"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

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martes, 24 de diciembre de 2019

Cuento de Navidad

Una nueva Navidad. Nuevamente momentos para el reencuentro entre familiares, la alegría de compartir ratitos con amigos, disfrutar de las luces y demás  adornos navideños. Y, como no, hacer balance de cómo nos ha ido el año, de lo rápido que pasa el tiempo y de los deseos y propósitos para el Nuevo Año que ya asoma por la esquina.

Como otros años quisiera dedicar una entrada para desearos unas Felices Fiestas pero también para que reflexionemos juntos con un precioso cuento de Jorge Bucay, que nos habla de la Navidad pero sobre todo de lo verdaderamente importante en estas fechas y siempre: el amor incondicional de los niños y niñas hacia sus padres.

"Jorge Bucay. Cuento de Navidad

En una casa más o menos humilde de un país cualquiera vivía una familia compuesta por el matrimonio y sus dos hijos.  Juan, el hijo mayor de 24 años, casi abogado y Priscila, la pequeña de apenas 4 añitos.  

Al acercarse la Navidad el padre había comprado un rollo de cinco metros de papel metalizado para poder envolver los regalos antes de ponerlos en el modesto arbolito, armado desde principios de Diciembre en la entrada de la casa.  El 23 en la noche, el hombre se decidió a empaquetar los regalos, más simbólicos que valiosos, para Nochebuena.  Qué desagradable sorpresa fue encontrar en el estante del ropero, el tubo de cartón donde venía enrollado el papel metalizado, desnudo de los cinco metros del costosísimo papel de envoltura.

El dinero era bastante escaso en la familia y posiblemente por eso, a pesar de lo avanzado de la hora, el señor explotó de furia y mandó a llamar a su familia para ver quién había utilizado el papel que él compro para los regalos.  La pequeña Priscila apareció con la cabeza gacha para decirle a su padre que ella lo había usado.

-¿Pero no te das cuenta que ese papel es muy caro y que tu papa tuvo que trabajar varios días para comprarlo?; ¿Podrías decirme para qué tontería usaste el papel metalizado?   

La niña salió corriendo y regresó con un paquete del tamaño de una caja de zapatos, envuelta con varias capas del costoso papel, ahora arrugado e inutilizable.

-¿No te dijo tu madre que no debes tocar las cosas de los mayores para tus juegos? ¿Cómo se te ocurre envolver esa caja con cinco metros de papel dorado?

-Es un regalo de Navidad, papá- dijo Priscila- para el arbolito.

-¿Y se puede saber para quien es este regalo tan valioso como para usar todo el rollo de papel en envolverlo?

– ¿Y para quien va a ser?, para vos, papá.

El hombre se enterneció y abrazándola le pidió disculpas por los gritos. Como nos sucede a todos, con el regalo en las manos quiso saber qué contenía y le pidió a la pequeña permiso para abrirlo.  Poco después el hombre volvía a explotar:

-Cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo adentro. ¿Usaste ese papel para envolver una caja vacía?

A la pequeña se le llenaron de lágrimas los ojos y dijo:

-Es que la caja no está vacía, papá, yo soplé adentro cincuenta y ocho besos para vos.

El padre alzó a la niña y le suplicó que perdonara su ceguera y su ignorancia. Dicen que el hombre guardó para siempre la caja debajo de su cama y que siempre que se sentía derrumbado, abría la caja y tomaba de ella un beso de su hija. Esto lo ayudaba a recuperar la conciencia de lo que era importante y de lo que sólo eran tonterías."


Que nunca os falten besos que recibir de vuestros hijos e hijas.

Que siempre seáis capaces de dar el afecto y amor incondicional que los niños y niñas merecen. 

     ¡Feliz Navidad!



domingo, 14 de enero de 2018

Re-bajas educativas para padres y madres

Hola a todos y todas. En primer lugar desearos un Feliz Año Nuevo y que los 365 días del mismo podáis disfrutar, reír, soñar y sobre todo amar. 

Retomo el blog a propósito de las dichosas rebajas tan típicas de estas fechas. Dichosas porque son causa y efecto de dicha, entendida como ese estado de ánimo y satisfacción próximo a la felicidad. A todos nos gusta conseguir alguna ganga a buen precio, disfrutar levantando prendas de un montón hasta encontrar esa que de repente se convierte en "lo que necesitabas". Solo que las rebajas que propongo hoy tienen que ver con pautas educativas de padres y madres y no de ropa o de artículos del hogar!!!


                                                                             


Todo esto viene de hace tiempo. Por mi trabajo en ocasiones tengo entrevistas con papás y mamás desbordados, cansados, agobiados por la conductas de sus hijos y/o hijas. En ocasiones son adoptados, otras de acogida, a menudo biológicos...pero todos ellos y ellas niños y niñas, solamente eso ( y nada más y menos que eso!!).

Me entristece escuchar a los adultos cuando dicen que no pueden más, que sus hijos les provocan, les hacen daño con su conducta o simplemente que son desagradecidos y maleducados. Un hijo o hija no debe nunca agradecer (en el sentido de deuda) los afectos de sus cuidadores, no es un favor, ni una transacción ni por supuesto un acto de compasión. Con pasión sin embargo deberían ser los gestos de amor e incondicionalidad de los adultos hacia los niños y niñas, cuando son obedientes pero sobre todo cuando no lo son. Los afectos no son moneda de intercambio, emanan del interior cuando se siente amor hacia el otro, con independencia de la conducta. Os recuerdo la frase tan bonita de Amanda Céspedes que decía "Los niños merecen más nuestra atención y afecto cuando menos los merecen sus actos"  a la que dediqué una entrada en el blog. 


