"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

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sábado, 16 de noviembre de 2013

Ser diferente, ser resiliente.

¡¡iDiver-capacidad!!! Bonita palabra. Suena algo así como a capacidad para divertirse, lo  que debería acompañar cualquier situación en la que un niño o una niña pueda mostrar alegremente sus capacidades. Mostrar a los otros lo que sabes, lo que puedes hacer, las habilidades en las que destacas… poniendo el foco no en las limitaciones sino en las fortalezas.

Pero la diver-capacidad en esta entrada tiene que ver con la conjunción de dos vocablos: DIVERSIDAD Y DISCAPACIDAD.

Entender qué es la discapacidad puede ser más fácil: Significa que hay una limitación en alguna de las capacidades que tenemos todas las personas: hablar, caminar, relacionarnos, comportarnos cuando estamos junto a otras personas, ver, oír… Esta limitación (que puede ser debida a que, por ejemplo, alguna parte de nuestro cuerpo está dañada y no funciona bien) implica que la persona que la sufre tenga dificultades para hacer algo o bien, no pueda hacerlo como el resto.

Por este motivo lo correcto es hablar de personas con discapacidad, nunca de discapacitados: porque a pesar de que alguien pueda tener una limitación para ver, por ejemplo, tiene otras muchas capacidades: puede caminar, oír, jugar, trabajar…

Por cierto, ¿Sabías que Nemo, el protagonista de una conocida película de dibujos animados tenía una discapacidad? Nació con una aleta más pequeña con la que le resultaba más difícil nadar como los otros peces. Su padre era muy sobreprotector y no confiaba demasiado en las capacidades de Nemo. Eso producía en el pequeño pez mucho dolor hasta el punto de llegar a rebelarse a la actitud de su padre corriendo con ello serios peligros. Para Nemo, tener una discapacidad no era sinónimo de ser inútil, de ser tonto o de ser poco importante. Tenía otras cualidades muy valiosas más allá de su pequeña aleta malformada.

¿Imaginas un fondo marino en el que todos los peces fueran del mismo color, tamaño y forma? La diferencia es lo que enriquece, da vida, colorido.
 
 
 
 

Y aquí entra en juego la DIVERSIDAD.
Diverso es sinónimo de diferente, pero ser diferente no siempre es fácil. El mundo es diverso, sí. Todos somos únicos, diferentes, irrepetibles. Pero la integración no es una palabra que acompañe a todos los niños y niñas en su entorno.  Burlas, obstáculos, dificultades añadidas a la ya dura tarea de ser niño o niña, hacen que ser diferente sea a veces una gran adversidad...

http://www.fundacionadecco.es/_data/SalaPrensa/Estudios/pdf/272.pdf

El libro “Diferentes. Guía ilustrada sobre la diversidad y la discapacidad”,  escrito por Angels Ponce e ilustrado por Miguel Gallardo es una Guía elaborada por OHL y Fundación Adecco para la sensibilización y el acercamiento de valores que ayuden a la integración de las personas con discapacidad en la sociedad. Está dirigido a niños de 4 a 8 años y sus padres, si bien en mi opinión se trata de un magnífico material de trabajo en todas las edades.

De una manera amena y muy clara con ilustraciones, aborda temas como lo importante de entender que todos tenemos capacidades diferentes y dificultades para algunas cosas, que la diversidad está en todas las partes, y que a pesar de ello, todas las personas, con discapacidad o no tenemos muchas cosas en común.

Muchos niños y niñas con síndrome de Down, lesión medular, autismo, ceguera, TDAH (trastorno por Déficit de atención con hiperactividad), etc., superan cada día con optimismo, alegría, buen humor, motivación…gracias a que los que le rodean le transmiten afecto y confianza.

Las cualidades personales más importantes que facilitan la resiliencia, según se recogen en algunas investigaciones, tienen que ver con:

a) autoestima consistente;

b) convivencia positiva, asertividad, altruismo;

c) flexibilidad del pensamiento, creatividad;

d) autocontrol emocional, independencia;

e) confianza en sí mismo, sentimiento de autoeficacia y autovalía, optimismo;

f) locus de control interno, iniciativa;

g) sentido del humor;

 h) moralidad.

Estas y otras características individuales asociadas a la resiliencia no son innatas sino que proceden de la educación y, por lo tanto, pueden aprenderse. Familia, escuela y sociedad tienen por tanto un papel importante en la promoción de la resiliencia.
 
