hoy 10 años y brilla cada vez más con luz propia.

Hay una historia por la cual tengo predilección y en la que pienso muchas veces ante situaciones que tienen que ver con la falta de sensibilidad de algunos adultos ante determinadas conductas de un niño quien, debido a las consecuencias de haber vivido situaciones de violencia de manera directa o vicariamente, abandono, situaciones de estrés extremo o cualquier otro ataque a su persona, presenta un comportamiento agitado, agresivo, poco empático. Ante esto muchas veces desde el contexto familiar y/o escolar se le atribuye maldad en sus actos sin pararse a pensar que, además de ser imprescindible separar la persona de la conducta –todos necesitamos una aceptación incondicional de la persona aunque la conducta sea inadecuada-, es necesario comprender que para poder regenerarse necesita que haya elementos en su entorno que le ayuden a cerrar su herida, que no es un monstruo marino, sino una estrella de mar dañada a la que escuece su herida y sólo la sal del afecto, la comprensión, los límites y la aceptación pueden curar. 

Ahí va la historia:
Cierto día, caminando por la playa, reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba a la mar. Hacía lo mismo una y otra vez.Tan pronto como me aproximé, me di cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena, y una a una, las arrojaba de nuevo al mar.

Intrigada, le pregunté sobre lo que estaba haciendo, y me respondió: -Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano. Como ves, la marea baja y estas estrellas han quedado en la orilla. Si no las arrojo al mar, morirán aquí por falta de oxígeno.

-Entiendo -le dije-, pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa. No puedes lanzarlas a todas. Son demasiadas y quizás no te des cuenta de que esto sucede seguramente en cientos de playas a lo largo de la costa. ¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?

El hombre sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina, y mientras la lanzaba al mar, me respondió:-Para ésta sí lo tuvo.”

Encontraré en mi camino muchas estrellas de mar y, aunque no podré lanzarlas todas al océano, confiaré en que cada vez que me agache para coger una, habré contribuido un poco a que su luz destelle hilos de esperanza y algún día brille con fuerza, seguramente la suficiente como para que no deje que caigan del firmamento más estrellas al mar.

domingo, 11 de enero de 2015

"Resiliencia rima con...." ¿Qué es para tí la resiliencia infantil?. Jugando con las palabras

Feliz Año Nuevo a tod@s. Retomamos las entradas de este blog con ilusión y sobre todo con agradecimiento a todos y todas los que seguís leyéndolo. El número de visitas desde que nació hace un año y diez meses no ha parado de crecer desde entonces y eso supone para mí, por una parte una gran alegría, pero por otra una enorme responsabilidad (¡esto de las expectativas de los demás sobre una misma genera cierta inquietud!).

Por eso, para empezar este año, quisiera comenzar de un modo más informal, al estilo de como cuando acabamos el año con la entrada anterior con el acróstico con el que nuestro amigo José Luis Gonzalo me retó, mientras voy pensando cuáles serán las siguientes entradas del blog. Para ello propongo empezar el año con una especie de juego con el que intentar definir la resiliencia infantil desde una visión particular y entretenida, pero no por ello exenta de la seriedad y el compromiso que merece el concepto: RESILIENCIA RIMA CON…

¿Sabrías decir con qué rima resiliencia?.

Dice Boris Cyrulnik que existen tres fuerzas que nos permiten resistir y reconstruirnos, o lo que es lo mismo que permiten que se dé la resiliencia:
-El primer factor es la adquisición de recursos internos.
-El segundo factor es la significación que se le atribuye a los hechos.
-Y el tercer factor, es la disposición de recursos externos.

Yo voy a ser osada una vez más, e intentando clasificar diferentes conceptos -que en mi opinión tienen que ver con la resiliencia y su promoción- con los tres factores que propone Cyrulnik, voy a definir la resiliencia infantil sirviéndome de esta especie de juego de combinación de palabras que riman. A fin de cuentas, rimar no es más que ir en consonancia, ser semejantes dos partes. Y es que la resiliencia es a su vez la conjunción, la interacción, la promoción de una serie de factores en los que los recursos de la persona junto con los recursos externos que provienen de adultos sensibles y significativos, y el sentido o significado que se le otorga a los eventos adversos o estresantes, realizan un baile acompasado al ritmo de la melodía que marca el curso de la vida de cada uno/a.

Vamos allá con el juego de rimas:

  •  Adquisición de Recursos internos:Las capacidades innatas y adquiridas

RESILIENCIA RIMA CON…

…INTELIGENCIA: La capacidad de adaptación a los contextos, que favorece el aprendizaje, razonar, planificar, identificar y conquistar metas. Yo tenía un profesor que decía que inteligente no era aquel que más sabía, sino el que sabía estar en todos los sitios. Consigamos niños y niñas inteligentes y tendremos niños y niñas resilientes. Lo complicado es cómo desarrollar la inteligencia que sirve “de verdad”, dejando a un lado la memorización y el encorsetamiento que supone el sistema educativo actual ante niños y niñas que, siendo potencialmente muy inteligentes, se convierten en fracasados en entornos escolares.

…COMPETENCIA: Es el brazo articulado de la inteligencia. Ser competente es ser capaz, es poder hacer porque se dispone de las estrategias o habilidades para realizar lo que uno/a se proponga. Un niño o una niña competente sabe discriminar a la hora de aplicar soluciones (no es lo mismo defenderse ante un compañero de colegio de una crítica que ante un tutor, se requiere un despliegue de habilidades, de competencias resilientes diferenciadas aunque sea con la misma base).

