"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

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jueves, 23 de abril de 2020

Expediente Covid 19. Comprendiendo nuestras emociones en la situación de emergencia social


Las semanas de confinamiento van pasando y a medida que ello ocurre todos y todas vamos notando los efectos que la situación está teniendo en nosotros mismos, provocando cambios en el estado de ánimo, en el cansancio e incluso en el umbral de tolerancia a la frustración, mostrándonos cada vez más irascibles o más emotivos. 

Dicen los que entienden que la resiliencia es la "capacidad de una persona o de un grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves.” (Manciaux, Vanistendael, Lecomte, Cyrulnik, Barudy). No cabe duda que la situación que estamos atravesando desde hace semanas es la adversidad más grave de cuantas nos han tocado vivir.


                                        Autoría Foto: Ana Jiménez

Precisamente la promoción de la resiliencia infantil en estos momentos depende en gran medida de cómo los adultos que están al cuidado de niños, niñas y adolescentes sean capaces de aprovechar sus recursos personales, los recursos externos con los que cuentan (ahora limitado) y el sentido que le dan a la experiencia de superar esta terrible pandemia. Por ello, este post va dirigido a los que cuidan, a los mayores, para repasar brevemente algunos aspectos a tener en cuenta para poder hacer mejor tu tarea, principalmente comprendiendo y contextualizando el momento que estamos viviendo:

1. Una piedra no es una montaña


Las personas nos enfrentamos a veces, además de adversidades de distinto tipo, algunas de ellas muy duras, como las que hemos visto en los últimos años en los medios de comunicación, tales como una riada, un terremoto o un incendio forestal. A diferencia de todas estas adversidades, el COVID19 presenta unas características muy diferentes:

·    Su duración. Después de más de dos meses que comenzó en nuestro país la expansión nos encontramos aún atravesando la adversidad (y lo que nos queda).
·   Su peligrosidad. Puede afectar a cualquiera de nosotros/as, no solo de nuestra familia, sino de nuestra ciudad, de nuestro país, de nuestro continente, de nuestro planeta... pudiendo provocar incluso la muerte, por lo que se convierte en un estresor de orden mayor.
·    Su impacto. Nos ha cambiado los hábitos, la forma en que nos relacionamos, la necesidad de aprender nuevas formas de trabajar (o resignarse a perder el trabajo).

No es por tanto una adversidad más, es el Everest de las adversidades. 


 2. Expediente X. COVID19

No hay nada peor que la INCERTIDUMBRE, con mayúsculas. Sumado a lo anterior, la impredecibilidad del virus, su desconocimiento, la falta de evidencias científicas por su corto tiempo de vida, hacen que se convierta en el peor enemigo. Y aún más, enemigo invisible, del cual solo nos podemos defender con las medidas higiénicas recomendadas que se tornan insuficientes. 

Sin duda, la falta de control sobre el virus y su carácter de amenaza, puede generar en nosotros una ansiedad generalizada (muchas veces inconsciente en el caso de las personas evitativas, de esas que prefieren no pensar demasiado) que afecta a nuestros sistemas implicados en el autocontrol, entre otros.

El COVID19 es el mayor expediente X des-conocido.


3. Horizontes lejanos

Sumado a lo anterior, el futuro próximo -e incluso el presente cercano- peligra en muchos hogares, bien por la amenaza de la crisis económica que se avecina y el consiguiente temor de falta de solvencia o incluso por haberse visto ya afectados por expedientes de regulación temporal e incluso el desempleo. Pensar en futuro además de difícil ahora mismo resulta inquietante.

Estaréis de acuerdo conmigo que no es lo mismo cualquier otra adversidad que la pandemia actual. ¿Y porqué es importante tener todo esto en cuenta? Porque nuestro sistema nervioso no está preparado biológicamente para hacer frente a un estrés de esta magnitud, duración, impacto y peligrosidad ya que no estaba contemplado en nuestro fenotipo. 

Podemos soportar y sobrellevar el estrés que producen los conflictos interpersonales como un divorcio, la realización de trabajos que requieren mucha energía mental o soportar a un jefe estúpido. Pero nuestro cerebro no está acostumbrado ni preparado para simultanear tantas funciones como ahora estamos asumiendo (compaginar el cuidado de los hijos con el trabajo, aprender a teletrabajar) junto con el miedo y la necesidad de llevar extremo cuidado para no contagiarnos y cuidar de nuestra familia. Esto requiere un esfuerzo increíble para nuestro cerebro y tiene un coste a nivel de funciones: menor atención, menor memoria, menor capacidad de autocontrol, etc.

