"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"
"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"
Mostrando entradas con la etiqueta acogimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acogimiento. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de enero de 2018

Re-bajas educativas para padres y madres

Hola a todos y todas. En primer lugar desearos un Feliz Año Nuevo y que los 365 días del mismo podáis disfrutar, reír, soñar y sobre todo amar. 

Retomo el blog a propósito de las dichosas rebajas tan típicas de estas fechas. Dichosas porque son causa y efecto de dicha, entendida como ese estado de ánimo y satisfacción próximo a la felicidad. A todos nos gusta conseguir alguna ganga a buen precio, disfrutar levantando prendas de un montón hasta encontrar esa que de repente se convierte en "lo que necesitabas". Solo que las rebajas que propongo hoy tienen que ver con pautas educativas de padres y madres y no de ropa o de artículos del hogar!!!


                                                                             


Todo esto viene de hace tiempo. Por mi trabajo en ocasiones tengo entrevistas con papás y mamás desbordados, cansados, agobiados por la conductas de sus hijos y/o hijas. En ocasiones son adoptados, otras de acogida, a menudo biológicos...pero todos ellos y ellas niños y niñas, solamente eso ( y nada más y menos que eso!!).

Me entristece escuchar a los adultos cuando dicen que no pueden más, que sus hijos les provocan, les hacen daño con su conducta o simplemente que son desagradecidos y maleducados. Un hijo o hija no debe nunca agradecer (en el sentido de deuda) los afectos de sus cuidadores, no es un favor, ni una transacción ni por supuesto un acto de compasión. Con pasión sin embargo deberían ser los gestos de amor e incondicionalidad de los adultos hacia los niños y niñas, cuando son obedientes pero sobre todo cuando no lo son. Los afectos no son moneda de intercambio, emanan del interior cuando se siente amor hacia el otro, con independencia de la conducta. Os recuerdo la frase tan bonita de Amanda Céspedes que decía "Los niños merecen más nuestra atención y afecto cuando menos los merecen sus actos"  a la que dediqué una entrada en el blog. 


Escuchar esta semana a un niño decirme delante de sus padres que tenía miedo que le volviera a pegar su progenitor, que temía que le diera un correazo, me llegó al alma. Casi tanto como cuando otro niño esta misma semana me decía "¿verdad que me he portado peor que nunca?" buscando mi enfado y rechazo inmediato a su persona llamando la atención durante toda la sesión. ¿Cómo atribuir maldad a la conducta de los niños y niñas? No hay niño ni niña malos, sólo tienen una mala conducta, que en la mayoría de ocasiones ni ellos mismos entienden, ni saben gestionar, ni desean. ¿Por qué los adultos juzgamos a los niños y niñas con el mismo rasero que a los de nuestra edad? Y si un niño o niña tiene algo de malicia o picardía parémonos a pensar porqué es así, qué experiencia de vida ha tenido para aprender esa estrategia. No son más que trajes, caretas en forma de defensa que hacen que mientan, rompan cosas, contesten mal o molesten. La conducta inadecuada de un niño o niña es SIEMPRE responsabilidad de uno a más adultos que no han sabido educar, le han dañado o no han sabido entender sus emociones y leer entre líneas lo que les pasa en su mundo interior. Cuando eso se cronifica aparecen los niños y niñas "maleducados", "imposibles", "insoportables". Incluso aquellos/as que presentan algún tipo de patología o trastorno es responsabilidad de los adultos de su entorno la atención de sus necesidades en cuando a límites, normas, tratamientos médicos o farmacológicos (en caso de ser necesarios). 

Por todo esto y porque estamos en épocas de rebajas, quisiera que si lees esto y está bajo tu cuidado un niño o niña, que re-bajaras de tu repertorio de conductas las cosas que a continuación recojo. Seguro que te llenará de dicha, además de satisfacción personal, comprobar que seguir estos consejos puede tener resultados espectaculares. Re-bajar o lo que es lo mismo, disminuir e incluso eliminar determinado tipo de reacciones adultas que no solo no educan sino que dañan es lo que te pido. Aquí van las "ofertas":

- 1. NO UTILIZAR NUNCA EL CASTIGO FÍSICO. Emplear la fuerza en forma de bofetada, palmada en el culo, manotazo o cualquier otra expresión de agresividad hace un daño irreparable en tu hijo/a. Duele más a nivel de corazón que a nivel físico. Quizás yo no te convenza lo suficiente por lo que párate un momento a ver esta publicación de Save the Children, "Educa, no pegues", una guía que seguro que será una gran adquisición para ayudarte a ser padre o madre. En cualquier caso, y por supuesto entendiendo que tienes derecho a enfadarte y poner límites y aplicar consecuencias, pegar a un niño o niña no es más que un acto de cobardía, de impotencia y de mala gestión de la rabia.


