"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

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domingo, 22 de marzo de 2020

Fomentando resiliencia infantil en tiempos de coronavirus


Es tiempo de solidaridad, es momento de resiliencia. En estos días en los que el mundo entero se ha visto invadido por una pandemia que afecta a todos y cada uno, toca activarse y poner en marcha nuestros recursos personales y comunitarios.

Un blog que trata sobre resiliencia infantil no puede quedarse al margen de esta tremenda y dañina adversidad, y arranca de nuevo motores para apoyar a padres, madres y cuidadores en la difícil tarea de hacer que los niños, niñas y adolescentes sean capaces de atravesar esta situación con el menor impacto posible.

Son muchas las publicaciones y mensajes que circulan estos días en las redes sociales dando consejos o recomendaciones. Este es un granito más en esa enorme montaña en que deben convertirse las relaciones interpersonales en momentos de emergencia social, porque es a partir de ellas donde surgen los elementos que hacen posible la promoción de las mejores cualidades, de las mayores potencialidades y de la capacidad de cuidar y autocuidarse.

Tenemos mucho que aprender con este virus, y lo vamos haciendo sobre la marcha. También vosotros y vosotras, principalmente en la comprensión de lo que supone un evento traumático y la importancia de una respuesta controlada por parte de los adultos.

Si os parece, como si de empezar a aprender a leer se tratara, vamos a comenzar por el AEIOU básico que puede ayudaros a tener herramientas a la hora de hacer bien vuestro trabajo.

  • Aprende y aplica las recomendaciones que desde las autoridades sanitarias están pautando. No podemos pedirles a los niños, niñas y adolescentes que cumplan con el confinamiento, estudien y colaboren en casa cuando los adultos se saltan a veces las restricciones. Sentaos con vuestros hijos e hijas y revisad juntos estos vídeos que encontraréis en la página web del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social porque la mejor prevención es la información (os pongo el enlace  https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/ciudadania.htm). Allí encontraréis mucha información veraz, pero hay un vídeo especialmente útil que nos ayuda a aprender y enseñar un poco más sobre este virus que tanto daño hace. Información sí, pero la justa y de forma controlada: 


Fuente: Ministerio de Salud Pública, Consumo y Bienestar Social


Otra información de interés es la que aparece en este otro vídeo que enseña cómo lavarse muy bien las manos (https://youtu.be/jPqlHzfrl8k)  o también se lo podéis explicar con esta infografía tan interesante: 







  • Escucha con los ojos. Los niños y niñas están viviendo una situación anormal que les causa inquietud y temor. Seguramente no digan lo que piensan porque no les gusta lo que pueden oír. Pero muchas otras veces adoptarán mecanismos de respuesta al estrés que tienen que ver con la evitación (o huida de lo que que causa temor o malestar), bloqueo, o agresión (empujar a su hermano/a, contestar mal, etc.), que tienen que ser entendidas como una respuesta normal, ante una situación anormal. Dice B. Perry "Lo que determina cómo sobreviven los niños al trauma, física, emocional o psicológicamente es si la gente que les rodea -en particular los adultos que deberían poder apoyarse y confiar- está de su lado dispuesta a ofrecerles amor, sostén y estímulos (pág, 14)". No todos vuestros hijos e hijas van a desarrollar un trauma por la experiencia que estamos viviendo con el coronavirus, pero si no les ayudáis a procesar bien esta vivencia puede aparecer después estés post traumático. Atiende a su comunicación no verbal, a lo que dice su lenguaje corporal, sus gestos, su sonrisa nerviosa en ocasiones. Y aprende a escuchar con los ojos y oír con el corazón.

  • Evita que vean las noticias o información de forma indiscriminada y sin filtrar. Los más pequeños no deberían ver ninguna noticia, porque cuando algo no se entiende y además se observa miedo en los adultos y comentarios catastrofistas, se activa su sistema de alerta. Los y las más mayorcitos tendrían que tener mensajes tranquilizadores que pudieran segurizar, transmitirles que están a salvo, sin mentirles pero no dando toda la información (algo así como que hay un bichito muy malo, que es invisible y que hace daño a las personas, pero que hay mucha gente investigando para poder combatirlo). A los más mayores preguntarles qué información tienen de otras fuentes (por amigos mediante redes sociales o por consulta en fuentes no fidedignas) y detectar información falsa pidiéndoles también que no difundan nada no contrastado. Como se escucha estos días, la información falsa es tan viral y dañina como el propio virus.