Escuchar esta semana a un niño decirme delante de sus padres que tenía miedo que le volviera a pegar su progenitor, que temía que le diera un correazo, me llegó al alma. Casi tanto como cuando otro niño esta misma semana me decía "¿verdad que me he portado peor que nunca?" buscando mi enfado y rechazo inmediato a su persona llamando la atención durante toda la sesión. ¿Cómo atribuir maldad a la conducta de los niños y niñas? No hay niño ni niña malos, sólo tienen una mala conducta, que en la mayoría de ocasiones ni ellos mismos entienden, ni saben gestionar, ni desean. ¿Por qué los adultos juzgamos a los niños y niñas con el mismo rasero que a los de nuestra edad? Y si un niño o niña tiene algo de malicia o picardía parémonos a pensar porqué es así, qué experiencia de vida ha tenido para aprender esa estrategia. No son más que trajes, caretas en forma de defensa que hacen que mientan, rompan cosas, contesten mal o molesten. La conducta inadecuada de un niño o niña es SIEMPRE responsabilidad de uno a más adultos que no han sabido educar, le han dañado o no han sabido entender sus emociones y leer entre líneas lo que les pasa en su mundo interior. Cuando eso se cronifica aparecen los niños y niñas "maleducados", "imposibles", "insoportables". Incluso aquellos/as que presentan algún tipo de patología o trastorno es responsabilidad de los adultos de su entorno la atención de sus necesidades en cuando a límites, normas, tratamientos médicos o farmacológicos (en caso de ser necesarios). 

Por todo esto y porque estamos en épocas de rebajas, quisiera que si lees esto y está bajo tu cuidado un niño o niña, que re-bajaras de tu repertorio de conductas las cosas que a continuación recojo. Seguro que te llenará de dicha, además de satisfacción personal, comprobar que seguir estos consejos puede tener resultados espectaculares. Re-bajar o lo que es lo mismo, disminuir e incluso eliminar determinado tipo de reacciones adultas que no solo no educan sino que dañan es lo que te pido. Aquí van las "ofertas":

- 1. NO UTILIZAR NUNCA EL CASTIGO FÍSICO. Emplear la fuerza en forma de bofetada, palmada en el culo, manotazo o cualquier otra expresión de agresividad hace un daño irreparable en tu hijo/a. Duele más a nivel de corazón que a nivel físico. Quizás yo no te convenza lo suficiente por lo que párate un momento a ver esta publicación de Save the Children, "Educa, no pegues", una guía que seguro que será una gran adquisición para ayudarte a ser padre o madre. En cualquier caso, y por supuesto entendiendo que tienes derecho a enfadarte y poner límites y aplicar consecuencias, pegar a un niño o niña no es más que un acto de cobardía, de impotencia y de mala gestión de la rabia.


- 2. CAMBIA TU LENGUAJE PARA ENSEÑAR A REFLEXIONAR. Te invito a que cambies la frase "estoy enfadado/a" por "estoy triste" para ayudar al niño a niña a entender que su conducta tiene repercusiones en los demás. El enfado es asociado en muchas ocasiones con dejar de querer. Piensan que si los adultos se enfadan pueden llegar a rechazarles y eso no puede ser ( y si es así, si odias a tu hijo o le rechazas cuando se porta mal háztelo mirar, el amor debería ser incondicional aunque sus actos sean inadecuados).

-3.NO MEZCLES TEMAS. ¿Sabes lo que hacen las vacas cuando comen? Se llama regurgitación y es lo que hacen muchos padres y madres que no resuelven los conflictos con sus hijos/as y vuelven a traer al presente cosas que  los pequeños/as hicieron antes (generalmente inadecuadas) para echar en cara y sumar enfados. Esto vuelve a ser un acto de cobardía adulta, buscar argumentos "regurgitantes" que lo más que hacen es dañar la estima de los hijos/as. Una cosa es recordar que no es la primera vez que pasa, que se espera que haya un cambio, etc.,... y otra que se convierta en crítica recurrente.

-4. NO UTILICES EL CHANTAJE EMOCIONAL. La conducta de un niño o niña no puede "matar a disgustos" a un padre o madre, ni consigue que enferme ni que se vuelva loco/a. Y si algo de esto pasa, es seguro, pero de verdad, seguro, seguro, que no es SOLO por la mala conducta del niño o niña, sino que habrá otros factores estresores o patológicos o una mala gestión de las emociones que hace que los adultos se encuentren tan mal

-5. APRENDE A ENFADARTE. No es fácil, lo sé. Pero si tú aprendes a enfadarte bien, tu hijo aprenderá a hacerlo también. No podemos pedir a los pequeños que estén calmados si no somos capaces de hacerlo nosotros!!. Relajación, respiración, relativización de importancia de las situaciones, comunicación adecuada. No dejes de ver este video que, además de ayudarte a tí seguro que le viene bien a tu hijo o hija: 





Bueno, espero que las  re-bajas vayan bien. Un abrazo!!

     