- 2. CAMBIA TU LENGUAJE PARA ENSEÑAR A REFLEXIONAR. Te invito a que cambies la frase "estoy enfadado/a" por "estoy triste" para ayudar al niño a niña a entender que su conducta tiene repercusiones en los demás. El enfado es asociado en muchas ocasiones con dejar de querer. Piensan que si los adultos se enfadan pueden llegar a rechazarles y eso no puede ser ( y si es así, si odias a tu hijo o le rechazas cuando se porta mal háztelo mirar, el amor debería ser incondicional aunque sus actos sean inadecuados).

-3.NO MEZCLES TEMAS. ¿Sabes lo que hacen las vacas cuando comen? Se llama regurgitación y es lo que hacen muchos padres y madres que no resuelven los conflictos con sus hijos/as y vuelven a traer al presente cosas que  los pequeños/as hicieron antes (generalmente inadecuadas) para echar en cara y sumar enfados. Esto vuelve a ser un acto de cobardía adulta, buscar argumentos "regurgitantes" que lo más que hacen es dañar la estima de los hijos/as. Una cosa es recordar que no es la primera vez que pasa, que se espera que haya un cambio, etc.,... y otra que se convierta en crítica recurrente.

-4. NO UTILICES EL CHANTAJE EMOCIONAL. La conducta de un niño o niña no puede "matar a disgustos" a un padre o madre, ni consigue que enferme ni que se vuelva loco/a. Y si algo de esto pasa, es seguro, pero de verdad, seguro, seguro, que no es SOLO por la mala conducta del niño o niña, sino que habrá otros factores estresores o patológicos o una mala gestión de las emociones que hace que los adultos se encuentren tan mal

-5. APRENDE A ENFADARTE. No es fácil, lo sé. Pero si tú aprendes a enfadarte bien, tu hijo aprenderá a hacerlo también. No podemos pedir a los pequeños que estén calmados si no somos capaces de hacerlo nosotros!!. Relajación, respiración, relativización de importancia de las situaciones, comunicación adecuada. No dejes de ver este video que, además de ayudarte a tí seguro que le viene bien a tu hijo o hija: 





Bueno, espero que las  re-bajas vayan bien. Un abrazo!!

     

miércoles, 6 de septiembre de 2017

¿Más grande que el amor? El amor a un hermano de acogida

No hay amor más grande y sincero que el que nace del corazón. Esta podría ser una bonita frase de esas que cuelgan en los escaparates de las tiendas de regalitos, o en la portada de una agenda, o quizás en una de esas camisetas que la gente se pone para salir a pasear. Hay muchas formas de amar, pero quizás una de las más difíciles es aquella que surge de la relación entre los niños y niñas en acogimiento o adopción  y sus nuevas familias cuando las condiciones físicas, psicológicas o ambas están tan afectadas que existen retrasos madurativos e incluso lesiones neuronales irreversibles tan importantes que se ven comprometidas todas las áreas de su desarrollo. Solo del corazón de quienes le aceptan, le acogen y le dan un lugar donde estar y llegar a ser el mejor proyecto de sí mismo puede salir tanto amor.


Hace un tiempo compartí en el blog una entrada dedicada a un niño especial que me robó el corazón (si quieres leerla pincha aquí: http://resilienciainfantil.blogspot.com.es/2014/08/carta-para-un-nino-herido.html) . Conocerle fue una de esas experiencias que te dejan huella porque es un ejemplo de vida, de fortaleza, de ganas de hacerse su lugar en el mundo, en ese que al principio le negó la posibilidad de estar con quien le dio la vida pero que por el contrario le brindó una familia que cambió su destino desde el minuto cero. Ninguno de nosotros sabemos qué nos va a deparar el destino, pero el suyo, echando la vista atrás, le ha facilitado algo así como un billete de ida a la felicidad. 