  • Inventa juegos, idea actividades.Todo lo que se sea fomentar la creatividad sirve (si eres de los afortunados que encontraste papel higiénico en el supermercado guarda los rollos de cartón del interior, que hoy son un bien preciado y saldrán bonitas manualidades (el humor, como este también es un factor de resiliencia).
  • Invita a los niños y niñas a imaginar un lugar seguro desde donde poder encontrar calma y poder relajarse. No lo emplees solo cuando está nervioso, sino que puedes invitarle a hacerlo cada día, como una rutina. De esta forma podrá disponer de un recurso interno para lograr calmarse en otros momentos incluso más allá cuando todo vuelva  a la normalidad. En este enlace os dejo un vídeo para ayudarles a buscar ese lugar seguro en su fantasía (https://www.youtube.com/watch?v=GSdds04BGiw)


  
  • Organiza su tiempo con actividades que les recuerden a su día a día antes del confinamiento, procurando mantener horarios y tareas. Mantener las rutinas ayuda a su cerebro a procesar que no hay motivo de alarma ya que este órgano tan complejo, tiene la propiedad de establecer asociaciones enlazando las señales sensoriales con los estados internos. Si somos capaces de ofrecerles una estructura permitiendo que combinen sus tareas escolares, con juegos (imprescindible que jueguen y tengan momentos de ocio) y con tiempo en familia, podrán llevar mejor esta situación tan atípica. 
  • Observa tu propio cuerpo, tus emociones, lo que estás sintiendo estos días...y cuidaté. Un capitán o una capitana de barco debe estar en condiciones de tomar el timón en las mejores condiciones para que no vaya a pique. La intensidad de las emociones, la falta de espacio personal, el cúmulo de tareas (teletrabajo, familia, organización) son los nubarrones, por lo que escucha también lo que tu cuerpo te dice y date permiso para tener emociones, pero siempre de forma controlada. El balcón, la ventana o el cuarto de baño pueden ser espacios sagrados donde pensar bien antes de aplicar castigos (no me gusta esta palabra, prefiero decir consecuencias), responder de forma malhumorada a la misma pregunta viente veces o despegar de un manotazo tu brazo a tu hijo/a quien, cual monito pequeño no se aparta de tu lado. Párate, siente,piensa, actúa. 


  • Utiliza tu red sociofamiliar como válvula de escape. Es inevitable que los adultos estemos nerviosos y preocupados. Para que este tema no monopolice nuestro tiempo, energías y pensamiento, tendremos que estar ocupados para estar un poco menos preocupados. Los niños y niñas no pueden ser nuestros confidentes ni nuestras figuras de apego con los que compartir lo mucho que nos preocupa la situación, máxime si tenemos algún familiar afectado. Eso no significa que tengamos que no podamos expresar nuestros sentimientos, sino que para ello echemos mano de los adultos que son de nuestra confianza, que pueden calmarnos o que pueden ayudarnos a aliviar la angustia. Tener emociones es de humano, pero que los niños y niñas perciban en sus referentes que no están suficientemente autocontrolados, que verbalizan continuamente frases catastrofistas o que no se despegan del televisor y acaparan comida en la despensa....eso no va a ayudar mucho a transmitir calma.

Quisiera acabar con la definición de resiliencia infantil más compartida por los profesionales del tema, a la que me sumo, desde la que se entiende como  “la capacidad de un niño o niña para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves”. Hagamos entre todos y todas que los niños, niñas y adolescentes puedan atravesar esta adversidad y salir fortalecidos gracias a la existencia de adultos sensibles, atentos y capaces de transmitir seguridad.   



Referencias:

- Ministerio de Salud Pública, Consumo y Bienestar Social. recuperado de https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/ciudadania.htm

- Perry, B y Szalavitz, M. (2016). El chico a quien criaron como perro : y otras historias del cuaderno de un psiquiatra infantil. Madrid : Capitán Swing

domingo, 3 de febrero de 2019

Orientaciones acerca del uso de las pantallas en niños y niñas





 Si tuviera que decir una preocupación que es el denominador común de la mayoría de los padres y madres con los que trabajo es lo difícil que les resulta el manejo de los tiempos en relación al uso de las pantallas (videoconsolas, televisión, tablets, móviles). Sus hijos e hijas nunca tienen bastante. Por no decir, las discusiones sin fin acerca de qué tipo de juegos (está causando furor algunos de ellos totalmente inadecuados para un cerebro en formación, con violencia totalmente explícita),arguyendo el tan famoso "es que todos los tienen y yo no". 


La epidemia del siglo actual no viene en forma de tos y fiebre. Son alarmantes los datos que recogen las estadísticas sobre los y las adolescentes que han generado adicciones tecnológicas, tanto o más preocupantes que las adicciones a sustancias. Recientemente en la ciudad en la que vivo se celebraron unas jornadas de prevención en la que la concejala la Sanidad y Salud decía: "el juego es cada vez más temprano y adictivo entre los jóvenes". Palabras sabias basadas en la evidencia, igual que el consabido eslogan "fumar mata" pero el consumo de tabaco sigue estando ahí en cifras desorbitadas.

Conclusión: tenemos un problema. Algo que es bueno, como son las (nuevas) tecnologías, mal usadas se están convirtiendo en fuente de placer para unos (los y las niños y adolescentes) y en fuente de conflicto y preocupación para otros (padres, madres y educadores/as), tanto por las consecuencias que generan su uso-abuso como por las dificultades en la convivencia familiar. 