No podemos olvidar que las cualidades que llevan a la resiliencia se construyen en la relación con el otro, que para bien o para mal estamos modelados por el trato y las miradas de los demás.
 
Un buen ejemplo de iniciativa para la promoción de personas con discapacidad es el siguiente vídeo editado por la  Junta de Andalucía que os recomiendo veías y compartáis ,principalmente el lema final de la canción:
 
 “SEAN CUALES SEAN NUESTRAS DIFERENCIAS, FACILITEMOS LA CONVIVENCIA”.


 

martes, 20 de agosto de 2013

Adolescencia, identidad y resiliencia: encontrar un sentido a sí mismo (contado por Grotberg)

¿Recuerdas cómo eras siendo adolescente? ¿Qué cosas te preocupaban? ¿Había aspectos de tí mism@ que no te gustaban? ¿Te veías diferente a l@s otr@s? ¿Son iguales todas las adolescencias? ¿Qué es para tí la identidad?
Con esta entrada cerramos la aportación de Edith Grotberg que he querido compartir con vosotros que habla de los ladrillos de la resiliencia, refiriéndose a cómo se puede promover la misma a medida que la persona se va "construyendo" y que se recoge en su obra "La resiliencia en el mundo de hoy".  
 
Si continuáis leyendo además veréis cómo hay un aspecto que recoge Edith relacionándolo con la identidad: el temperamento y su influencia en la respuesta a las adversidades. De este modo, una vez más, herencia (entendida como rasgos heredados) y ambiente (como el apoyo, orientación y acompañamiento del adulto) confluyen en ese mágico cruce fuerzas que dan lugar a la resiliencia.

Ahí va la entrega final de esta serie:

"5. Quinto ladrillo: la identidad
Desarrollamos nuestra identidad durante la adolescencia. Las preguntas más importantes que uno se formula durante estos años son:

-  ¿Quién soy yo?

-  ¿Cómo me veo con respecto a los otros de mi edad?

-  ¿Cómo son mis nuevas relaciones con mis padres (y otras figuras de autoridad)?

-  ¿Qué he logrado?

-  A partir de aquí, ¿hacia dónde continúo mi camino?