Hubo otra entrada también en el blog en la que su hermana de acogida le dedicaba una carta (http://resilienciainfantil.blogspot.com.es/2016/10/la-magia-existe-carta-mi-hermana-de.html). En ella la hermana intentaba ponerse en la piel del pequeño, sentir por él, llorar por él, creer como él en la magia que nace de los buenos tratos y del vínculo afectivo, y nos hacía emocionarnos haciéndonos partícipes de su amor hacia su hermano.

El tiempo pasa y este pequeño se está convirtiendo en un hombrecito precioso capaz de tambalear las predicciones que hace años diferentes profesionales hacían sobre su futuro poco prometedor. Vaticinaban sobre estadísticas -supongo- los escasos avances y múltiples dificultades que iba a tener a lo largo de su crecimiento, seguramente sin tener en cuenta las variables más importantes de cualquier estudio o investigación, dificilmente medibles pero fácilmente demostrables: esfuerzo, confianza, aceptación incondicional, respeto, admiración, valentía, superación, pero sobre todo...amor de su familia de acogida.


Hace un par de días recibí un email con noticias de mi pequeño amigo, en esta ocasión porque su hermana, una vez más, quería demostrarle con palabras lo mucho que le quiere y compartirlo conmigo y con todos/as vosotros/as. La humildad de estas palabras y el respeto que desprenden hacia la persona que les ha traído un nuevo mapa de ruta de sus vidas directo al tesoro del amor (en un camino no exento de tormentas, maremotos y vientos huracanados), hace que yo me quite el sombrero y lance un enorme aplauso de admiración por todos ellos.

Os dejo con la carta de Bea:


Hoy no solo cumple 11 añitos mi peque, hoy cumplimos todos. Hoy cumplimos los 3 hermanos un año más de experiencias, batallas (ganadas), muchos nuevos conocimientos adquiridos, pero sobre todo, un año más de mucho, mucho amor. 

Estoy tan orgullosa de él como de nosotros, y no quepo de gozo de la felicidad que siento desde que nuestra familia decidió añadir un miembro más. 

Él es tan especial...como nosotros desde que estamos a su lado. Ojalá verlo cumplir 100 años más, 100 sueños más, 100 logros más. Porque es lo único que se merece: conseguir todo aquello que la vida le arrebató. 

Y, créanme, que yo voy a hacer todo lo que esté en mi mano porque sea inmensamente feliz...como yo lo soy cuando me mira y me sonríe, y aunque no diga palabra, él nos está dando las gracias. 

Ojalá algún día sepa que somos nosotros quien le agradecemos su llegada, pues ahora somos mejores personas...hemos florecido... y seguiremos haciéndolo mientras él vaya de nuestra mano.. siempre. 🌹🏵🌷🌼🌻🌺

domingo, 16 de octubre de 2016

La magia existe. Carta a mi hermana de acogida

La vida regala momentos únicos, impensables en la biografía inicial de un niño. Solo la magia de la resiliencia, del vínculo establecido entre el niño herido y quienes con su amor sanan día a día sus heridas, puede explicar la transformación.
Hace un tiempo conocí a un niño muy especial. Su historia también lo es, pero no la que se remonta a tiempos muy lejanos (quizás tristemente parecida a otras en las que la incompetencia parental tiene efectos devastadores), sino a su evolución, al modo en que la entrega, el afecto, la aceptación y la esperanza han hecho que, en contra de lo esperable, nuestro niño esté logrando avances espectaculares. Su familia de acogida son los responsables del maravilloso cambio. Bueno, eso y sus ganas de aferrarse a la vida cogiéndose con fuerza al tren de la constancia, el esfuerzo y a esa preciosa palabra llamada familia . Dice una frase que recientemente he leído: El sentido es un hilo que cose nuestros momentos para bordar una historia. Y esta es la historia de un acogimiento especial. 
Siempre he admirado a las familias de acogida. Hoy mi admiración quiero centrarla en los hermanos de acogida, héroes sin batalla, arco iris en la oscuridad de quien no han podido experimentar la grandeza de los buenos tratos. Con su sola presencia son capaces de calmar angustias y temores, con su amor consiguen reparar heridas.
De la mano de una gran profesional y también amiga me llegó hace unos días la carta que a continuación comparto, escrita por su hija ¿biológica? (dudo que su hijo de acogida no pueda compartir el mismo adjetivo pues si conocierais la historia estaríais de acuerdo en que le ha dado nuevamente vida). La sensibilidad con que está escrita es tan solo un ejemplo de la conexión empática que hay entre ella y su pequeño hermano. Lo cotidiano no es por ello menos abrumador que lo excepcional. El miedo al abandono, a no saber que habrá o quienes estarán cuando el nuevo día despierte, forma parte del camino en muchos niños y niñas acogidos. Esta admirable hermana de acogida nos invita, desde su reflexión, a que por unos momentos podamos meternos en la piel del pequeño y sentir como siente, pero sobre todo, la confirmación de que la magia existe.
Sin más, os invito a disfrutar de la carta:

"Es hora de irse a dormir.
Busco cualquier excusa para no irme a la cama.
No me gusta la noche. Me asusta dormirme. Me horroriza lo que pueda encontrarme al abrir los ojos. Me siento inseguro en la oscuridad.
No quiero, no quiero.
Gracias a la alineación de los astros en esta lluviosa noche de octubre, mi hermana mayor decide hacerme una visita a la cocina justo antes de marchar, entre sollozos, a mi habitación a dormir.
Me lleva a su habitación, me sienta en el suelo, y me enseña, explicándome con palabras que no alcanzo a entender, de donde son las piedras de su cuarto que yo tanto admiro. Por fin, después de meses, me deja cogerlas, habiéndome negado siempre del goce del olor a río.
Yo me río.
Mientras, mi teta me sigue explicando los distintos tamaños de las piedras. Yo no la entiendo, pero me río. Soy feliz con estas pequeñas perlas entre mis manos.
Mi hermana me mira, me sonríe, sé que no puedo entender lo que dice, pero sí su mirada.
Me quiere. 
Me quiere y le gusta verme reír, y más aún cuando ella es el motivo de mis sonrisas.
Emocionada por mi ilusión, me levanta y me lleva de la mano hasta la cocina. Por el pasillo los dos reímos, como dos hermanos locos el uno por el otro.
Nos ponemos delante de la pila y ella moja las piedras.
No entiendo lo que hace, que pretende, pero me río.
Mágicamente, al mojar las piedras cambian de color.
Yo no lo entiendo, pero me río. Veo en sus ojos una extraña sensación de admiración, de orgullo...de magia.
Entonces yo, que desde el primer momento me he encantado con la piedra más grande, consigo hacerme con ella y llevarla hasta mi habitación. Con mi teta de la otra mano, claro.
Las arrastro a las dos hasta mi cama, cojo a mi hermana y, haciéndole gestos, le indico que acerque la piedra a la lámpara.
Debe brillar en la oscuridad, pienso convencido.
Pero esta vez es mi hermana la que no me entiende. Ella no sabe valorar la magia que posee esa piedra, al contrario que yo. 
Pero aún así, ella sigue mis indicaciones, y aún con cara de desconcierto, convierte esa piedra en la piedra más mágica que jamás ha existido.
Acaba de crear un nuevo sueño. Acaba de soñar conmigo, de hacer magia.
Y entonces lo entiendo. 
La magia no está en la piedra, está en las personas, está en mi hermana, está en mí...está en nosotros, en el lazo que nos une.
Pero, es hora de irse a dormir. Mi cabeza vuelve a la realidad y el miedo, junto a la rabia, vuelven a inundarme.
Lloro, grito, pataleo.
Pero no importa, porque mañana será otro día.
Porque mi mamá, mi tete y mi hermana volverán a hacerme creer en la magia.
Y entonces...entonces olvidaré que tengo miedo."

Muchas gracias Bea

lunes, 5 de octubre de 2015

Tiempo fuera..¿tiempo para pensar?

Imagina que tu termómetro de la rabia llega a lo más alto, estás muy enojado/a, hasta el punto que salen por tu boca sapos y culebras, pierdes el control de la situación y te enfrentas con otra persona porque te sientes ofendido/a, ignorado/a, estás tremendamente cansado/a o simplemente no toleras la frustración de no convencer a alguien en una conversación tensa...¿cómo te sentirías si de repente te meten en un cuarto sin estímulos a "pensar" sobre lo que has hecho?¿es posible pensar en una situación así o sería mejor decir ponerse a "sentir" como te sientes?¿qué te reconfortaría en ese momento, la desconexión total con todo o la presencia de alguien importante para tí que te inspire calma?¿el silencio o un abrazo silencioso?