En esto, como en todo, hay un principio. De repente no tenemos un adolescente enganchado en casa o a una niña de 10 años que sube fotos en Instagram.  Cuestión de educación, de hábitos, de normas y límites. Los niños y niñas que hoy tienen 3, 5, 7, años...se enfrentan a un mundo digital tan lleno de posibilidades como de riesgos. El mayor riesgo es dejar de ser niños y niñas, dejar de pensar como han de pensar los niños y niñas conforme a la naturaleza de sus cerebros que la naturaleza ha provisto (y no de los estímulos e información inadecuada e incapaz de poder ser procesada adecuadamente), y dejar de jugar a lo que siempre han jugado los niños y las niñas por centrar su tiempo y atención en aparatos diversos. Algo hay que hacer.


Por eso, cuando una mamá me pidió que yo valorara unas normas que ella entendía que podría ayudar a que sus hijos usaran de manera adecuada las pantallas, me pareció que eran muy interesantes y le pedí que me prestara esas ideas para desarrollarlas un poco, añadir alguna cuestión más y poder compartirlas en una entrada.

Estas orientaciones en principio irían dirigidas a padres, madres y educadores/es de niños y niñas de 2 a 12 años (antes de esa edad existen profesionales médicos, entre ellos la Asociación Americana de Pediatría que desaconsejan su uso). Ni están todas las que son (o deberían ser) ni pretenden ser dogma para nadie, sólo reflexiones que pueden ser compartidas (o no):

  • En relación a los contenidos:
1. Programas o contenidos de tipo informativo: Videos cortos que explican cosas del tipo de "cómo se hace" (experimentos, manualidades, papiroflexia, etc), o algún otro contenido que fomente su curiosidad a partir de situaciones reales, es decir, que les facilite herramientas para promover la creatividad o ideas para desarrollar su capacidad de razonamiento.

2.     Programas infantiles o dibujos animados o juegos interactivos que previamente los adultos hayamos comprobado que son adecuados, es decir "relatos" o historias que no sean contrarios a los valores que se pretenden transmitir en la familia. Quedarían fuera  programas que sexualizan a niños o niñas desde pequeños o las series dirigidas a personas adultas;  o aquellos otros donde la figura del mujer  o niña aparece sometida o humillada al poder masculino; o programas o viodeojuegos excesivamente violentos  donde la única trama es la conquista o dominación; o programas que desautorizan a las personas adultas bien porque las ridiculicen o bien porque las muestren comportándose de una manera inmadura y poco responsable (como ocurre en algunos dibujos animados bien conocidos).

  •  En relación a los tiempos:
1.     No tener la TV encendida como "música de fondo" todo el tiempo y que tengan acceso de manera indiscriminada a cualquier cosa: telediarios, concursos tipo reality sohw,  programas de “cotilleo”, etc. La mente de los niños es fácilmente influenciable con la información que proviene de los informativos, en los que en numerosas ocasiones se informa de tragedias, desdichas y desgracias varias. De hecho, en buena medida contribuyen a la creación y mantenimientos de miedos que, aún siendo evolutivos algunos de ellos (como el miedo a la muerte o a que pase algo a la familia) se cronifican al ser reforzados con la cantidad de muertes, accidentes y peligros de los que se informan. De igual modo, los reality show muestran que todo puede ser exhibido, que no hay lugar para la intimidad y además, se presencian formas de comunicarse y resolver situaciones de convivencia en muchas ocasiones de hostilidad, insultos y otras lindes. Los programas de cotilleo, por su parte, no aportan a los niños y niñas ninguna información de interés, ni cultural, ni de ocio sano, sino más bien la intromisión en la vida de las personas.

2.     En cuanto a los tiempos, y teniendo en cuenta como hemos dicho antes que no valen todos los contenidos, y con independencia de que sea en la TV, tablet o movil , no más de 3 o 4 capítulos o jugadas, nunca más de hora y media seguidas en el caso de los/las más mayores, mucho menos en los/las pequeños/as a los que no se debería dejar más de una hora. Obvia decir que los videojuegos no deben interferir las rutinas y hábitos saludables de los niños y niñas, por lo que dado que entre tareas, rutinas, juegos con otros niños/as, etc., tendrían que estar restringidos a los fines de semana.

3.     En el coche al viajar, NO acostumbrarles a coger las pantallas en todos los trayectos, solo cuando el viaje dure más de 30 minutos. El poder adictivo de los videojuegos engancha de una manera increíble, de tal forma que se convertirá pronto en un hábito que, además de ir sumando el tiempo de exposición a las pantallas, va en detrimento de las relaciones interpersonales.

4.     En el caso de las películas, que tienen una mayor duración, por supuesto no vamos a demonizar su visionado cuando estas pueden ser una herramienta pedagógica muy útil, pero no podemos encadenar una tras otra. Cuando se termine la película se pedirá al niño o niña que cambien de actividad. Con ello no sólo les educamos en el buen uso y evitamos adicciones, sino que también estamos educando en la tolerancia a la frustración problemática que se encuentra a la base de todos y casi todos los problemas de conducta.