Y por ello pueden aparecer diferentes manifestaciones que son las consecuencias de que algunas de estas funciones no están, valga la redundancia, “funcionando” bien y aparezcan síntomas propios ante situaciones estresantes mantenidas a largo plazo son:

Los síntomas físicos:

  • alteraciones en el sistema digestivo,
  • problemas cardíacos,
  • alteraciones del sueño,
  • alteraciones dermatológicas,
  • y supresión del sistema inmunológico lo que va a hacer que seamos más vulnerables a las enfermedades.

Los síntomas psicológicos:

  •        presentar sentimientos de miedo, de confusión,
  •         dificultades de concentración y de memoria,
  •         irritabilidad y enfado,
  •        cansancio y fatiga,
  •         aislamiento social y familiar,
  •         evitación de emociones, pensamientos o conductas,
  •        tristeza, pensamientos negativos o catastrofistas,
  •        enfado y sentimiento de culpa.

Con un panorama así, mantener la calma es algo complicado. En algunos casos será necesario la ayuda de un profesional, siempre en función de las características individuales de cada persona y de sus antecedentes en cuanto a historias previas de problemáticas de tipo emocional o por la exposición intensa a factores de estrés relacionados con el virus. Pero la gran mayoría podrán activar sus recursos resilientes y atravesar esta gran adversidad e incluso salir fortalecidos/as.

Algunas orientaciones para poder tener una mejor gestión emocional y un mayor autocontrol pueden ser las siguientes:

  • - No negar las emociones, sean cuales sean. Estamos viviendo una situación excepcional y las emociones que podamos sentir (miedo, rabia, impotencia, inseguridad, etc.) SON NORMALES, lo anormal es la situación. Reconocer nuestras emociones sin evitarlas ni negarlas permite que nuestro cerebro pueda procesarlas e integrarlas como parte de esta experiencia. Darnos permiso de manera voluntaria posibilita que no tengan que salir de otro modo en forma de malhumor, irritabilidad excesiva, agresividad o intolerancia. Revisa cada día cómo te sientes, pasa tu ITV emocional pero sin temor a lo que puedas encontrar. Eso si, como dicen mis estimados profesores Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy, tenemos derecho a enfadarnos pero no a expresarlo de cualquier manera.
  • -  Realizar algo de ejercicio físico. El cortisol, que es la hormona del estrés, está en estos momentos pluriempleada, porque a lo largo del día “trabaja” en todos nosotros influyendo en como nos sentimos, en como pensamos y en como actuamos, circulando libremente y sin semáforos por todas nuestras estructuras cerebrales. Hacer deporte favorece la liberación de tensiones y mejorará nuestro estado de ánimo. Aquí te dejo una Oca del Confinamiento, que seguro que te ayudará a practicar ejercicio en familia de una forma divertida que puedes descargar en este enlace:   https://drive.google.com/file/d/1KvzmynllASXjmZh3bjJuSn6e_xivH0x/view

  • - Identifica cuales son tus necesidades y compártelas con los tuyos…para que te ayuden a satisfacerlas. Tener necesidades no cubiertas pone de mal humor además de generar sensación de insatisfacción. Pide un abrazo si te apetece, o media hora para descansar en el sofá, ver una película de las que te gustan, pedir que te hagan un bizcocho o lo que tú quieras y sea posible en el confinamiento. Una buena propuesta es la que escuché el otro día en el curso de Ana M. Gómez donde proponía una actividad que es el Rincón de las necesidades y que puedes hacer con una cuerda, unas pinzas de la ropa y unos poss-itt o papelitos en los que cada miembro de la familia puede colgar cada días 2-3 necesidades poniéndolas colgadas todas juntas y a la vista (por ejemplo en la cocina o en un rincón de la casa) y dedicar todos unos minutos al día para leerlas, ponerlas en común y....¡satisfacerlas si es posible!
  • - No olvides tener espacios de intimidad. Todos necesitamos tener nuestro momento, bien sea para leer o para no hacer nada y en el confinamiento esto puede ser algo difícil de conseguir y con ello, ponernos más irascibles. Pero no hay nada imposible y ese momento que ha de ser individual (en el cuarto, en el baño o incluso en el balcón) puede convertirse en una verdadera válvula de escape. Poder disfrutar de uno mismo de su soledad buscada puede ser un factor de protección en estos momentos, sin restarle importancia con ello a los espacios familiares. Simplemente son espacios diferenciados aunque el contexto no sea diferente.
  • - Practica relajación o yoga. Seguro que tengas la edad que tengas te ayudará a sentirte mejor. Te recomiendo el siguiente vídeo de relajación que puedes ver pinchando el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=Q4ODsJ7ryUA