Estas vacaciones retomé la lectura de dos terapeutas que descubrí hace años pero que aparqué en mi lista de espera de lectura, Jirina Prekop y Laura Rincón. Ellas trabajan un tema muy interesante como es la terapia de contención de la que os hablaré en otro momento, ya que aunque no todas las ideas que plasman en sus planteamientos las comparto, hay otras que me parecen muy sugerentes. Hoy me quiero centrar, tras leer una de las publicaciones de Laura Rincón (Escuela del amor para la familia) algo que me atrapó ya que viene a argumentar desde otro punto de vista uno de mis cuestionamientos profesionales: ¿es adecuada la técnica del tiempo fuera o time out, al menos tal como se nos enseñó a emplearla?.

Cuando estudié psicología la corriente conductista inundó mi formación, era el paradigma explicativo de la conducta (nunca me hablaron de la terapia familiar sistémica, ni de la Gestalt ni de otras terapias que han demostrado su eficacia). Suerte que el reciclaje y la curiosidad permanente me han dado la oportunidad de acercarme a algunas de ellas. Soy de la opinión de que no existe una única corriente o teoría que explique y resuelva absolutamente todas las problemáticas emocionales y conductuales. Me autodefino ecléctica porque la experiencia me demuestra que podemos nutrirnos y aprovechar lo que las diferentes perspectivas nos ofrecen, todo un crisol de oportunidades de ayuda, aunque manteniendo cierta coherencia o modelo básico como el que adquirí en la formación para psicoterapeutas infantiles de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. 

Hoy en día reconozco que desde el conductismo, donde se enmarca la técnica de tiempo fuera, muchas de las pautas que ofrecemos a padres y madres son especialmente útiles para eliminar conductas inadecuadas y reforzar las que se desean que se repitan, principalmente el refuerzo positivo. Yo misma he aconsejado muchas veces emplear el tiempo fuera, es más, yo lo he empleado con mis hijas y me funcionó, resultó una técnica eficaz. Consiste en retirar al niño o niña del contexto en el que se produce un comportamiento inadecuado por su parte (ante una rabieta, una conducta agresiva, etc.) mandándole a un lugar de la casa donde no pueda jugar sino pensar sobre su conducta inapropiada. En teoría lo que pretende es privar al niño o niña de obtener un reforzador (la situación en que se produce la conducta a eliminar) y que aprenda a reflexionar sobre las consecuencias negativas. Siempre se aconseja que se mantenga al niño o niña aislado tantos minutos como años tiene, es decir, dos años, dos minutos, tres años, tres minutos (con el límite de no más de diez minutos)...hasta que el niño o la niña recobre la calma. 

Tras haber estudiado en mi formación los efectos del abandono en niños y niñas quizás esté más sensibilizada o simplemente vaya adaptando en ese proceso de acomodación de la información en mi cabeza una especie de notas de texto explicativas que reorganizan las ventajas y consecuencias de los métodos educativos y de las estrategias a emplear. Desde hace tiempo en los casos de niños y niñas acogidos o adoptados que han sufrido una o más rupturas de vinculación, desaconsejo emplear el tiempo fuera ya que puede ser vivido como una experiencia retraumatizante de rechazo del adulto. ¿Un niño aislado es capaz de reflexionar a solas sobre su emoción (quizás sí sobre su conducta, pero no sobre lo que siente, tomar conciencia de cómo y porqué)?. Un niño o niña que haya sufrido la negligencia y abandono de sus cuidadores acumula experiencias emocionales en su memoria que pueden activarse al sentirse apartado y solo en ese momento. 


Para explicarlo, Laura Rincón utiliza la metáfora de que nuestro cerebro es como el cofre del tesoro con varios compartimentos, tres de ellos muy importantes:
-el cerebro reptiliano: es el que tenemos en común con los animales, encargado de los impulsos más instintivos como el hambre, el sueño y el deseo sexual y cuando nos sentimos amenazados nos prepara para el ATAQUE O LA HUIDA
-el sistema límbico, relacionado con las emociones, la conducta, el pensamiento y la interpretación del mundo que nos rodea, es el compartimento que guarda los sentimientos.
-la corteza cerebral, donde se guarda la conciencia y voluntad, el pensamiento y nuestra capacidad para aprender y razonar, donde se encuentran los millones de neuronas que registran todas las experiencias, buenas y malas.