5.     Las pantallas NO deben ser utilizadas en forma de “chantaje” para que se porten bien, no son una alternativa al buen comportamiento. ¡Ceder por parte del adulto para no oírles llorar o para que se callen cuando nos interrumpen les lanza el mensaje de que es posible conseguir un ratito más de Tablet o de TV, solo hace falta que el medio que utilizan como moneda de compra (llanto, gritos, interrupciones) cobre más fuerza!.

6.  Tampoco deben ser utilizadas para distraerlos ante una frustración, decepción o algún otro estado emocional que no están sabiendo gestionar. El precio es caro pero lo peor no es la dependencia en sí que se puede gestar. Lo peor es el aprendizaje de asociar la calma ante el estrés, enfado o frustración a la “administración de la pastilla virtual”, es decir, a la tranquilidad que le proporcionan las máquinas y no el buscar la seguridad en el adulto, la reflexión y el autoconocimiento.

7.     Nunca para irse a dormir o al despertarse. Las pantallas no deben ser ni lo primero que vean al levantarse ni lo último que utilicen antes de irse a dormir. Para inducir el sueño se aconseja realizar actividades tranquilas que inviten al cuerpo y a la mente a dejarse llevar por el sueño, como por ejemplo contar un cuento o charlar acerca de cómo ha ido el día.

  •   En relación a los contextos:
1. En compañia de alguna persona adulta. Dos son los conceptos claves que SOLO LOS ADULTOS deben tener en cuenta: Supervisión y límites. La primera por lo que ya hemos comentado, los segundos porque los niños y niñas no entienden de tiempos cuando están embelesados ante una pantalla y siempre quieren más.

2.     Dar pie a que se pueda comentar juntos/as lo que se ha visto al terminar el visionado de un programa de televisión o un juego. Aunque vivimos en la era de la información, lo cierto es que ni ha habido ni habrá mejor información que la que proviene de un padre, madre o tutor/a sensible, atento y disponible ante la curiosidad o el interés de un niño o niña por un tema. Las pantallas pueden ser herramientas. Los adultos somos los técnicos de la información que enseñan a emplearlas adaptándolas a la edad cronológica y mental (que no siempre van parejas).

3.     El uso de los aparatos debe respetar al resto de personas con las que se comparte el  espacio, es decir, el volumen no muy alto, pactar lo que se va a ver para que no siempre salga ganando una de las partes, negociar el reparto del espacio en el sofá, etc.

Obviamente esto no son más que reflexiones acerca de lo que sería recomendable en cuanto al uso de las pantallas de niños y niñas de 2 a 12 años  y por supuesto habría muchas más cosas a tener en cuenta. 

Algunas otras recomendaciones realizadas por la Asociación Española de Pediatría y la Policía Nacional son las que se recogen en esta imagen:




Como reflexión final yo acabaría esta entrada con dos frases para invitaros a seguir pensando:


          LAS PANTALLAS NO SON JUGUETES

          ELLOS PIDEN, TÚ DECIDES

domingo, 14 de enero de 2018

Re-bajas educativas para padres y madres

Hola a todos y todas. En primer lugar desearos un Feliz Año Nuevo y que los 365 días del mismo podáis disfrutar, reír, soñar y sobre todo amar. 

Retomo el blog a propósito de las dichosas rebajas tan típicas de estas fechas. Dichosas porque son causa y efecto de dicha, entendida como ese estado de ánimo y satisfacción próximo a la felicidad. A todos nos gusta conseguir alguna ganga a buen precio, disfrutar levantando prendas de un montón hasta encontrar esa que de repente se convierte en "lo que necesitabas". Solo que las rebajas que propongo hoy tienen que ver con pautas educativas de padres y madres y no de ropa o de artículos del hogar!!!


                                                                             


Todo esto viene de hace tiempo. Por mi trabajo en ocasiones tengo entrevistas con papás y mamás desbordados, cansados, agobiados por la conductas de sus hijos y/o hijas. En ocasiones son adoptados, otras de acogida, a menudo biológicos...pero todos ellos y ellas niños y niñas, solamente eso ( y nada más y menos que eso!!).

Me entristece escuchar a los adultos cuando dicen que no pueden más, que sus hijos les provocan, les hacen daño con su conducta o simplemente que son desagradecidos y maleducados. Un hijo o hija no debe nunca agradecer (en el sentido de deuda) los afectos de sus cuidadores, no es un favor, ni una transacción ni por supuesto un acto de compasión. Con pasión sin embargo deberían ser los gestos de amor e incondicionalidad de los adultos hacia los niños y niñas, cuando son obedientes pero sobre todo cuando no lo son. Los afectos no son moneda de intercambio, emanan del interior cuando se siente amor hacia el otro, con independencia de la conducta. Os recuerdo la frase tan bonita de Amanda Céspedes que decía "Los niños merecen más nuestra atención y afecto cuando menos los merecen sus actos"  a la que dediqué una entrada en el blog. 