También este otro vídeo te puede ayudar a ti y a tu hijo/a si lo veis juntos: https://www.youtube.com/watch?v=WRnfqtpjkNg 




Es importante no perder de vista que no podemos evitar que las adversidades sucedan, pero sí cambiar la forma en que nosotros las interpretamos y por tanto le damos respuesta. Como personas necesitamos no perder el control en el sentido literal de no enojarnos desmesuradamente, pero también en el sentido de poder controlar algo de nuestras vidas. Estas actividades que te propongo u otras que tú plantees pueden ayudarte para OCUPARTE más y preocuparte menos, depende de ti. 

domingo, 3 de febrero de 2019

Orientaciones acerca del uso de las pantallas en niños y niñas





 Si tuviera que decir una preocupación que es el denominador común de la mayoría de los padres y madres con los que trabajo es lo difícil que les resulta el manejo de los tiempos en relación al uso de las pantallas (videoconsolas, televisión, tablets, móviles). Sus hijos e hijas nunca tienen bastante. Por no decir, las discusiones sin fin acerca de qué tipo de juegos (está causando furor algunos de ellos totalmente inadecuados para un cerebro en formación, con violencia totalmente explícita),arguyendo el tan famoso "es que todos los tienen y yo no". 


La epidemia del siglo actual no viene en forma de tos y fiebre. Son alarmantes los datos que recogen las estadísticas sobre los y las adolescentes que han generado adicciones tecnológicas, tanto o más preocupantes que las adicciones a sustancias. Recientemente en la ciudad en la que vivo se celebraron unas jornadas de prevención en la que la concejala la Sanidad y Salud decía: "el juego es cada vez más temprano y adictivo entre los jóvenes". Palabras sabias basadas en la evidencia, igual que el consabido eslogan "fumar mata" pero el consumo de tabaco sigue estando ahí en cifras desorbitadas.

Conclusión: tenemos un problema. Algo que es bueno, como son las (nuevas) tecnologías, mal usadas se están convirtiendo en fuente de placer para unos (los y las niños y adolescentes) y en fuente de conflicto y preocupación para otros (padres, madres y educadores/as), tanto por las consecuencias que generan su uso-abuso como por las dificultades en la convivencia familiar. 

En esto, como en todo, hay un principio. De repente no tenemos un adolescente enganchado en casa o a una niña de 10 años que sube fotos en Instagram.  Cuestión de educación, de hábitos, de normas y límites. Los niños y niñas que hoy tienen 3, 5, 7, años...se enfrentan a un mundo digital tan lleno de posibilidades como de riesgos. El mayor riesgo es dejar de ser niños y niñas, dejar de pensar como han de pensar los niños y niñas conforme a la naturaleza de sus cerebros que la naturaleza ha provisto (y no de los estímulos e información inadecuada e incapaz de poder ser procesada adecuadamente), y dejar de jugar a lo que siempre han jugado los niños y las niñas por centrar su tiempo y atención en aparatos diversos. Algo hay que hacer.


Por eso, cuando una mamá me pidió que yo valorara unas normas que ella entendía que podría ayudar a que sus hijos usaran de manera adecuada las pantallas, me pareció que eran muy interesantes y le pedí que me prestara esas ideas para desarrollarlas un poco, añadir alguna cuestión más y poder compartirlas en una entrada.

Estas orientaciones en principio irían dirigidas a padres, madres y educadores/es de niños y niñas de 2 a 12 años (antes de esa edad existen profesionales médicos, entre ellos la Asociación Americana de Pediatría que desaconsejan su uso). Ni están todas las que son (o deberían ser) ni pretenden ser dogma para nadie, sólo reflexiones que pueden ser compartidas (o no):

  • En relación a los contenidos:
1. Programas o contenidos de tipo informativo: Videos cortos que explican cosas del tipo de "cómo se hace" (experimentos, manualidades, papiroflexia, etc), o algún otro contenido que fomente su curiosidad a partir de situaciones reales, es decir, que les facilite herramientas para promover la creatividad o ideas para desarrollar su capacidad de razonamiento.