lunes, 17 de julio de 2017

Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol

Después de un tiempo de silencio forzado vuelvo (o al menos lo intento), a retomar el escribir en mi blog. Y digo forzado porque, aunque por diferentes causas, no era mi intención desaparecer o dejar de escribir todo este tiempo. Simplemente la vida te da momentos, unos de calma, otros de bloqueo, unos cuantos más de ocupación y preocupación. Pero en el fondo siempre queda la posibilidad de decidir dejándote llevar por la ilusión, y empiezo de nuevo a tenerla.
Llevaba días pensando cómo retomar el tema, pero no encontraba algo suficientemente interesante para ello. Pero anoche, volviendo a ver la película de Disney, “Brave”, encontré la añorada inspiración. Conceptos como destino y vínculo son, en mi opinión, dignos de formar parte de nuestras reflexiones, al menos por un tiempo.
Si habéis visto la película, hay dos grandes cuestiones sobre las que trata. Por una parte, la necesidad de la protagonista, Mérida, de poder decidir sobre su vida (querían casarla con alguien a quien ella no amaba siguiendo una antigua tradición) y por otro, el amor entre madre e hija y el vínculo creado entre ambas, imposible de romper pese a las adversidades. 
“Algunos dicen que nuestro destino está conectado a la tierra, que es parte de nosotros como nosotros de ella.
Otros dicen que el destino está entretejido como una tela, entrelazando el destino de uno con el de muchos otros, es aquello que más buscamos o luchamos por cambiar, algunos nunca lo encuentran, pero hay otros que… son guiados a él”.
Más allá de cuestiones trascendentales o filosóficas sobre el destino, creo firmemente que los vínculos que se van forjando en el niño o niña, y más concretamente, el vínculo con sus padres o cuidadores es, con mucho, el mapa cartográfico que va a ir diseñando el camino a recorrer cuando llegue a adulto. Destino y vínculo están emparejados con la resiliencia infantil (que da nombre a este blog). 
Dicen mis estimados Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan que “La resiliencia infantil, es una capacidad que los niños y los adolescentes pueden desarrollar cuando sus recursos naturales se desarrollan y se potencian gracias a las competencias y habilidades de adultos significativos que satisfacen sus necesidades y les respetan como sujetos de derechos”. Cuidar, proteger y educar están a la base de todo ello. Un vínculo que se transforma en apego como fuente de seguridad y confort cuando el adulto es sensible, cercano y coherente en sus manifestaciones explícitas e implícitas en su relación con el niño o la niña. El objetivo primordial del apego, en tanto que sistema relacional, es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza con el fin de conseguir seguridad, consuelo y protección. Cuando ese apego es seguro, es posible explorar el entorno, hacer frente a los desafíos que la vida presenta en diferente formato. En definitiva, en desarrollar la resiliencia.
Yo nunca antes me había preguntado, o al menos de forma muy consciente, qué hemos hecho mi marido y yo en esta labor educadora, protectora y cuidadora con nuestras hijas para que hoy en día, que ya son adultas, podamos sentirnos tan orgullosos de cómo son y de sus logros. Es decir, qué es aquello que nos caracteriza como familia más allá de las funciones propias de cualquier padre o madre que ha hecho que se promueva en ellas estos factores de resiliencia de los que hablamos. Comentándolo hoy con mi marido me ha respondido "querernos mucho y querer estar siempre juntos". Y no lo decía solo en sentido de pareja, sino más allá, de disfrutar en familia, de hacer excepcional lo cotidiano cada día. Siempre me ha sorprendido lo felices que nos hacen las pequeñas cosas: un paseo juntos, una comida familiar, compartir una noticia o algo que nos ha pasado, reirnos de cualquier cosa (incluso de nosotros mismos). Infinitas cápsulas de felicidad que inundan de un sentimiento especial la relación familiar.

Si tuviera que elegir una frase que resuma lo que hemos intentado transmitirles seguramente sea una que hace poco encontré de forma casual: "La felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace". Siempre hemos apoyado sus sueños (los posibles, sin perder el grado de cordura que se ha de mantener para ser un padre/madre competente). Que hicieran siempre lo que quisieran pero porque deseaban hacerlo y les hacía felices. No pretendo ni mucho menos ser ejemplo de familia, solo compartir una reflexión en voz alta. Quizás nunca estimulamos a nuestras hijas como otros padres hacían enviándoles a campamentos, a estudiar a Inglaterra, a cultivar deportes como el tenis o la danza, pero el resultado de lo que hicimos descontando lo que dejamos de hacer que acabo de señalar, han dado como producto dos seres excepcionales que no dejan de sorprendernos sobre todo ahora en momentos difíciles. Nunca imaginé lo que las dos son capaces de hacer, de conseguir unir aún más a la familia, de expresar sus capacidades resilientes.

Volviendo a Mérida, la protagonista de la película Brave, con su ímpetu, valentía, arrojo y un sin fin de cualidades positivas, podemos tomarla como un ejemplo de resiliencia. No aceptó el destino que le venía escrito, sino que quiso reescribirlo de algún modo para enseñarle a la vida que las experiencias van cobrando forma hasta promover cualidades quizás nunca antes pensadas de uno mismo. Factores ligados a lo biológico como es el temperamento, no condicionan de manera prefijada una forma de ser o personalidad. El hijo de tigres rayado nace dice el dicho, pero posiblemente sus rayas sean bien distintas o se desdibujen, incluso se lleguen a borrar por efecto del contexto. Es inestimable el poder del entorno, y el entorno es algo sobre lo que podemos intervenir y modificar.

Lo importante, lo verdaderamente importante, es que cada niño o niña pueda ser lo mejor de sí mismo/a, pueda desarrollar sus potencialidades, pueda vincularse a los demás de forma positiva para disfrutar de la capacidad de socialización que por naturaleza le viene dada, pueda ser capaz incluso de cambiar su destino porque tuvo unos lazos de afecto que hicieron de él o ella una persona capaz de transitar por la vida de forma segura.

“Algunos dicen que la suerte está más allá de nuestro control, que no somos dueños del destino, pero yo sé que no es así. Nuestro destino vive dentro de nosotros, sólo hay que ser valiente para verlo”. Con esta bonita y profunda frase termina la película. La valentía debería ser una asignatura en la escuela, no tanto para enfrentarse a miedos e inseguridades (que también), sino para aprender a afrontar las adversidades y salir fortalecidos. Pero también en la familia debe trabajarse la valentía, esa que supone aceptar (no resignarse) lo difícil y complicado que nos sucede, a confiar en uno mismo, a saber pedir ayuda y prestarla, a reconfortar al otro y pedir consuelo cuando lo necesitamos, a nos rendirse por dura que sea la batalla, pero sobre todo, a forjar un vínculo que nos permita ser de alguna manera protagonistas en nuestro propio destino. No podemos evitar el viento, pero podemos construir molinos.


Quiero compartir con vosotros/as como cierre este cuento titulado "Sueños de semilla" de Jorge Bucay, para seguir pensando sobre el tema:
 "En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.
…Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo.
En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después. Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen que dar.
Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos. 

Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas… para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.

Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta. 

Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez  cegadora.