Escuchar esta semana a un niño decirme delante de sus padres que tenía miedo que le volviera a pegar su progenitor, que temía que le diera un correazo, me llegó al alma. Casi tanto como cuando otro niño esta misma semana me decía "¿verdad que me he portado peor que nunca?" buscando mi enfado y rechazo inmediato a su persona llamando la atención durante toda la sesión. ¿Cómo atribuir maldad a la conducta de los niños y niñas? No hay niño ni niña malos, sólo tienen una mala conducta, que en la mayoría de ocasiones ni ellos mismos entienden, ni saben gestionar, ni desean. ¿Por qué los adultos juzgamos a los niños y niñas con el mismo rasero que a los de nuestra edad? Y si un niño o niña tiene algo de malicia o picardía parémonos a pensar porqué es así, qué experiencia de vida ha tenido para aprender esa estrategia. No son más que trajes, caretas en forma de defensa que hacen que mientan, rompan cosas, contesten mal o molesten. La conducta inadecuada de un niño o niña es SIEMPRE responsabilidad de uno a más adultos que no han sabido educar, le han dañado o no han sabido entender sus emociones y leer entre líneas lo que les pasa en su mundo interior. Cuando eso se cronifica aparecen los niños y niñas "maleducados", "imposibles", "insoportables". Incluso aquellos/as que presentan algún tipo de patología o trastorno es responsabilidad de los adultos de su entorno la atención de sus necesidades en cuando a límites, normas, tratamientos médicos o farmacológicos (en caso de ser necesarios). 

Por todo esto y porque estamos en épocas de rebajas, quisiera que si lees esto y está bajo tu cuidado un niño o niña, que re-bajaras de tu repertorio de conductas las cosas que a continuación recojo. Seguro que te llenará de dicha, además de satisfacción personal, comprobar que seguir estos consejos puede tener resultados espectaculares. Re-bajar o lo que es lo mismo, disminuir e incluso eliminar determinado tipo de reacciones adultas que no solo no educan sino que dañan es lo que te pido. Aquí van las "ofertas":

- 1. NO UTILIZAR NUNCA EL CASTIGO FÍSICO. Emplear la fuerza en forma de bofetada, palmada en el culo, manotazo o cualquier otra expresión de agresividad hace un daño irreparable en tu hijo/a. Duele más a nivel de corazón que a nivel físico. Quizás yo no te convenza lo suficiente por lo que párate un momento a ver esta publicación de Save the Children, "Educa, no pegues", una guía que seguro que será una gran adquisición para ayudarte a ser padre o madre. En cualquier caso, y por supuesto entendiendo que tienes derecho a enfadarte y poner límites y aplicar consecuencias, pegar a un niño o niña no es más que un acto de cobardía, de impotencia y de mala gestión de la rabia.


- 2. CAMBIA TU LENGUAJE PARA ENSEÑAR A REFLEXIONAR. Te invito a que cambies la frase "estoy enfadado/a" por "estoy triste" para ayudar al niño a niña a entender que su conducta tiene repercusiones en los demás. El enfado es asociado en muchas ocasiones con dejar de querer. Piensan que si los adultos se enfadan pueden llegar a rechazarles y eso no puede ser ( y si es así, si odias a tu hijo o le rechazas cuando se porta mal háztelo mirar, el amor debería ser incondicional aunque sus actos sean inadecuados).

-3.NO MEZCLES TEMAS. ¿Sabes lo que hacen las vacas cuando comen? Se llama regurgitación y es lo que hacen muchos padres y madres que no resuelven los conflictos con sus hijos/as y vuelven a traer al presente cosas que  los pequeños/as hicieron antes (generalmente inadecuadas) para echar en cara y sumar enfados. Esto vuelve a ser un acto de cobardía adulta, buscar argumentos "regurgitantes" que lo más que hacen es dañar la estima de los hijos/as. Una cosa es recordar que no es la primera vez que pasa, que se espera que haya un cambio, etc.,... y otra que se convierta en crítica recurrente.

-4. NO UTILICES EL CHANTAJE EMOCIONAL. La conducta de un niño o niña no puede "matar a disgustos" a un padre o madre, ni consigue que enferme ni que se vuelva loco/a. Y si algo de esto pasa, es seguro, pero de verdad, seguro, seguro, que no es SOLO por la mala conducta del niño o niña, sino que habrá otros factores estresores o patológicos o una mala gestión de las emociones que hace que los adultos se encuentren tan mal. 

-5. APRENDE A ENFADARTE. No es fácil, lo sé. Pero si tú aprendes a enfadarte bien, tu hijo aprenderá a hacerlo también. No podemos pedir a los pequeños que estén calmados si no somos capaces de hacerlo nosotros!!. Relajación, respiración, relativización de importancia de las situaciones, comunicación adecuada. No dejes de ver este video que, además de ayudarte a tí seguro que le viene bien a tu hijo o hija: 





Bueno, espero que las  re-bajas vayan bien. Un abrazo!!