"A ninguno se le ocurrió pensar que un niño enojado, solo en un cuarto, al que le enseñaron la HUIDA en casos de conflicto o problemas, está incapacitado para usar su corteza cerebral y poder pensar y razonar. Además, como no existe contacto visual, no se puede llevar a cabo una confrontación sana" dice Laura Rincón. Lo que hay ante una situación así es una huida de la emoción, no ayuda a identificar el motivo que la activa por medio únicamente de la reflexión del niño o niña porque necesita de la guía del adulto para ello. Metacomunicar, reflejarle al niño cual es la emoción que está sintiendo nombrándola, ayudándole a identificarla es lo efectivo y lo menos traumático, ya que le ayuda a entenderse y entender la situación. En numerosas ocasiones los niños (y los adultos también) son incapaces de saber qué les pasa y dejarles solos con su emoción no hace más que incrementar su angustia.

"El pobre niño pequeño se las tiene que arreglar solo, sintiéndose devorado por una especie de monstruo interno que no puede controlar. Como se siente tan solo y dejado a la deriva con su rabia, descubre que la solución para evitar ese castigo tan horrible es tragarse la rabia y hacer como si nada." Lo que realmente se hace al aplicar el tiempo fuera es abandonar al niño o niña a su emoción, desarmarle ante la misma, con la que tiene que combatir sin entenderla. No le enseñamos que tener rabia forma parte de la polaridad humana, que tenerla no es malo si sabemos manejarla, que incluso nos puede ayudar a defendernos en algunas situaciones en que nos sintamos amenazados pero de forma controlada. Tragar para sí la rabia o enfado no es procesarla, ni siquiera es comprenderla, es simplemente anular la expresión esa emoción. 

Con todo lo anterior no quiero restar importancia a una técnica ampliamente empleada y que ha dado resultados eficaces en muchas ocasiones, sino que es mi interés reflexionar sobre la utilización de la misma: si el adulto no sabe manejar adecuadamente otros factores como el tono de voz que emplea, la comunicación no verbal, o la respuesta posterior al finalizar el tiempo fuera. Pensemos que una situación de tensión que requiere apartar al niño o niña, acompañada de una reprimenda con tono elevado, gesto de enfado y una de esas frases grandilocuentes como "¿ves?, ¡así calmado la mamá te quiere más!" tiene poco de beneficioso en la educación y autoconocimiento del niño de cara al autocontrol, el adulto no predica con el ejemplo. En el caso de niños y niñas que han sufrido abandono o cualquier tipo de maltrato lejos de ser una técnica instructiva es una técnica punitiva que no enseña. 

Quiero acabar esta entrada que empecé a escribir hace varias semanas (la vida últimamente no me da para mucho más) haciendo referencia a la última publicación de mi estimado amigo y colega José Luis Gonzalo Marrodán, "Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo en los niños adoptados y acogidos" por dos razones. 

La primera porque me parece una obra genial y necesaria escrita en un lenguaje comprensible al tiempo que recoge una fundamentación basada en numerosos autores, con lo que se trata de una publicación con rigor nada desdeñable. La segunda, porque aunque no he tenido la ocasión de leerlo aún entero, hojeando el libro he encontrado precisamente una referencia al tiempo fuera. José Luis hace referencia a los tres ingredientes básicos para favorecer una parentalidad terapéutica: la permanencia, la regulación y los límites. Y en concreto en referencia a la primera, José Luis señala: "Los niños necesitan tiempo dentro y no tiempo fuera (Dantagnan, 2014). El tiempo dentro con el adulto le enseñará al niño cómo responder, relacionarse, actuar, prever las consecuencias, planificarse, controlarse, etc. El tiempo fuera no enseña nada al niño. "  No se puede decir mejor ni ir más al hilo de lo que pretende esta entrada. 

Espero que la lectura de este libro os sea de gran utilidad a padres y profesionales. Para mí será fuente de inspiración sin duda de más entradas.








sábado, 22 de agosto de 2015

Dos mamás, dos estrellas

Dedicado a todos los niños y niñas adoptados…y sus dos mamás:

Dicen los aldeanos del lugar que si miras al cielo en los noches de tormenta es posible ver llorar a las estrellas. Lloran de pena, afligidas por el dolor de unas madres que no pueden ver cumplidos sus sueños, porque añoran sus quimeras tanto tiempo pensadas. Algunas de esas madres lamentan sus sueños rotos de no poder engendrar un hijo; otras, que lo engendraron, lloran y lloran porque no pueden tenerlo con ellas, porque no sabían o podían cuidarle. 