Y así crecemos, nos desarrollamos,  evolucionamos… Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer,… una sabiduría interior las acompaña… porque  cada semilla sabe… cómo llegar a ser árbol…".

Si los padres o cuidadores sabemos cuidar y mantener vivas todas esas semillas posibles en nuestros hijos e hijas podremos sorprendernos, llegado el momento, de la belleza, fortaleza, frondosidad y magestuosidad de las potencialidades que tenían y a las cuales se les ha brindado la oportunidad de desarrollarse.
Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol...si tiene buenos jardineros, tierra donde echar raíces, un abono que le ayude a crecer y un entorno favorable que mitigue los vientos huracanados y le permita nutrirse de la luz y el calor necesarios para ser el árbol que estaba esperando y deseando ser.

domingo, 16 de octubre de 2016

La magia existe. Carta a mi hermana de acogida

La vida regala momentos únicos, impensables en la biografía inicial de un niño. Solo la magia de la resiliencia, del vínculo establecido entre el niño herido y quienes con su amor sanan día a día sus heridas, puede explicar la transformación.
Hace un tiempo conocí a un niño muy especial. Su historia también lo es, pero no la que se remonta a tiempos muy lejanos (quizás tristemente parecida a otras en las que la incompetencia parental tiene efectos devastadores), sino a su evolución, al modo en que la entrega, el afecto, la aceptación y la esperanza han hecho que, en contra de lo esperable, nuestro niño esté logrando avances espectaculares. Su familia de acogida son los responsables del maravilloso cambio. Bueno, eso y sus ganas de aferrarse a la vida cogiéndose con fuerza al tren de la constancia, el esfuerzo y a esa preciosa palabra llamada familia . Dice una frase que recientemente he leído: El sentido es un hilo que cose nuestros momentos para bordar una historia. Y esta es la historia de un acogimiento especial. 
Siempre he admirado a las familias de acogida. Hoy mi admiración quiero centrarla en los hermanos de acogida, héroes sin batalla, arco iris en la oscuridad de quien no han podido experimentar la grandeza de los buenos tratos. Con su sola presencia son capaces de calmar angustias y temores, con su amor consiguen reparar heridas.
De la mano de una gran profesional y también amiga me llegó hace unos días la carta que a continuación comparto, escrita por su hija ¿biológica? (dudo que su hijo de acogida no pueda compartir el mismo adjetivo pues si conocierais la historia estaríais de acuerdo en que le ha dado nuevamente vida). La sensibilidad con que está escrita es tan solo un ejemplo de la conexión empática que hay entre ella y su pequeño hermano. Lo cotidiano no es por ello menos abrumador que lo excepcional. El miedo al abandono, a no saber que habrá o quienes estarán cuando el nuevo día despierte, forma parte del camino en muchos niños y niñas acogidos. Esta admirable hermana de acogida nos invita, desde su reflexión, a que por unos momentos podamos meternos en la piel del pequeño y sentir como siente, pero sobre todo, la confirmación de que la magia existe.
Sin más, os invito a disfrutar de la carta:

"Es hora de irse a dormir.
Busco cualquier excusa para no irme a la cama.
No me gusta la noche. Me asusta dormirme. Me horroriza lo que pueda encontrarme al abrir los ojos. Me siento inseguro en la oscuridad.
No quiero, no quiero.
Gracias a la alineación de los astros en esta lluviosa noche de octubre, mi hermana mayor decide hacerme una visita a la cocina justo antes de marchar, entre sollozos, a mi habitación a dormir.
Me lleva a su habitación, me sienta en el suelo, y me enseña, explicándome con palabras que no alcanzo a entender, de donde son las piedras de su cuarto que yo tanto admiro. Por fin, después de meses, me deja cogerlas, habiéndome negado siempre del goce del olor a río.
Yo me río.
Mientras, mi teta me sigue explicando los distintos tamaños de las piedras. Yo no la entiendo, pero me río. Soy feliz con estas pequeñas perlas entre mis manos.
Mi hermana me mira, me sonríe, sé que no puedo entender lo que dice, pero sí su mirada.
Me quiere. 
Me quiere y le gusta verme reír, y más aún cuando ella es el motivo de mis sonrisas.
Emocionada por mi ilusión, me levanta y me lleva de la mano hasta la cocina. Por el pasillo los dos reímos, como dos hermanos locos el uno por el otro.
Nos ponemos delante de la pila y ella moja las piedras.
No entiendo lo que hace, que pretende, pero me río.
Mágicamente, al mojar las piedras cambian de color.
Yo no lo entiendo, pero me río. Veo en sus ojos una extraña sensación de admiración, de orgullo...de magia.
Entonces yo, que desde el primer momento me he encantado con la piedra más grande, consigo hacerme con ella y llevarla hasta mi habitación. Con mi teta de la otra mano, claro.
Las arrastro a las dos hasta mi cama, cojo a mi hermana y, haciéndole gestos, le indico que acerque la piedra a la lámpara.
Debe brillar en la oscuridad, pienso convencido.
Pero esta vez es mi hermana la que no me entiende. Ella no sabe valorar la magia que posee esa piedra, al contrario que yo. 
Pero aún así, ella sigue mis indicaciones, y aún con cara de desconcierto, convierte esa piedra en la piedra más mágica que jamás ha existido.
Acaba de crear un nuevo sueño. Acaba de soñar conmigo, de hacer magia.
Y entonces lo entiendo. 
La magia no está en la piedra, está en las personas, está en mi hermana, está en mí...está en nosotros, en el lazo que nos une.
Pero, es hora de irse a dormir. Mi cabeza vuelve a la realidad y el miedo, junto a la rabia, vuelven a inundarme.
Lloro, grito, pataleo.
Pero no importa, porque mañana será otro día.
Porque mi mamá, mi tete y mi hermana volverán a hacerme creer en la magia.
Y entonces...entonces olvidaré que tengo miedo."