2.     Programas infantiles o dibujos animados o juegos interactivos que previamente los adultos hayamos comprobado que son adecuados, es decir "relatos" o historias que no sean contrarios a los valores que se pretenden transmitir en la familia. Quedarían fuera  programas que sexualizan a niños o niñas desde pequeños o las series dirigidas a personas adultas;  o aquellos otros donde la figura del mujer  o niña aparece sometida o humillada al poder masculino; o programas o viodeojuegos excesivamente violentos  donde la única trama es la conquista o dominación; o programas que desautorizan a las personas adultas bien porque las ridiculicen o bien porque las muestren comportándose de una manera inmadura y poco responsable (como ocurre en algunos dibujos animados bien conocidos).

  •  En relación a los tiempos:
1.     No tener la TV encendida como "música de fondo" todo el tiempo y que tengan acceso de manera indiscriminada a cualquier cosa: telediarios, concursos tipo reality sohw,  programas de “cotilleo”, etc. La mente de los niños es fácilmente influenciable con la información que proviene de los informativos, en los que en numerosas ocasiones se informa de tragedias, desdichas y desgracias varias. De hecho, en buena medida contribuyen a la creación y mantenimientos de miedos que, aún siendo evolutivos algunos de ellos (como el miedo a la muerte o a que pase algo a la familia) se cronifican al ser reforzados con la cantidad de muertes, accidentes y peligros de los que se informan. De igual modo, los reality show muestran que todo puede ser exhibido, que no hay lugar para la intimidad y además, se presencian formas de comunicarse y resolver situaciones de convivencia en muchas ocasiones de hostilidad, insultos y otras lindes. Los programas de cotilleo, por su parte, no aportan a los niños y niñas ninguna información de interés, ni cultural, ni de ocio sano, sino más bien la intromisión en la vida de las personas.

2.     En cuanto a los tiempos, y teniendo en cuenta como hemos dicho antes que no valen todos los contenidos, y con independencia de que sea en la TV, tablet o movil , no más de 3 o 4 capítulos o jugadas, nunca más de hora y media seguidas en el caso de los/las más mayores, mucho menos en los/las pequeños/as a los que no se debería dejar más de una hora. Obvia decir que los videojuegos no deben interferir las rutinas y hábitos saludables de los niños y niñas, por lo que dado que entre tareas, rutinas, juegos con otros niños/as, etc., tendrían que estar restringidos a los fines de semana.

3.     En el coche al viajar, NO acostumbrarles a coger las pantallas en todos los trayectos, solo cuando el viaje dure más de 30 minutos. El poder adictivo de los videojuegos engancha de una manera increíble, de tal forma que se convertirá pronto en un hábito que, además de ir sumando el tiempo de exposición a las pantallas, va en detrimento de las relaciones interpersonales.

4.     En el caso de las películas, que tienen una mayor duración, por supuesto no vamos a demonizar su visionado cuando estas pueden ser una herramienta pedagógica muy útil, pero no podemos encadenar una tras otra. Cuando se termine la película se pedirá al niño o niña que cambien de actividad. Con ello no sólo les educamos en el buen uso y evitamos adicciones, sino que también estamos educando en la tolerancia a la frustración problemática que se encuentra a la base de todos y casi todos los problemas de conducta.

5.     Las pantallas NO deben ser utilizadas en forma de “chantaje” para que se porten bien, no son una alternativa al buen comportamiento. ¡Ceder por parte del adulto para no oírles llorar o para que se callen cuando nos interrumpen les lanza el mensaje de que es posible conseguir un ratito más de Tablet o de TV, solo hace falta que el medio que utilizan como moneda de compra (llanto, gritos, interrupciones) cobre más fuerza!.

6.  Tampoco deben ser utilizadas para distraerlos ante una frustración, decepción o algún otro estado emocional que no están sabiendo gestionar. El precio es caro pero lo peor no es la dependencia en sí que se puede gestar. Lo peor es el aprendizaje de asociar la calma ante el estrés, enfado o frustración a la “administración de la pastilla virtual”, es decir, a la tranquilidad que le proporcionan las máquinas y no el buscar la seguridad en el adulto, la reflexión y el autoconocimiento.