Sus lágrimas amargas, simbióticamente reflejadas en esas estrellas confidentes, se funden en un profundo pesar del que, sin saberlo, al unirse, se van formando estalactitas de amor, largos haces de afecto que juntan cielos y tierra, creando un manto brillante que les lleva a ambas mujeres hasta un hijo o hija compartido. Unas les dieron la vida, otras les procurarán cuidados y amor. Miles y miles de estalactitas de amor, tantas como adopciones hay, repoblan el espacio entre cielo y tierra. 

Las estrellas saben muy bien que su llanto hace posible que ambas madres compartan un lazo que les va a unir para siempre desde ese momento. La biológica, al otro lado del firmamento, imperceptible a la vista, emite en la distancia una pequeña luz que permite saberla existente siempre allí desde donde se encuentre su pequeño. La otra estrella, la que le cuida y educa, se transforma cada día al amanecer en una importante estrella, el sol radiante, que calienta, guía y da luz. Con sus rayitos solares hace cosquillas al pequeño para hacerle reír. Otras veces le acuna cuando está triste o enfadado sin saber por qué, esperando pacientemente que se calme. 

Dicen también los aldeanos que en las noches claras de luna, muchos niños y niñas adoptados dejan volar sus sueños, unas veces despiertos y otras tantas dormidos, agarraditos a su burbuja materna con forma de corazón sin soltarse, hasta llegar al filo de la luna menguante desde donde pueden sentir más cerca la luz que sus dos mamás transmiten. Desde allí, sentados mirando al frente, es posible verles imaginando cómo será su estrella lejana, fantaseando y pensando en momentos bonitos vividos con ella, incluso enojándose por no poder tenerla un poco más cerca. ¡Cuánto darían por tener juntas a sus dos mamás!. 

Su estrella cercana, la que le cuida y le quiere, para consolarle le manda una estrella fugaz donde depositar sus buenos deseos, sus logros, sus preocupaciones, y poder así hacérselos llegar a su otra mamá, al tiempo que le tiende su mano suspirando en silencio para no delatar a su corazón. Dolor y alegría se entremezclan. La esperanza cumplida tiene un precio caro muchas veces difícil de soportar.

Y al amanecer, alejándose poco a poco la noche, dicen los aldeanos que gotas del rocío, tantas como adopciones hay, aparecen cada día en los árboles del bosque simbolizando la unión entre dos madres que hizo posible que cada niño y niña tuviera una familia donde crecer feliz." 

Conchi Martínez Vázquez.


El tema de los orígenes y especialmente lo relativo a la madre biológica de los niños y niñas adoptados es sin duda una de las grandes cuestiones para grandes y pequeños, no sólo por lo que supone en tanto que asimilación e integración de la propia historia, sino además por los sentimientos contrarios asociados. No deber ser fácil ni para unos ni para otros gestionar y entender emociones que surgen de manera espontánea.

Legitimar, normalizar, aceptar es el mejor calmante.

Y para ello se necesitan herramientas, formas de acercarse al tema sin que duela, pero tampoco de manera banal. Acompañando al niño o la niña en sus propios pensamientos, fantasías y temores, sin dejarle solo en ese maremágnum de sentimientos basados en fragmentos de historia que hay que ayudarles a ensartar y darle forma. Los cuentos, en este sentido, tienen un verdadero poder sanador, terapéutico que ayuda a entender y a explicar. Y uno de los que trata este tema dirigido a niños y niñas y del cual quisiera no solo hablaros sino recomendaros, es el cuento ¿Yo tengo dos mamás? de la Editorial Círculo Rojo.

Ese es el título del precioso cuento que desde el corazón Mercedes Moya escribió pensando en su hijo y que junto a las ilustraciones de Mª José Sánchez Megía, otra mamá adoptiva, han dado forma a una útil herramienta que recoge de manera clara, cercana y emotiva una historia que ayuda a integrar a la madre biológica en la vida de los niños y niñas adoptados. Podéis ver el trailer del cuento en el siguiente video:



Mercedes Moya es, además de una excelente persona, la administradora de una web muy interesante, Adopción Punto de Encuentro, que recoge multitud de recursos y experiencias sobre el tema de la adopción, un lugar virtual que no puede faltar en vuestros paseos por la red si os interesa el tema. Admiro mucho su labor y la de otras personas que trabajan de manera altruista para apoyar y ayudar con sus conocimientos a las familias adoptivas. Desde aquí mi admiración a las mismas y mi reconocimiento más sincero. 