Muchas gracias Bea

miércoles, 12 de octubre de 2016

Resiliencia, la esencia inmarcesible

“Dotar a la vida de un sentido es lo que diferencia existencia y vida, momento o historia, trascendencia u olvido. Es lo que define si eres capitán o barco, veleta o viento. Es, en resumidas cuentas, la respuesta a “qué pinto yo en este alboroto llamado mundo”.

No es que me haya vuelto filósofa en este tiempo en que he estado desconectada de mi blog. Tan solo - y nada más y nada menos- la vida me ha tenido ocupada, siendo veleta y barco, dejándome llevar por unas circunstancias, algunas elegidas y otras no tanto.

En estos meses de retiro ha habido tiempo para todo. Para la alegría compartida que nos invade cuando las personas más importantes de tu vida ven cumplir sus proyectos o simplemente te hacen reir, soñar, disfrutar de su presencia y su existencia. También ha habido pérdidas muy importantes en este tiempo. La más grande ha sido sin duda el perder a mi querida figura de apego en la infancia, referente absoluto, padre incondicional y respetuoso, piedra angular de mis primeros años y fiel estrella que me acompañará siempre.

La vida da para mucho en poco tiempo…Muchas veces he pensado en retomar las entradas de mi blog sin encontrar el cómo ni el cuándo. El estrés laboral lo ha ocupado todo. Digamos que mi faceta bloguera ha estado en barbecho, no ha podido producir en este período (aprovecho para agradecer a los lectores del blog la gran cantidad de visitas que habéis seguido manteniendo pese a no haber actividad).Pero hoy por fin me he decidido a ser de nuevo capitán, a redirigir mis energías administrando de nuevo aquello que me hace sentir bien. Vuelvo a ser viento, a soplar difundiendo aquello que me gusta y por lo que adquirí un compromiso, a hablar de la resiliencia infantil y su promoción.

La vida es un camino de encuentros y hoy, volver a encontrarme a mí misma en el muro de mi estimado amigo y colega José Luis Gonzalo Marrodán ha encendido la chispa de nuevo. Gracias amigo, has logrado re-animarme con tu recuerdo.

Dos cosas quisiera compartir hoy con vosotros. La primera, en un intento de dar sentido y significado a este blog que calienta motores, es la definición de resiliencia infantil.

“La resiliencia infantil, es una capacidad que los niños y los adolescentes pueden desarrollar cuando sus recursos naturales se desarrollan y se potencian gracias a las competencias y habilidades de adultos significativos que satisfacen sus necesidades y les respetan como sujetos de derechos . Así definen mis estimados Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy la resiliencia infantil. Ellos supieron transmitirme el interés y admiración por el tema. Gracias a ellos mi labor como psicóloga de familia e infancia dio un giro muy positivo, ayudándome a mirar con la lupa de los buenos tratos, con la mirada comprensiva y realista hacia quienes cada día se muestran ante mí como personas vulnerables, en ocasiones con etiquetas que tapan historias incontables y que comparten conmigo confiando en que un cambio es posible.

Otra definición de resiliencia en la infancia viene de la mano de Boris Cyrulnik: “La resiliencia del niño se construye en la relación con el otro, mediante una “labor de punto” que teje el vínculo. La comunicación intrauterina, la seguridad afectiva desde los primeros meses de la vida y, más tarde, la interpretación que da el niño a los acontecimientos son otros tantos elementos que favorecen la resiliencia. Preciosa definición que nos habla de ese ir tejiendo afectos, bordar relaciones desde el nacimiento pero también a lo largo de la vida. Y como no, del sentido o interpretación que se da a las experiencias, de las narrativas personales que se convierten en historias reinventadas cuando la resiliencia secundaria aparece, transformando el dolor en algo con lo que se puede vivir, integrando vivencias y organizando emociones.


Finalmente y desde la humildad que deben tener mis palabras al lado de profesionales tan grandes como los anteriores, os comparto la definición que hace tiempo elaboré acerca de la resiliencia infantil:

"Resiliencia infantil es el proceso que hace posible el despliegue de los recursos personales del niño o niña para afrontar adversidades de tipo personal, familiar o social gracias a la presencia (real o sentida) de adultos sensibles que de forma consistente y coherente permanecen atentos a sus necesidades e intereses, ofreciéndoles afecto, escucha, consejos y límites a su conducta, de manera que puedan desarrollar un sentimiento de pertenencia a un grupo donde sentirse amados/as, consciencia de su propio self y de su realidad y la capacidad de poder experimentar vivencias que favorezcan su autoconocimiento y regulación. Todo ello, si se da desde los primeros años hace que puedan desarrollar actitudes y aptitudes inteligentes que les permita adaptarse y superar dificultades y retos mediante el aprendizaje de competencias para la vida a partir del desarrollo de la resiliencia primaria. En caso contrario, siempre queda la esperanza que el niño o niña encuentre en su camino tutores de resiliencia que le ayuden a retomar su proceso de desarrollo gracias a la resiliencia secundaria que surge de la relación intersubjetiva y genuina."  

Otra aportación que quería haceros hoy es una palabra poco conocida, pero muy interesante.

La palabra es INMARCESIBLE.  Me la regaló mi princesa guerrera, una joven resiliente, ejemplo de fortaleza y de transformación. Significa “que no se puede marchitar”, y marchitar a su vez quiere decir "hacer que una persona pierda la belleza, la fuerza y vitalidad". Pensaréis qué tiene que ver con la resiliencia: tampoco se marchita y se acaba nunca la capacidad de los niños y niñas de atravesar adversidades y salir fortalecidos, transformados. Puede que escojan mecanismos de defensa para protegerse de entornos inseguros o amenazantes, y que por ello se muestren agresivos, sumisos, ausentes, complacientes, se inventen amigos imaginarios o cualquier otra forma de poder seguir estando en el mundo.


Inmarcesibles, inmarchitables, resilientes. Solo necesitan adultos que rieguen con afecto sus heridas si han sido dañados. Jardineros atentos y sensibles llamados también tutores de resiliencia. 