Cuando obtenemos respuestas satisfactorias a estas preguntas estamos mostrando nuestras habilidades para controlar nuestro propio comportamiento, para comparar nuestras conductas con los estándares aceptados, para ser útiles y poder brindar apoyo a los demás, para utilizar nuestra fantasía e iniciativa con el objetivo de hacer realidad nuestros sueños y para reconocer la importancia que tiene el idealismo en el momento de pensar y planear el futuro. En otras palabras, los factores resilientes no solo deben estar desarrollados sino que debemos estar disfrutando de ellos.
Muchos adolescentes que no pueden obtener respuestas satisfactorias a estas preguntas, comienzan a dudar de sí mismos y a sentirse inseguros en cuanto a quiénes son verdaderamente. Sienten que nadie los comprende, incluso ellos mismos. Pueden encontrarse totalmente confundidos en cuanto a las actitudes que deben tomar y cuál es su papel en la vida. Estos sentimientos de inseguridad pueden generar frustraciones, enojo, sensación de desesperanza. Observamos, cada vez más a menudo, que muchos de estos jóvenes se vuelven agresivos y, de hecho, depresivos. Un número importante de adultos continúa con estos mismos conflictos, pasan incontables horas y pagan abultadas sumas de dinero tratando de descubrir su identidad. Tal vez necesiten comprender que todos cambiamos permanentemente como resultado de nuestras experiencias, de nuevos análisis interiores y de las nuevas adversidades.
El pilar de construcción de la identidad completa los cinco pilares fundamentales de la resiliencia. Toma los factores resilientes importantes de cada etapa evolutiva y los integra para utilizarlos en las situaciones donde debemos enfrentar las adversidades de la vida.
Una puerta de entrada para comenzar a promover la identidad puede ser ayudar en el desarrollo de las capacidades interpersonales y en aquellas que ayudan a la resolución de conflictos. Lo podrían hacer discutiendo acerca de las capacidades interpersonales que tienen los individuos y aquellas que necesitan. Las capacidades sociales incluyen el hacer amigos que nos desafíen de manera constructiva, aprender a escuchar y a saber cómo expresar nuestro enojo, decepción, desacuerdo y empatía. Tal vez tendremos que comenzar a trabajar con un vocabulario sobre las emociones. Muy pocos adolescentes (y adultos) pueden describir con precisión sus sentimientos y contarle a alguien cómo se sienten exactamente. Algunos desconocen cómo ser un buen amigo y necesitan ayuda para lograrlo: mostrar lealtad, compartir, ayudar, confiar.
Gran cantidad de adolescentes necesita ayuda para llegar a un acuerdo sobre su tendencia a involucrarse en actividades que los sobreestimulan. Casi todos ellos disfrutan de la excitación, de las nuevas experiencias y de las conductas que involucran correr riesgos. Sin embargo, esto puede volverse autodestructivo, y uno debe ayudarlos a ver los potenciales peligros. Podemos sugerirles que busquen hacer amigos para disfrutar de actividades excitantes y divertidas pero no autodestructivas. Este  tipo de amistades pueden ayudarlos a evitar el aburrimiento mientras mejoran sus capacidades sociales. Los adultos que no están seguros de su identidad o disfrutan de seguir siendo “adolescentes”, generalmente continúan desarrollando conductas riesgosas.
Podemos también brindar ayuda para que estos adolescentes mantengan sus lazos familiares, pero con algunos cambios en sus relaciones. Podemos hablar con ellos sobre su necesidad de mayor privacidad, sobre la necesidad de que sus ideas sean tenidas más en cuenta y sobre su deseo de poder negociar algunas de las reglas de comportamiento. Ayudémoslos a encontrar los caminos para poder dialogar con sus familias sobre estas nuevas necesidades que ellos experimentan.
Las siguientes pautas pueden ser tenidas en cuenta para promover la resiliencia en jóvenes adolescentes:
1.      Equilibrar la autonomía con la ayuda, que debe estar siempre disponible pero no impuesta.
2.      Moderar las consecuencias de los errores con amor y empatía, de manera que el joven se permita el fracaso sin sentir demasiado estrés o temor a la pérdida de la aprobación o del amor.
3.      Dialogar y negociar sobre algunos límites para aumentar la independencia; conservar sobre las nuevas expectativas y los nuevos desafíos.
4.      Incentivar al adolescente a aceptar la responsabilidad de las consecuencias de su comportamiento, mientras se le demuestra confianza y optimismo sobre el resultado esperado o deseado.
5.      Alentar y moderar la flexibilidad para elegir distintos factores resilientes cuando una situación adversa cambia. Por ejemplo, ante una situación muy difícil, buscar ayuda y no permanecer solo. Demostrar empatía en lugar de continuar ofuscado y miedoso. Compartir los sentimientos con un amigo en lugar de continuar sufriendo solo.

Un resumen de indicaciones para promover la resiliencia en los jóvenes incluye que usted:
a)  Construya confianza

b)  Se concentre en la persona, no en el conflicto

c)  Mantenga una actitud positiva

d)  Establezca grandes expectativas y provea la ayuda necesaria para que el joven pueda alcanzarlas.

Examine la resiliencia haciendo lo siguiente:
-  Proporcione oportunidades para un trabajo serio y un compromiso comunitario

- Comprometa a los padres

- Genere un sentido comunitario.

Podemos también ayudar tanto a los jóvenes como a los adultos a trabajar en un plan de amplio alcance. Necesitan planear no solo para mañana sino a largo plazo. Podemos sugerirles que consideren sus opciones e identifiquen a aquellos que podrían ayudarlos con sus planes a largo alcance. Debemos incentivarlos para que consideren las adversidades a las que posiblemente se enfrenten –falta de dinero, falta de cumplimiento con los requisitos solicitados, tener que asistir a cursos distintos de las materias que desearían tomar- y ajustar sus planes para enfrentar dichas adversidades. Los adultos que se encuentren en situaciones similares en sus vidas podrán sacar beneficios de este tipo de ayuda.
El temperamento de cada persona determina, de alguna manera, cuáles son los factores resilientes que les resultan más naturales para utilizar, cuáles resultan difíciles de promover y cuáles fueron las acciones que se realizaron. Básicamente el temperamento es la velocidad con la que una persona reacciona al estímulo.
En otras palabras, ¿reaccionamos casi sin pensar cuando algo sucede? ¿O respondemos muy lentamente, casi sin movernos a la hora de actuar?. La diferencia resulta muy importante, ya que si reaccionamos de una manera rápida, necesitaremos promover la determinación de límites y el manejo de la conducta con un control más estricto que en una persona que reacciona de forma lenta y que, de hecho, necesita aprender a reaccionar más rápidamente, en especial frente a situaciones críticas. El temperamento es parte de nosotros y no cambiará. Sin embargo, podemos aprender a reconocer nuestra tendencia a reaccionar muy rápidamente y aprender cómo debemos manejar nuestras respuestas para no actuar de forma precipitada. Si somos lentos para reaccionar, tal vez queramos practicar formas de respuesta a situaciones amenazantes, de manera que no nos veamos conmocionados por la velocidad en que suceden las cosas."
En definitiva, lo que Grotberg nos invita es a mirar a los niños y niñas como seres en construcción que necesitan de la ayuda de personas que les orienten, les guién, vayan acompañándoles a su propio ritmo en su "edificación"personal, respetando las diferencias y particularidades marcadas por esa individualización que nos caracteriza, pero dentro de unos parámetros que favorezcan su integración con los demás.