7.     Nunca para irse a dormir o al despertarse. Las pantallas no deben ser ni lo primero que vean al levantarse ni lo último que utilicen antes de irse a dormir. Para inducir el sueño se aconseja realizar actividades tranquilas que inviten al cuerpo y a la mente a dejarse llevar por el sueño, como por ejemplo contar un cuento o charlar acerca de cómo ha ido el día.

  •   En relación a los contextos:
1. En compañia de alguna persona adulta. Dos son los conceptos claves que SOLO LOS ADULTOS deben tener en cuenta: Supervisión y límites. La primera por lo que ya hemos comentado, los segundos porque los niños y niñas no entienden de tiempos cuando están embelesados ante una pantalla y siempre quieren más.

2.     Dar pie a que se pueda comentar juntos/as lo que se ha visto al terminar el visionado de un programa de televisión o un juego. Aunque vivimos en la era de la información, lo cierto es que ni ha habido ni habrá mejor información que la que proviene de un padre, madre o tutor/a sensible, atento y disponible ante la curiosidad o el interés de un niño o niña por un tema. Las pantallas pueden ser herramientas. Los adultos somos los técnicos de la información que enseñan a emplearlas adaptándolas a la edad cronológica y mental (que no siempre van parejas).

3.     El uso de los aparatos debe respetar al resto de personas con las que se comparte el  espacio, es decir, el volumen no muy alto, pactar lo que se va a ver para que no siempre salga ganando una de las partes, negociar el reparto del espacio en el sofá, etc.

Obviamente esto no son más que reflexiones acerca de lo que sería recomendable en cuanto al uso de las pantallas de niños y niñas de 2 a 12 años  y por supuesto habría muchas más cosas a tener en cuenta. 

Algunas otras recomendaciones realizadas por la Asociación Española de Pediatría y la Policía Nacional son las que se recogen en esta imagen:




Como reflexión final yo acabaría esta entrada con dos frases para invitaros a seguir pensando:


          LAS PANTALLAS NO SON JUGUETES

          ELLOS PIDEN, TÚ DECIDES

lunes, 24 de diciembre de 2018

Permanencia y cambio es el mío. Y tú ¿te animas a hacer un acróstico?


Hace cuatro años mi estimado amigo y compañero Apega, el psicólogo José Luis Gonzalo Marrodán me propuso el reto de despedir el año con un acróstico, a lo que no me pude negar, primero porque me apetecía por esa chispa de travesura infantil que suponía (de pequeña era un pasatiempos estupendo), y segundo porque me parecía un buen momento para hacer balance de lo que había sido aquel año. Desde entonces ha llovido mucho como se suele decir, y ha habido un poco de todo. Pero me quedo con lo bueno y con lo que ahora tengo, que es mucho, una vida personal y profesional muy feliz.

Me sorprende al repasar algunas entradas de mi blog y sobre todo esta del acróstico que, aunque mi báscula y el espejo donde me miro por la mañana se empeñan en recordarme que el tiempo pasa y no soy la misma, no cambiaría nada de lo que hace cuatro años escribí en ese post. Permanencia y cambio. Como la vida misma. Nuestros pensamientos y formas de ver de la vida se adaptan a las experiencias que vamos teniendo pero queda algo, no sé cómo definirlo, que nos hace enlazar pasado y presente, como si fuera nuestra propia esencia y aquello que nos caracteriza.

 Y hoy, día de Nochebuena, me apetece compartir el mismo acróstico, con las letras que conforman el nombre de este blog, resiliencia infantil, celebrando que el tiempo me ayuda a acumular experiencias y conocimientos pero no me resta la capacidad de mirar al otro, niño/a, adolescente o adulto, con la suficiente sensibilidad como para llegar a su emoción.



Y tú ¿te apuntas a hacer un acróstico?

Reto. Cada nuevo niño o niña, cada familia, cada persona que entra en mi camino profesional suponen un reto, un desafío, una oportunidad de ayuda en la que se ponen en juego habilidades, capacidades y conocimientos confiando que puedan traducirse en pequeñas dosis de alivio emocional, en grandes cantidades de promoción de sus recursos y en millones de partículas de esperanza, aceptación, ilusión, confianza, empatía, libertad, etc. que hagan posible la revinculación afectiva, la posibilidad de creer en la relación de ayuda y volver a poder crear lazos de afecto que sanan heridas y entretejen nuevas miradas del pasado y preparan nuevos diseños del futuro.