Inmarcesible también el recuerdo de los buenos tratos guardados en la memoria implícita desde los primeros momentos y posteriormente, con la aparición del lenguaje, en forma de narrativa, de imágenes, palabras, afectos y emociones que van configurando desde incluso antes de nacer la forma en que nos vamos a relacionar con los demás en las etapas posteriores de la vida. Si se va forjando un apego seguro este recuerdo inmarcesible hará que la persona disponga de las herramientas necesarias para desenvolverse en la vida desarrollando la sociabilidad, el amor a los demás y así mismo.

Resiliencia es entonces la esencia inmarcesible del niño o niña que le invita al crecimiento y transformación, a la esperanza, a confiar en el despliegue de sus capacidades y, en definitiva, a caminar por la vida sabiendo que a su paso encontrará adultos que hagan germinar su semilla.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Encuentros con chispa: tutores de resiliencia

Era una noche estrellada y ahí, desde lo alto de un cometa, el Principito susurraba como en otras ocasiones: “Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya”. Erguido como sólo él sabía hacerlo, miraba hacia abajo intentando vislumbrar el mayor número posible de niños y niñas que necesitaran consuelo, afecto y comprensión. Tenía un firme propósito para este Nuevo Año: un niño, un tutor de resiliencia. Se resistía a creer la idea tan frecuentemente escuchada de que aquel que nace en un entorno hostil o que ha pasado muchas penurias no podrá nunca ser feliz ni llevar una vida organizada. Por eso, desde lo más alto, dirigió el cometa en el que se desplazaba hasta la estrella Resilio haciéndolo chocar contra ella, lanzando así millones de chispas mágicas capaces de unir personas....(posible continuación de El Principito, espero me disculpe el autor, esté donde esté, por la osadía)

No hace falta tener unos enormes ojos para ver ni una gran boca con que hablar para crear relación, tan sólo la mera existencia de dos personas que se encuentran, se perciben y reconocen como tal, se "sienten" e inician un acto de comunicación que hace que mirada y voz se conviertan en mágicas llaves de esperanza

He podido sentir de niña – y a veces de más mayor- la conexión inexplicable con alguna persona con la que, de forma casi imperceptible, comencé a sentirme comprendida, aceptada, valorada. Basta una mirada, o unas pocas palabras que cubran la angustia o preocupación para comenzar la transformación.

En otras ocasiones, no pocas, me he encontrado al otro lado de la orilla. Entre sorprendida y asustada he escuchado muchas veces frases del tipo “aquello que me dijiste me hizo cambiar …”, “un día tú me aconsejaste…”, y quizás yo ni recuerde el día ni las palabras regaladas que tanto bien hicieron.


El poder de los encuentros es inconmensurable. Cuando tenemos como objeto de trabajo la relación de ayuda, no somos realmente conscientes de cuan importantes podemos ser para los otros. Y sin embargo, no es algo que elijamos, que podamos escoger a la carta para quienes vamos a ser referentes. Ha de mediar esa “chispa” capaz de hacer renacer la confianza en quienes la creían perdida, el afecto en quienes pensaban no sentirse dignos de amor, la belleza en terrenos áridos que tan solo estaban en barbecho esperando ser sembrados. Es posible sembrar esperanza, semilla de resiliencia.

No debemos olvidar que un buen campesino no lo es tanto si no dispone de herramientas apropiadas para labrar allí donde el desierto afectivo congeló la emoción, las inclemencias del tiempo dañaron la autoestima y los roedores dañinos rompieron raíces. Hace falta una mirada de aprecio para poder ver más allá del campo árido y visualizar un futuro esperanzador.

Una chispa es suficiente para encender el inicio de una relación que no necesariamente ha de ser terapéutica, tal vez incluso sea una relación puntual, un encuentro único que despierta en el otro una ilusión, un cambio, una meta. O puede ser un acompañamiento incondicional donde la aceptación y el respeto mutuo definen las reglas. Tal vez el verbo To be con su variabilidad de acepciones describa de la mejor forma lo que supone ser tutor de resiliencia: ser y estar al mismo tiempo. Ser auténtico estando disponible, permaneciendo. Valemos más por cómo somos que por lo que sabemos, pero sobre todo por lo que sentimos y hacemos sentir al otro. Las 3 "S": ser, saber, sentir. Todas ellas necesarias y presentes en los encuentros significativos.

Para aquel que dude del valor de estos encuentros según las investigaciones se sabe que las experiencias relacionales, las relaciones interpersonales, modelan la organización de las neuronas y por tanto la arquitectura cerebral. Dice Jorge Barudy (2010) que la mente infantil y luego la adulta emergen de la actividad cerebral, cuya estructura y función se encuentran modeladas por las relaciones interpersonales. La vida de las personas, incluso los patrones de apego, se van modificando en función de los encuentros interpersonales que se van teniendo.

De ahí la importancia que cobran las relaciones que se establecen con tutores de resiliencia. La revinculación afectiva con adultos que se convierten en importantes y confiables pueden suponer el inicio de un proceso de resiliencia. Un acompañamiento singular.

Acompañar es una preciosa palabra unida a la de tutor de resiliencia. En ese acompañamiento, si se establece un vínculo capaz de ofrecer seguridad y confianza, la relación puede tener un triple componente:
a) minimizador de riesgos
b) generador de aprendizajes para la vida 
c) transformador de patrones relacionales y conductuales

Y seguimos encontrando en nuestras vidas a lo largo del tiempo personas que se convierten en parte de nuestros gustos, aficiones, intereses y afectos. La vida ha puesto en mi camino muchas personas con las que me siento bien y me hacen sentir bien. Algunos forman parte de esos encuentros fabulosos que hacen posible reinventar una y otra vez la ilusión cuando las fuerzas flaquean, o consiguen despertar sonrisas que calman penas. Otras veces soy yo quien forma parte de la vida de las personas siendo una especie de faro en la tormenta, un atento silencio que escucha lamentos o simplemente alguien confiable. Muchas veces me asombra la rapidez con la que los niños y niñas comienzan a hablarme de sus preocupaciones como si nos conociéramos de siempre. Supongo que la chispa es más fácil encenderse en contextos seguros, con personas que transmiten seguridad. 