     

lunes, 17 de julio de 2017

Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol

Después de un tiempo de silencio forzado vuelvo (o al menos lo intento), a retomar el escribir en mi blog. Y digo forzado porque, aunque por diferentes causas, no era mi intención desaparecer o dejar de escribir todo este tiempo. Simplemente la vida te da momentos, unos de calma, otros de bloqueo, unos cuantos más de ocupación y preocupación. Pero en el fondo siempre queda la posibilidad de decidir dejándote llevar por la ilusión, y empiezo de nuevo a tenerla.
Llevaba días pensando cómo retomar el tema, pero no encontraba algo suficientemente interesante para ello. Pero anoche, volviendo a ver la película de Disney, “Brave”, encontré la añorada inspiración. Conceptos como destino y vínculo son, en mi opinión, dignos de formar parte de nuestras reflexiones, al menos por un tiempo.
Si habéis visto la película, hay dos grandes cuestiones sobre las que trata. Por una parte, la necesidad de la protagonista, Mérida, de poder decidir sobre su vida (querían casarla con alguien a quien ella no amaba siguiendo una antigua tradición) y por otro, el amor entre madre e hija y el vínculo creado entre ambas, imposible de romper pese a las adversidades. 
“Algunos dicen que nuestro destino está conectado a la tierra, que es parte de nosotros como nosotros de ella.
Otros dicen que el destino está entretejido como una tela, entrelazando el destino de uno con el de muchos otros, es aquello que más buscamos o luchamos por cambiar, algunos nunca lo encuentran, pero hay otros que… son guiados a él”.
Más allá de cuestiones trascendentales o filosóficas sobre el destino, creo firmemente que los vínculos que se van forjando en el niño o niña, y más concretamente, el vínculo con sus padres o cuidadores es, con mucho, el mapa cartográfico que va a ir diseñando el camino a recorrer cuando llegue a adulto. Destino y vínculo están emparejados con la resiliencia infantil (que da nombre a este blog). 
Dicen mis estimados Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan que “La resiliencia infantil, es una capacidad que los niños y los adolescentes pueden desarrollar cuando sus recursos naturales se desarrollan y se potencian gracias a las competencias y habilidades de adultos significativos que satisfacen sus necesidades y les respetan como sujetos de derechos”. Cuidar, proteger y educar están a la base de todo ello. Un vínculo que se transforma en apego como fuente de seguridad y confort cuando el adulto es sensible, cercano y coherente en sus manifestaciones explícitas e implícitas en su relación con el niño o la niña. El objetivo primordial del apego, en tanto que sistema relacional, es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza con el fin de conseguir seguridad, consuelo y protección. Cuando ese apego es seguro, es posible explorar el entorno, hacer frente a los desafíos que la vida presenta en diferente formato. En definitiva, en desarrollar la resiliencia.
Yo nunca antes me había preguntado, o al menos de forma muy consciente, qué hemos hecho mi marido y yo en esta labor educadora, protectora y cuidadora con nuestras hijas para que hoy en día, que ya son adultas, podamos sentirnos tan orgullosos de cómo son y de sus logros. Es decir, qué es aquello que nos caracteriza como familia más allá de las funciones propias de cualquier padre o madre que ha hecho que se promueva en ellas estos factores de resiliencia de los que hablamos. Comentándolo hoy con mi marido me ha respondido "querernos mucho y querer estar siempre juntos". Y no lo decía solo en sentido de pareja, sino más allá, de disfrutar en familia, de hacer excepcional lo cotidiano cada día. Siempre me ha sorprendido lo felices que nos hacen las pequeñas cosas: un paseo juntos, una comida familiar, compartir una noticia o algo que nos ha pasado, reirnos de cualquier cosa (incluso de nosotros mismos). Infinitas cápsulas de felicidad que inundan de un sentimiento especial la relación familiar.

Si tuviera que elegir una frase que resuma lo que hemos intentado transmitirles seguramente sea una que hace poco encontré de forma casual: "La felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace". Siempre hemos apoyado sus sueños (los posibles, sin perder el grado de cordura que se ha de mantener para ser un padre/madre competente). Que hicieran siempre lo que quisieran pero porque deseaban hacerlo y les hacía felices. No pretendo ni mucho menos ser ejemplo de familia, solo compartir una reflexión en voz alta. Quizás nunca estimulamos a nuestras hijas como otros padres hacían enviándoles a campamentos, a estudiar a Inglaterra, a cultivar deportes como el tenis o la danza, pero el resultado de lo que hicimos descontando lo que dejamos de hacer que acabo de señalar, han dado como producto dos seres excepcionales que no dejan de sorprendernos sobre todo ahora en momentos difíciles. Nunca imaginé lo que las dos son capaces de hacer, de conseguir unir aún más a la familia, de expresar sus capacidades resilientes.

Volviendo a Mérida, la protagonista de la película Brave, con su ímpetu, valentía, arrojo y un sin fin de cualidades positivas, podemos tomarla como un ejemplo de resiliencia. No aceptó el destino que le venía escrito, sino que quiso reescribirlo de algún modo para enseñarle a la vida que las experiencias van cobrando forma hasta promover cualidades quizás nunca antes pensadas de uno mismo. Factores ligados a lo biológico como es el temperamento, no condicionan de manera prefijada una forma de ser o personalidad. El hijo de tigres rayado nace dice el dicho, pero posiblemente sus rayas sean bien distintas o se desdibujen, incluso se lleguen a borrar por efecto del contexto. Es inestimable el poder del entorno, y el entorno es algo sobre lo que podemos intervenir y modificar.