Esperanza. De poder creer en el cambio entendido como la búsqueda de pedacitos de felicidad, de mirar adelante confiando en un futuro capaz de ofrecer a nuestros niños y niñas oportunidades para disfrutar de la vida. La vida es bonita para los que se sienten amados aunque sea solamente por un adulto capaz de hacerle sentir importante, grande por dentro. De este modo podrán afrontar mejor las adversidades. Mejor si les acompaña la preciosa frase “si tienes un porqué para vivir encontrarás casi siempre el cómo”.


Sonrisa. Lo que nunca debe faltar en la cara de un niño o niña. Hay mil razones para sonreir cada día, solo hace falta verlas o pensar en ellas. A veces imaginarlas como posibles. El poder de una sonrisa es inmenso, conecta con nuestras neuronas espejo de manera inmediata. ¿Eres capaz de resistirte a sonreir cuando ves que lo hace un niño o niña?. El lenguaje de la felicidad.


Ilusión. Según la RAE puede tener como acepción “concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos” o también “esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo”.  Permitidme que ofrezca mi propia definición de ilusión - como recogía en una entrada anterior http://resilienciainfantil.blogspot.com.es/2014/01/el-sembrador-de-estrellas-o-lo-que-tu.html-, como la posibilidad de modificar el significado de las cosas ( y las historias) modificando el entorno. Mirar desde diferente perspectiva a veces para ver las luces y fortalezas de las personas. Que aunque la persona no lo vea, la luz que deja a su paso en un futuro iluminará el camino. Pensar que a veces tenemos estrellas junto a nosotros aunque no las veamos. Que ante la oscuridad/adversidad siempre sale una luz interior de la que no éramos conscientes en otros momentos de nuestra vida. Y lo mejor, que la ilusión no tiene edad ni sabe de diferencias.



Libertad. Sensación de hacer y decir lo que uno quiere. Saber que te puedes alejar pero que hay vuelta posible. Elegir, no sentirse coaccionado ante exigencias de otros. En mi caso, libertad es realizar las cosas que me gustan, compartir, poder expresarme, inventar o tomar de otros lo que me parece bonito, sentarme ante el ordenador y dejarme llevar. Un sueño que quisiera fuera compartido con todas las personas que sufren mientras esperan el momento de escapar de su jaula sea cual sea ésta.


Inocencia. La esencia de los niños y niñas. No hay maldad en ellos, solo estrategias de supervivencia generalmente aprendidas de los adultos para escapar de algo o para dejar de ser invisibles ante ellos. Nunca un niño o niña es culpable de su sufrimiento, no hay nada que justifique un maltrato activo o pasivo.


Empatía. Calzarse los zapatos del otro. Sentir como sienten pero sin perder de vista ese “como si” que decía Carl Rogers. Comprender como sienten y piensan los niños y niñas y sus familias manteniendo la suficiente distancia mínima para que no nos invadan sus sentimientos de forma viral, pero teniendo la suficiente aproximación como para entender sus emociones en función de sus coordenadas personales.


Niñez. Período de la vida que debería ser siempre maravilloso pero que en ocasiones se ve enturbiado por circunstancias familiares, porque existen padres y madres que no pueden, o no saben o no quieren desempeñar su rol. Gracias a la existencia de tutores de resiliencia esos nubarrones pueden desplazarse y ver que el sol sale cada día, ¡¡pese a que vuelvan a aparecer las nubes acompañadas de rayos y truenos!!. La creación de paraguas resistentes con varillas flexibles capaces de resistir los azotes del viento y fuertes tejidos impermeables que permiten avanzar en el camino de la niñez enturbiada y encontrar la luz del sol gracias a personas significativas que les acompañan en su crecimiento. La mejor etapa de la vida.