Si ayudamos, como decía nuestro particular Principito, a cada niño o niña a encontrar su estrella, a hacer brillar sus potencialidades, a creer en sí mismos mirando adelante por mucho que el pasado se empeñe en echarles la zancadilla, quizás, sólo quizás, podamos ser para ellos tutores de resiliencia. Y si no es así, al menos habrán merecido la pena nuestros esfuerzos.

Y hoy, en este día de Fin de Año, queremos celebrar conjuntamente que existen personas adultas capaces de brindar apoyo y afecto a niños y niñas con dificultad para vincularse. 

Quiero dar las gracias a José Luís Gonzalo Marrodán del blog Buenos tratos, a Sagrario Martín García e Iñigo Martínez de Mandojana Valle del blog Dando Vueltas y a Tatiana Cáseda Fernández e Iván Rodríguez Ibarra, compañeros y amigos todos ellos de esta “causa por los buenos tratos y las buenas prácticas” ya que me han brindado la oportunidad de participar en la elaboración de un documento muy valioso que surge tras la celebración de las II Conversaciones de apego y resiliencia infantil, celebradas el pasado mes de noviembre en Donosti bajo la dirección de José Luis y a las que no pude asistir (muy a mi pesar). 

Una muestra más de que para estar no es imprescindible la presencia física, de que la unión por algo que compartimos y en lo que creemos consigue sumar esfuerzos e intenciones como la publicación simultánea que en este día está teniendo lugar. Tres blogs hermanos que quieren lanzar un mensaje de esperanza al unísono recogido en un único documento que podéis encontrar en los blogs amigos de Buenos tratos y Dando Vueltas sobre vueltas o en el enlace https://goo.gl/ASjD5T (también pinchando en esta portada). Con ilusión, alegría y emoción queremos hacer llegar la voz de todos los que apostamos por los buenos tratos, de los niños, niñas y adolescentes que tienen brillantes sueños por cumplir pese a pasados oscuros, y de tantas y tantos tutores/as de resiliencia que con su labor van tejiendo afectos, recursos y metas. Todos iguales, todos diferentes, capaces de hacer surgir la magia al son de Bibidi Babidi Bu.


Para los que habéis llegado hasta el final, acabaremos el post de la misma forma que lo empezamos: 

Y allí, en la estrella fugaz desde donde viaja ahora el Principito, es posible divisar miles de chispas que en el Planeta Tierra unen personas de manera continuada. Nadie sabe de donde surgieron. Algunos miran para arriba pensando que algún meteorito hizo de las suyas encendiendo este fuego inocuo que cae en forma de lluvia. Otros piensan que un volcán dormido despertó lanzando lava y que los vientos del norte transportan a diferentes partes del mundo. Lo que sólo el Principito sabe es que esa chispa entre dos estuvo siempre en el interior de las personas y sólo el encuentro cara a cara posibilitó que salieran hacia afuera. Bastó una mirada, un gesto, una palabra, para que surgiera. Un encuentro con chispa que despertó las brasas de nuestra condición humana, nacidos para dar y recibir afecto, para ser seres sociales, para vincularse una y otra vez. En algún lugar del Planeta existe un tutor de resiliencia (o más de uno) para cada niño o niña, referentes de vida, y allí, desde lo alto, el Principito esboza una feliz sonrisa cuando al mirar hacia abajo descubre millones de chispas luminosas formando un bonito circuito de esperanza y oportunidades.

¡FELIZ 2016!


domingo, 13 de diciembre de 2015

Enseñar a crecer feliz, la huella parental

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.
(Poema de la Madre Teresa de Calcuta)

Quizás no pueda describirse mejor que con este precioso poema la forma en que, de manera explícita muchas veces y de forma velada otras tantas, los padres y madres vamos cumpliendo la tarea de educar a los hijos.

Cuantas veces nos hemos lamentado de lo ingrato de esta tarea, de que por más que se repiten las cosas los hijos siguen actuando igual y no cambian, que las enseñanzas caen en saco roto. Nada más lejos de la realidad. Todo llega, lo que pasa es que a veces el tiempo está reñido con las circunstancias, que hacen que aquel se alargue en muchas ocasiones dando lugar a procesos casi interminables como la adolescencia tardía, o una infancia salpicada por la dificultad para instaurar hábitos como la higiene, el orden, la planificación en el estudio, etc. Eso no significa que las enseñanzas no impregnen de sentido las experiencias de los hijos e hijas, sino que muchas veces se dan otros factores que influyen en los resultados. La mayor o menor maduración emocional, el grado de desarrollo cognitivo que facilita la planificación y el razonamiento, la existencia de alguna alteración o trastorno en la infancia, por ejemplo, pueden influir de manera positiva o negativa en ello.  

La madre Teresa de Calcuta tiene razón cuando resalta la importancia de lo aparentemente imperceptible. La huella del camino enseñado por los padres perdura en el mapa de vida los hijos, de tal manera que en función de cómo haya sido su paso (la relación y las competencias parentales) se dibujará un camino u otro. No es lo mismo el paso acompasado de una educación basada en la coherencia educativa (disponibilidad, sensibilidad, flexibilidad, afecto, normas y límites) que el paso de una apisonadora que arrolla cuanto hay en el camino como ocurre en muchas familias en las que los padres no respetan y humillan o maltratan a sus hijos desde una educación escudada tras el autoritarismo.

¿Qué puede hacer un niño o niña que crece en un contexto familiar violento, acusador, tóxico? Sobrevivir en muchos casos, vivir en el horror en algunos otros. Suerte que existen procesos casi mágicos resilientes que permiten que emerjan las fuerzas suficientes con la ayuda de personas que valoran, protegen e impulsan a niños y niñas a dar sentido a su vida, al autoconocimiento, a la superación.