   …SUPERVIVENCIA: Vivir no es sobrevivir. Vivir es disfrutar, ilusionarse, mientras que sobrevivir implica seguir adelante ante un sufrimiento sacando fuerzas para no desvanecer. Muchas veces los niños y niñas sobreviven en entornos hostiles desarrollando mecanismos de protección que enmascaran la realidad. No son niños o niñas maleducados, ni tiranos, ni agresivos...sólo se defienden sobreviviendo, porque no eligen donde y con quien viven. Pero sobrevivir no es sólo sacar la cabeza por encima del agua, es aprender a saltar olas altas y bucear en el fondo.



  • Significación o sentido: La construcción de la historia de uno/a mismo/a

RESILIENCIA RIMA CON…

…VIVENCIA: Las vivencias otorgan significados cuando entran en contacto con la memoria emocional del niño o la niña, de cómo le fue en otros momentos, de qué consecuencias positivas o negativas se han quedado asociadas a ese recuerdo. Es una responsabilidad social proveer de vivencias agradables a nuestros niños y niñas, de crear contextos en los que pueda vivir emociones que le impulsen a construir significados exentos de culpa (puede vivir en un entorno familiar caótico y maltratante, pero las experiencias que le faciliten otros contextos pueden mitigar su impacto y ayudar a elaborar otro relato más esperanzador).

…CONSCIENCIA: Para darle sentido a algo el primer paso es tomar consciencia de qué ocurre. Puede ser que mi madre me pegue pero soy consciente que no es culpa mía, que ella tiene dificultades para controlarse. Dice la Diccionario de la Real Academia Española que consciencia es “Conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones” o en su segunda acepción como la “Capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento”. Algo así como ponerse las gafas interiores para ver mejor, con claridad y discernimiento, porque sólo el que ve claramente puede entender los hechos y palabras. Los niños y niñas necesitan la aprobación y el amor de sus padres, y para ello pueden desarrollar interpretaciones erróneas que salvaguarden la imagen de estos porque es muy duro ser consciente de la realidad y aceptarla.

  …PERTENENCIA: Dice Cyrulnik: "un niño o una niña que siente que no pertenece puede generar la idea de que ni siquiera merece existir, que no puede ser querido por nadie, y esa representación mancha su autoestima. De alguna manera, la pertenencia permite crear un mundo en que se puede existir, da forma a las percepciones, ofrece espacios en los que desarrollar competencias". Si pertenezco a una familia, a un grupo, a una sociedad, puedo sentirme miembro importante…o al menos encontrar a alguien que me estime y me valore. Pero no pertenecer es sinónimo de un fantasma errante en busca de un sentido del pasado y sobre todo de un lugar donde estar/pertenecer en el futuro.

  • Disposición de recursos externos: La importancia de los adultos en la construcción de la resiliencia infantil.

RESILIENCIA RIMA CON…

   …PRESENCIA: No es lo mismo ser que estar, dice una conocida canción. De igual modo, no es lo mismo ser padre o madre que desempeñar dicho rol de manera adecuada. El niño o la niña debe percibir a nivel emocional y físico la presencia real o sentida de al menos un adulto significativo. La presencia del otro construye lazos que se tienden para sujetarse cuando el equilibrio peligra y refleja de modo especular formas de hacer y maneras de estar en el mundo desde las que aprender.

  …PERMANENCIA: La seguridad de base. No hace falta que te vea para saber que me amas. Los afectos tejen raíces invisibles a través del apego. Los niños y niñas pueden explorar su entorno sólo si tienen la seguridad de que un adulto estará disponible y atento cuando el peligro aceche. 

 …CONSISTENCIA: Sólo cuando las normas y los límites son iguales en todo lugar y ocasión sirven para ayudar al niño o niña a autorregularse. La consistencia es la autopista para llegar al control, al conocimiento del entorno y de uno mismo, mientras que la falta de la misma es una carretera secundaria con cientos de intersecciones que despistan a nivel educativo al niño o la niña. Cuando ante una misma situación hay más de una posible solución y esta es variable, no aprenden a llegar por el buen camino. Las normas han de ser coherentes y consistentes si pretenden ser educativas, de lo contrario son sólo parcialmente restrictivas pero no enseñan.


¿Qué es entonces la resiliencia infantil?. Este blog precisamente tiene este mismo nombre y aún no me he pronunciado sobre su significado. Permitidme que comparta mi particular definición de resiliencia infantil:


"Resiliencia infantil es el proceso que hace posible el despliegue de los recursos personales del niño o niña para afrontar adversidades de tipo personal, familiar o social gracias a la presencia (real o sentida) de adultos sensibles que de forma consistente y coherente permanecen atentos a sus necesidades e intereses, ofreciéndoles afecto, escucha, consejos y límites a su conducta, de manera que puedan desarrollar un sentimiento de pertenencia a un grupo donde sentirse amados/as, consciencia de su propio self y de su realidad y la capacidad de poder experimentar vivencias que favorezcan su autoconocimiento y regulación. Todo ello, si se da desde los primeros años hace que puedan desarrollar actitudes y aptitudes inteligentes que les permita adaptarse y superar dificultades y retos mediante el aprendizaje de competencias para la vida a partir del desarrollo de la resiliencia primaria. En caso contrario, siempre queda la esperanza que el niño o niña encuentre en su camino tutores de resiliencia que le ayuden a retomar su proceso de desarrollo gracias a la resiliencia secundaria que surge de la relación intersubjetiva y genuina."                                          

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