Espero que haya sido de vuestro interés. Para mí así ha sido.
 

sábado, 23 de marzo de 2013

El héroe de goma

 Cuántas veces habremos soñado con ser de goma y poder llegar allá donde nuestras manos no alcanzan o estirarnos para estar en dos sitios a la vez! O simplemente para demostrarnos a nosotros mismos y a los otros que lo que nos ocurre no nos afecta demasiado, que las adversidades rebotan en nosotros devolviendo el impacto como si nada hubiera ocurrido. Algo así como invulnerables a las dificultades.



Esa invulnerabilidad de la que hablaban los primeros investigadores sobre resiliencia pensando que había personas con unas características fuera de lo común que les hacía superar los problemas de una forma sobrehumana. Así le ocurre al protagonista del cuento El héroe de goma (escrito por Begoña Ibarrola y editado por el Imserso en 2008)  Alder, un niño de doce años que quisiera ser un superhéroe para afrontar de manera diferente sus propias limitaciones, para tapar ante los ojos de los demás lo difícil que es para él las tareas cotidianas que para otros son sencillas.


 

¿Cómo puede afrontar un niño la difícil tarea de saberse diferente y aceptarlo?¿Qué puede ofrecerle su entorno para amortiguar los efectos de su frustración, de su impotencia, de la incomprensión de sus iguales? Solo el buen trato y la satisfacción de sus necesidades afectivas va a permitir que pueda tejer lazos sociales que le permitan sentirse seguro y por tanto capaz, pero además que pueda forjarse una imagen de sí mismo positiva.

Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan señalan en su libro Los buenos tratos a la infancia (editorial Gedisa, 2007) que la esfera afectiva del buen trato está constituida por la satisfacción de:

a)      La necesidad de vínculos. Los vínculos profundos que el niño o la niña establecen con sus padres, con otras personas que les cuidan y con otros miembros de su familia originan la experiencia de pertenencia y de familiaridad (…). Una experiencia de vínculo en la tierna infancia asegura el desarrollo de la capacidad de diferenciarse, para convertirse en una persona singular, psicológicamente sana y con vínculos de pertenencia a su familia de origen y a su comunidad. 

b)    La necesidad de aceptación. Se satisface en la medida en que el niño o niña recibe gestos y palabras que le confirman y le acogen (…) Los mensajes de ternura dan al niño un lugar propio donde se siente aceptado y donde podrá comenzar a aceptar a los otros (…).El niño o la niña podrán diferenciarse del otro y ser una persona autónoma en la medida en que posee un lugar donde desarrollarse, y donde los otros significativos le acepten y confíen en sus capacidades.

c)  La necesidad de ser importante para el otro. Una de las necesidades básicas de los niños y las niñas es la de ser importante, al menos para un adulto. En el funcionamiento de una familia, la satisfacción de esta necesidad se inscribe en el proyecto que los progenitores tienen para sus hijos. Esto corresponde al conjunto de representaciones que ellos se hacen del futuro de su(s) hijo(s).

Vinculación, aceptación y reconocimiento son pues importantes resortes para la superación de adversidades y por tanto para promover la resiliencia infantil. Esos héroes de goma como Alder existen en nuestro alrededor. Pequeños grandes héroes que mantienen una apuesta constante con su vida y con su historia, un pulso con el equilibrio personal y social que les hace tambalearse pero al mismo tiempo recomponerse nuevamente. Héroes que tienen nombres propios muy alejados de los fantásticos seres mitológicos y que viven situaciones cercanas a nosotros: negligencia, maltrato, discapacidades físicas o psíquicas, muerte de seres queridos,acoso escolar, etc.

Descubrir sus fortalezas y cualidades no es tan difícil, sólo hay que mirar con las gafas adecuadas, esas que no sólo ven sus debilidades sino que pueden apreciar su luz interior.

 

 


 

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