Lo importante, lo verdaderamente importante, es que cada niño o niña pueda ser lo mejor de sí mismo/a, pueda desarrollar sus potencialidades, pueda vincularse a los demás de forma positiva para disfrutar de la capacidad de socialización que por naturaleza le viene dada, pueda ser capaz incluso de cambiar su destino porque tuvo unos lazos de afecto que hicieron de él o ella una persona capaz de transitar por la vida de forma segura.

“Algunos dicen que la suerte está más allá de nuestro control, que no somos dueños del destino, pero yo sé que no es así. Nuestro destino vive dentro de nosotros, sólo hay que ser valiente para verlo”. Con esta bonita y profunda frase termina la película. La valentía debería ser una asignatura en la escuela, no tanto para enfrentarse a miedos e inseguridades (que también), sino para aprender a afrontar las adversidades y salir fortalecidos. Pero también en la familia debe trabajarse la valentía, esa que supone aceptar (no resignarse) lo difícil y complicado que nos sucede, a confiar en uno mismo, a saber pedir ayuda y prestarla, a reconfortar al otro y pedir consuelo cuando lo necesitamos, a nos rendirse por dura que sea la batalla, pero sobre todo, a forjar un vínculo que nos permita ser de alguna manera protagonistas en nuestro propio destino. No podemos evitar el viento, pero podemos construir molinos.


Quiero compartir con vosotros/as como cierre este cuento titulado "Sueños de semilla" de Jorge Bucay, para seguir pensando sobre el tema:
 "En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.
…Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo.
En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después. Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen que dar.
Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos. 

Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas… para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.

Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta. 

Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez  cegadora.

Y así crecemos, nos desarrollamos,  evolucionamos… Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer,… una sabiduría interior las acompaña… porque  cada semilla sabe… cómo llegar a ser árbol…".

Si los padres o cuidadores sabemos cuidar y mantener vivas todas esas semillas posibles en nuestros hijos e hijas podremos sorprendernos, llegado el momento, de la belleza, fortaleza, frondosidad y magestuosidad de las potencialidades que tenían y a las cuales se les ha brindado la oportunidad de desarrollarse.
Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol...si tiene buenos jardineros, tierra donde echar raíces, un abono que le ayude a crecer y un entorno favorable que mitigue los vientos huracanados y le permita nutrirse de la luz y el calor necesarios para ser el árbol que estaba esperando y deseando ser.

martes, 13 de diciembre de 2016

Generando posibilidades: apego, resiliencia y parentalidad positiva

"Parentalidad es el aprendizaje de la cooperación a través de “dar y recibir” entre padres e hijos en el marco del respeto de la integridad de cada uno. Sabemos que algunas conductas parentales son positivas para los niños. Ellos, al igual que los adultos, cooperan mejor con personas que les tratan con amabilidad, respeto, comprensión y reconocimiento."

Así se recoge en uno de los documentos elaborados por el Consejo de Europa acerca de las políticas de apoyo a la parentalidad positiva.

Si lees lo anterior por segunda vez, en un afán de intentar comprender mejor lo que dice, puede que pasen al menos dos cosas. La primera, que te cuestiones eso de "dar y recibir" mutuamente. ¿acaso los padres reciben algo de los hijos? ¿se puede hablar de cooperación en esto de la parentalidad o es solo unidireccional? Y la segunda, parece una perogrullada eso de que los niños cooperan mejor si se les trata bien....¡Pues claro, como no!

Si has pensado alguna de ellas -espero que no-, sigue leyendo el siguiente párrafo (si no es así también, pero no te diré nada que no sepas por propia lógica o por tus conocimientos):

Aunque puede parecer una obviedad, lo cierto -y lamentablemente lo real en muchos casos- es que la  parentalidad competente o positiva que permita satisfacer las necesidades de niños y niñas sigue siendo la asignatura pendiente no sólo para las familias sino también para las instituciones. Ser padre o madre no es nada fácil. Ser padre o madre competente es un reto. Todavía encontramos hoy a padres y madres que no saben, no pueden o no quieren desempeñar su rol de manera adecuada, respetando al niño o niña como un ser con derechos, y no sobre el que se tiene derechos de propiedad. La huella que deja una infancia maltratada en ocasiones se traduce en prácticas parentales incompetentes años más tarde cuando el ahora padre o madre pone en práctica lecciones aprendidas de forma involuntaria años atrás pero que en la actualidad voluntariamente se aplican, justificando su validez porque otorgan aparente autoridad y sobre todo sensación de control.

Hay una frase que me gusta mucho compartir, y que dice algo así como "Tener un hijo no le convierte a uno en padre o madre al igual que  tener un piano no te convierte en pianista". Y tanto que no. 

La Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (CDN) recoge el derecho del niño a la protección (ser tratado sin violencia) y a la participación (respeto a sus opiniones). Además señala que los padres deben proporcionar a sus hijos: 

• Cuidado y protección (Comportamiento nutricio) lo que significa responder a la necesidad de amor, afecto y seguridad del niño. 
• Estructura y orientación: lo que implica proporcionar al niño sensación de seguridad y previsibilidad, regularidad y al mismo tiempo la flexibilidad necesaria. 
• Reconocimiento: que se refiere a la necesidad del niño a ser visto, escuchado y valorado como persona.
• Capacitación: para aumentar la confianza en si mismo, sus competencias y el control personal.


"Los niños de hoy viven en un mundo diferente en el que crecieron sus madres y sus padres. Esto conlleva reconsiderar la educación de sus hijos e hijas y, en algunos casos, aprender de nuevo a educarles". Y ello requiere el aprendizaje de nuevas fórmulas o replanteamiento de las prácticas parentales. 

Comparto con vosotros una metáfora a la que llevo dando vueltas algunas semanas, no es lo mismo el plano que el mapa. Me explico: cuando una persona decide ser padre biológico o adoptivo (o le viene dado a veces de manera fortuita lo primero) se crea un imaginario de cómo será ese hijo o hija, unas expectativas, intereses, proyectos para su futuro inmediato y más remoto. O lo que es lo mismo, se construye un plano de cómo proyecta o imagina su "meta/hijo", una construcción ideal e idealizada. El resultado se planifica de antemano, se diseña, algunos con formas muy rudimentarias y sencillas, y otros ambiciosos e incluso suntuosos... Y que en la mayoría de los casos no coincide con la realidad.

Algo distinto es el mapa, que permite moverse en el terreno de lo tangible, de lo alcanzable en tanto que permite descubrir formas distintas pero fiables de llegar al "tesoro/hijo". La POSIBILIDAD de llegar de diferentes maneras a completar el camino, pero sobre todo, la POSIBILIDAD de parar, repensar la ruta, de retroceder incluso para luego avanzar. A diferencia del plano, el mapa viene dado desde fuera a los padres, no lo diseñan, es la realidad misma, las características del hijo o hija, las circunstancias externas o estresores, las adversidades, los atajos, en definitiva, lo impensable porque no es posible predecir el camino ni cómo va a ser el mismo. Las "pistas" que conducen por el sendero adecuado son descubiertas por padres y madres y madres competentes pero también se pueden aprender.

Los profesionales tenemos una gran responsabilidad a la hora de apoyar la parentalidad positiva. Señala el Consejo de Europa que, a fin de afianzar las habilidades parentales, se recomienda a los profesionales centrarse en la comprensión de las necesidades evolutivas del niño, las responsabilidades y capacidades de sus padres para responder a esas necesidades, las relaciones e interacciones entre los miembros de la familia y las necesidades de la familia como unidad básica de la sociedad.

Y precisamente dirigido a profesionales (aunque abierto también a padres y madres interesados), tengo la satisfacción y el interés de recomendaros que os inscribáis a las II Jornadas de Apego, Resiliencia y Parentalidad Positiva que organiza Biraka los días 10 y 11 de febrero de 2017 en la ciudad de Vitoria-Gasteiz. 

Permitidme que parafrasee lo que mis compañeros y amigos de Biraka recogen en su web (http://www.biraka.org/asociacion-2/) para explicar las Jornadas:

"Una de las labores más importantes que tenemos como profesionales, figuras parentales y cuidadores es la capacidad para generar espacios y tiempos que ofrezcan a los niños, niñas y adolescentes posibilidades de desarrollo personal y comunitario. Es la esencia del acompañamiento, de los buenos tratos. El arte de conectar, de posibilitar, de ayudar a desarrollar sus recursos naturales a través de las habilidades y competencias de los adultos significativos. La resiliencia así pues, se construye en la interacción con el otro, tejiendo vínculos sanos que aporten seguridad afectiva desde una presencia comprensiva. 

"El arte de generar posibilidades" va a ser el pilar sobre el que se van a construir estas jornadas, donde ponemos el acento, desde la idiosincrasia de cada ponente, en la importancia de permitir al Otro verlo más allá de sus dificultades, caos o problemas. Estamos diseñados neurobiologicamente para conectar, para sentirnos conectados. Una conexión que pone en valor en la otra persona el sentimiento de ser digno amor y pertenencia. Esta segunda edición pretende dar una vuelta de tuerca más al aprendizaje a través del espectáculo, de lo concreto y de lo práctico. Con una filosofía puramente "Dando Vueltas" acercaremos al espectador a un mundo de emociones, de ciencia, de posibilidades, de conexión a través del Apego, la Resiliencia y la Parentalidad Positiva. "

Un programa de lujo con ponentes de gran renombre, unos temas super interesantes y un escenario increíble en el Palacio de Congresos de Vitoria ¿Qué más se puede pedir? Un precio increíble (imposible encontrar una formación de calidad a ese precio). 



Seguro que nuestros amigos organizadores nos sorprenden una vez más es esta II Jornada formativa que será sin duda el germen de buenas prácticas profesionales que permitirán apoyar a muchos padres y madres en su labor educativa y de crianza, generando posibilidades para la promoción del bienestar de niños, niñas y adolescentes.


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