Confianza. Nada más bello que la capacidad de ofrecer a los otros un espacio seguro donde poder sentirse sentido y reconocido, de escuchar sus palabras diciendo “tú me entiendes” o “siempre voy a confiar en ti”. Esa confianza se traduce en compromiso, en una especie de conexión invisible que hace que fluya un canal de comunicación genuina, de revelar sentimientos, destaparse ante el otro porque se siente que no te hará daño. Nuestros niños y niñas han sufrido muchos desengaños en su vida, muchas veces por parte de quienes debieran ser sus protectores y cuidadores…y sin embargo siguen confiando en quienes saben mirar más allá de lo visible, quienes no se quedan con sus actos inadecuados o sus respuestas desproporcionadas. Como decía Saint- Exuperié: lo esencial es invisible a los ojos.


Ingenuidad. Lo que nunca quiero perder. La capacidad de asombrarse de sorprenderse incluso por lo evidente. Lo que permite dar pasos adelante pisando baldosas de confianza. Compañera de la inocencia y amiga de la ilusión. Capacidad que se pierde con experiencias que hacen daño.


Aceptación. Somos lo que somos por las experiencias vividas y la interpretación que de las mismas hacemos. Solo aceptando a la persona, con su historia y la mochila que lleva podemos ofrecer una relación de ayuda. Pero no siempre es fácil. Se entremezclan juicios de valor, resonancias personales, limitaciones para tolerar a quien es distinto a uno mismo.


Imaginar. Crear, construir en la mente, idear rutas que lleguen a buen puerto. Planificar. Vivir con el pensamiento lo que queremos vivir en la realidad. Inventar mundos posibles. Reinventar el pasado.


Naturalidad. Ser uno mismo, sin impostar. Reconociendo las debilidades y limitaciones y, ¿por qué no? elogiando nuestros puntos fuertes, lo que sabemos hacer bien. Espontaneidad, asertividad, ser capaces de decir lo que sientes o piensas de manera respetuosa. Los años me han hecho ser cada vez más natural, incluso a veces puede que demasiado. Siento la necesidad de pensar en voz alta ante las personas, niños y adultos con los que trabajo. Compartir hipótesis que me ayuden a ayudar, sin que ello signifique que lo sepa todo o que no me equivoque.


Familia. Grupo social capaz de transformar lo posible en real, de ofrecer afecto, consuelo, seguridad, valores, y  dar sentido a nuestro proyecto de vida. Espacio de laboratorio social donde se germinan las relaciones futuras, se practica para hacer frente a las dificultades y se aprende a disfrutar de las cosas bonitas. Relaciones vinculares donde comienza a desarrollarse la resiliencia primaria.


Apego. Un tipo de vínculo afectivo que se diferencia de los otros en que mediante el mismo se busca la protección, el cuidado, la seguridad y bienestar en la relación. La sensibilidad, la disponibilidad, la aceptación y la valoración del niño o niña por parte del adulto promueven el apego seguro. La inconsistencia, la negligencia, el maltrato, la falta de disponibilidad tienen como consecuencia el desarrollo de apegos inseguros con graves consecuencias a lo largo de la vida. Sentirse apegado a alguien forma parte de los tesoros de la vida.


Narrativa. Historia que hacemos de nuestra historia. Explicación y representación de mi vida y mis circunstancias. Importante en muchas ocasiones reelaborar la historia, darle otro sentido, otra significación que permita integrar las experiencias vividas y sentidas de manera adaptativa, sin que el dolor impida o bloquee la expresión de los recursos personales de la persona. Un cuento de uno mismo. El final podemos construirlo, el principio no.



Tiempo. Bien escaso muy necesario. Las relaciones necesitan tiempo. Los avances necesitan tiempo. La cicatrización de heridas necesitan tiempo. “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que le hizo tan importante”, leíamos en  El Principito. Mientras esperamos el paso del tiempo transformamos nuestras circunstancias.


Introspección. Mirarnos para adentro, pensar y sentir de manera autocentrada. Aprender a conectar con nuestro mundo interior para poder comprender y entender al prójimo. Paso previo a la mentalización, solo puedo sintonizar contigo si manejo y se modular mi frecuencia.

  
Luciérnagas. Otra metáfora de la resiliencia. Todos sabemos de estos fascinantes gusanos de luz, capaces de brillar en la oscuridad con luz propia. Emitir rayos de fortaleza aun cuando desconocemos el futuro inmediato. Iluminar nuestros entorno para hacernos ver y para ver a los otros. 