Y en esto de equivocarse como padres y madres (que somos humanos y por ello no estamos exentos de errores) es de ley tomar conciencia de qué es lo que nos hace errar. No es lo mismo no saber hacer que pretender hacer con los hijos e hijas aquello que no pudimos conseguir, intentar que cumplan sueños impropios e inapropiados, mantener ceguera ante las verdaderas necesidades e intereses.

Los moldes de escayola generan figuras idénticas. La educación sin embargo, moldea sin moldes, sin hormas. Cada manifestación de afecto, cada vez que se hace cumplir normas realistas y adaptadas a la edad, cada palabra de aliento, cada enseñanza de valores mediante el ejemplo, va moldeando, van abriendo un camino de vida. Que va a ser distinto para cada hijo e hija. Otra cosa distinta será  qué derroteros o rumbos van seguir, no lo podremos saber. De ahí la importancia de darles suficientes herramientas personales para que superen los posibles baches o dificultades con que necesariamente se van a encontrar. 

Como en otras ocasiones, comparto con vosotros un material que creo que puede ayudar a conseguir esto de darles herramientas. Se trata de una publicación de UNICEF (2008) que tiene por título “Ayudemos al niño a crecer feliz”(http://www.unicef.org/uruguay/spanish/Ninos_Contentos_1_final_20070706.pdf) y que ofrece orientaciones dirigidas a padres o tutores de niños y niñas de 6 a 12 años. ¡Qué título más bonito por cierto!


A continuación se recogen algunas pautas interesantes, inteligentes y apropiadas que ofrece la publicación: 

AYUDARLO A SER INDEPENDIENTE

1. Aceptar su individualidad. Debemos evitar las comparaciones porque, por lo general, son muy dañinas. Y debemos aceptar que el niño pueda querer para sí mismo algo diferente de lo que nos gustaría para él. Aunque nos cueste, debemos admitir que es una persona distinta y tiene derecho a elegir entre opciones, así como a desarrollar gustos diferentes a los nuestros.
2. Incentivarlo a explorar su mundo. Es importante alentar la curiosidad y el interés del niño, en especial a través del juego y la lectura. Y en tanto explora el mundo, debemos enseñarle a confiar en sí mismo permitiéndole tomar decisiones paulatinamente.
3. Ayudar a que encuentre alternativas para lo que quiere. Explorar las ventajas y desventajas de las opciones que se le ofrecen permitirá al niño no sólo tomar decisiones, sino también formar su propio criterio en base a las pautas y los valores que los padres le trasmitimos. En un mundo plagado de mensajes ambiguos -y hasta engañosos-, la exploración será una herramienta fundamental en su vida.
4. Darle libertad para resolver sus problemas. El niño necesita desarrollar actividades solo, por más que le resulten difíciles. Si se lo permitimos, contribuiremos a que aumente la confianza en sí mismo.
5. Respetar su ritmo de crecimiento. Se habla mucho de la importancia de la estimulación, y los logros de nuestros hijos nos llenan de orgullo. Sin embargo, no debemos forzar al niño a hacer determinadas cosas -como andar en bicicleta o aprender a escribir- antes de lo debido. Su capacidad para hacerlo dependerá de su madurez física, psíquica y emocional. Cada niño tiene sus ritmos. Si estimulamos a nuestros hijos respetando sus tiempos, ellos podrán desarrollar sus habilidades en forma paulatina y de acuerdo con sus edades.

AYUDARLO A SER MÁS FUERTE

1. Mostrar que tenemos una imagen positiva de él. Debemos reconocer ante el niño los aspectos positivos de su personalidad y de sus actitudes, así como sus logros, por más “pequeños” que éstos parezcan. Felicitemos a nuestro hijo por su esfuerzo, independientemente de los resultados que logre. Y evitemos atacarlo o condenarlo por sus fracasos. Sigamos su desarrollo con interés, para que perciba lo importante que él es para nosotros.
2. Enseñarle a expresar sus sentimientos. La manera ideal de lograrlo es expresando nuestros propios sentimientos, tanto los de alegría y felicidad por nuestro hijo como los de enojo o frustración por algo que nos ocurrió.
3. Ante un comportamiento que nos parece malo, demostrar que nos molesta el acto, pero no el niño. Delimitando claramente lo que nos molesta de su actitud, ayudaremos al niño a cambiar el comportamiento negativo.
4. Mostrar la incondicionalidad de nuestro amor. El niño necesita sentirse seguro y querido, aun cuando “nos saque de quicio”. En casos así, conviene esperar a que el enojo pase para tratar de entenderlo. La comprensión debe predominar en las buenas y en las malas; y debemos ser capaces de apoyar a nuestro hijo tanto en sus alegrías como en sus tristezas. Expresiones como “no te quiero más” no educan y, por el contrario, tienen un efecto devastador en el niño.
5. Evitar criticarlo por su forma de ser. Cada niño tiene su propio carácter y su forma de ser. Aunque en ocasiones a los padres nos cueste aceptar la forma de ser de nuestro hijo, debemos hacerlo. Un buen ejercicio para lograrlo es recordar el alivio que sentimos cuando a nosotros mismos nos aceptan con nuestros defectos e imperfecciones.
6. Evitar el rezongo constante. A nuestros hijos les cuesta asimilar todas las reglas de los adultos. Si los rezongamos permanentemente, acabarán siendo niños cohibidos o dejarán de prestar atención a lo que les decimos como estrategia de adaptación.
7. Evitar las amenazas.
 La amenaza no es el camino indicado para que el niño haga caso. Es más sencillo y respetuoso explicarle qué comportamiento esperamos de él, y las ventajas de comportarse de ese modo, que amenazarlo."

Estas y otras muchas cosas interesantes podéis encontrar en la publicación, os invito a que la exploréis. Espero que sean de vuestro interés.

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