Os deseo un Feliz Fin de Año y que el 2019 os traiga buenos momentos de Felicidad, Paz y Amor.


miércoles, 6 de septiembre de 2017

¿Más grande que el amor? El amor a un hermano de acogida

No hay amor más grande y sincero que el que nace del corazón. Esta podría ser una bonita frase de esas que cuelgan en los escaparates de las tiendas de regalitos, o en la portada de una agenda, o quizás en una de esas camisetas que la gente se pone para salir a pasear. Hay muchas formas de amar, pero quizás una de las más difíciles es aquella que surge de la relación entre los niños y niñas en acogimiento o adopción  y sus nuevas familias cuando las condiciones físicas, psicológicas o ambas están tan afectadas que existen retrasos madurativos e incluso lesiones neuronales irreversibles tan importantes que se ven comprometidas todas las áreas de su desarrollo. Solo del corazón de quienes le aceptan, le acogen y le dan un lugar donde estar y llegar a ser el mejor proyecto de sí mismo puede salir tanto amor.


Hace un tiempo compartí en el blog una entrada dedicada a un niño especial que me robó el corazón (si quieres leerla pincha aquí: http://resilienciainfantil.blogspot.com.es/2014/08/carta-para-un-nino-herido.html) . Conocerle fue una de esas experiencias que te dejan huella porque es un ejemplo de vida, de fortaleza, de ganas de hacerse su lugar en el mundo, en ese que al principio le negó la posibilidad de estar con quien le dio la vida pero que por el contrario le brindó una familia que cambió su destino desde el minuto cero. Ninguno de nosotros sabemos qué nos va a deparar el destino, pero el suyo, echando la vista atrás, le ha facilitado algo así como un billete de ida a la felicidad. 

Hubo otra entrada también en el blog en la que su hermana de acogida le dedicaba una carta (http://resilienciainfantil.blogspot.com.es/2016/10/la-magia-existe-carta-mi-hermana-de.html). En ella la hermana intentaba ponerse en la piel del pequeño, sentir por él, llorar por él, creer como él en la magia que nace de los buenos tratos y del vínculo afectivo, y nos hacía emocionarnos haciéndonos partícipes de su amor hacia su hermano.

El tiempo pasa y este pequeño se está convirtiendo en un hombrecito precioso capaz de tambalear las predicciones que hace años diferentes profesionales hacían sobre su futuro poco prometedor. Vaticinaban sobre estadísticas -supongo- los escasos avances y múltiples dificultades que iba a tener a lo largo de su crecimiento, seguramente sin tener en cuenta las variables más importantes de cualquier estudio o investigación, dificilmente medibles pero fácilmente demostrables: esfuerzo, confianza, aceptación incondicional, respeto, admiración, valentía, superación, pero sobre todo...amor de su familia de acogida.


Hace un par de días recibí un email con noticias de mi pequeño amigo, en esta ocasión porque su hermana, una vez más, quería demostrarle con palabras lo mucho que le quiere y compartirlo conmigo y con todos/as vosotros/as. La humildad de estas palabras y el respeto que desprenden hacia la persona que les ha traído un nuevo mapa de ruta de sus vidas directo al tesoro del amor (en un camino no exento de tormentas, maremotos y vientos huracanados), hace que yo me quite el sombrero y lance un enorme aplauso de admiración por todos ellos.

Os dejo con la carta de Bea:


Hoy no solo cumple 11 añitos mi peque, hoy cumplimos todos. Hoy cumplimos los 3 hermanos un año más de experiencias, batallas (ganadas), muchos nuevos conocimientos adquiridos, pero sobre todo, un año más de mucho, mucho amor. 

Estoy tan orgullosa de él como de nosotros, y no quepo de gozo de la felicidad que siento desde que nuestra familia decidió añadir un miembro más. 

Él es tan especial...como nosotros desde que estamos a su lado. Ojalá verlo cumplir 100 años más, 100 sueños más, 100 logros más. Porque es lo único que se merece: conseguir todo aquello que la vida le arrebató. 

Y, créanme, que yo voy a hacer todo lo que esté en mi mano porque sea inmensamente feliz...como yo lo soy cuando me mira y me sonríe, y aunque no diga palabra, él nos está dando las gracias. 

Ojalá algún día sepa que somos nosotros quien le agradecemos su llegada, pues ahora somos mejores personas...hemos florecido... y seguiremos haciéndolo mientras él vaya de nuestra mano.. siempre. 🌹🏵🌷🌼🌻🌺

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