viernes, 6 de febrero de 2015

Resistir, rehacerse, resiliar...La estrella que cayó al mar

Retomando nuevamente el pulso a escribir entradas que vayan haciendo de este pequeño blog un lugar donde asomarse y descubrir cuestiones de diverso interés, me decidía a llamar de nuevo a las musas para que me inspiraran pero..¡no!...de repente, curioseando yo mi misma en "mis papeles virtuales"... he redescubierto una entrada que compartí en el blog de mi amigo y colega Javier Romeu (al que vuelvo a agradecer que me animara a tener mi propio espacio bloguero y si aún no conoces el suyo te aconsejo que lo hagas en Diseñando pasados, recordando futuros, https://disparefuturo.wordpress.com/) y que me ha hecho pararme en ella para rescatarla, o quizás para extenderla aún más.

Es una entrada especial, tanto por el contenido como por la niña en la que me inspiré, ya que en estos momentos la vida se ha empeñado en ponerle alguna que otra piedra de más en su ya accidentado camino. Quizás por la tristeza que me causa la situación de ahora, pero al mismo tiempo por la esperanza en la que confío, el mensaje de esta entrada le llegue de algún modo y pueda recobrar la estabilidad y la aceptación que tanto necesita. De los otros y de ella misma.Un lugar en el mundo, su lugar en el mundo. 

La entrada, que la escribí hace más de un año y que hoy comparto aquí se titula "LA ESTRELLA QUE CAYÓ AL MAR":


Siempre me han fascinado las estrellas de mar. La forma con la que se nos muestran se asemeja a sus homólogos astros, pero tras su aparente frágil aspecto, gran cantidad de espinas pueden cubrir su cuerpo para protegerse de depredadores. Alrededor de esas espinas tienen unas pequeñas pinzas que utilizan para mantener limpia la piel de algas u otros restos que intentan adherirse a ella.

Pero sin duda alguna, lo que más me sorprende de este increíble animal es su capacidad de regeneración cuando se ha escindido por causa de un agente externo como un golpe o una agresión. A partir de un solo brazo, es capaz de regenerase y con ello volver a estar completa. Podría decirse, en términos de resiliencia – nunca mejor dicho- aquello de Michael Manciaux de “resistir y rehacerse”…

Empleando el pensamiento mágico de los niños, podríamos pensar que las estrellas de mar quizás fueran en otro tiempo estrellas del firmamento que han caído al océano porque no se dieron las circunstancias para que allí permanecieran. Una atmósfera irrespirable donde la violencia celestial mermara el oxígeno necesario para sobre-vivir, un asfixiante calor intrusivo que las incapacitara para desarrollarse como astro único, un posicionamiento inadecuado en un lugar donde no podían brillar con luz propia porque dedicaban todos sus esfuerzos a buscar la luz de las estrellas grandes sin éxito … les hicieron ir a parar a otro lugar, a otro mundo, a otro espacio.

Un astro rey Sol o una brillante Luna, no pudieron, no supieron o quizás no quisieron que formara parte de ese firmamento en el que surgió. Algo muy parecido a lo que ocurre con niños y niñas acogidos o adoptados. Si las estrellas de mar tuvieran que encontrar su otro yo en el mundo humano, lo encontrarían en este enorme puñado de pequeños que, como ellas, desarrollaron espinas para protegerse, pinzas para limpiar las heridas del alma y fuerza arrolladora para seguir adelante, para regenerarse aunque el trauma provocado por su historia de vida haya roto alguna de sus partes. Gracias al poder sanador de los elementos del nuevo medio podrán sanar y restablecer nuevos vínculos, minimizar sus mecanismos de defensa como la huida y el ataque, porque ya no será necesario, y así, brillar con luz propia. Aunque por un tiempo se sentirán desterradas hasta que puedan adaptarse y encontrar su sitio.

Conozco muchas estrellas de mar. María fue adoptada cuando tenía cinco años, después de pasar la mitad de su vida institucionalizada en un orfanato de otro país. Relata cómo sufría cada vez que venían los domingos nuevos papás a elegir un niño o niña. Mostraba su mejor sonrisa, hacía gala de sus encantos, pero una y otra vez se frustraban sus esfuerzos porque siempre ganaba alguno de sus competidores de amor.Sin embargo llegó el gran día y encontró lo que necesitaba, una familia que le diera el afecto y los medios para sanar sus heridas producidas por el abandono y malos tratos a los que estuvo expuesta. Cuando llegó a su nuevo “océano” no fue fácil. 


Al igual que la estrella de mar, la niña necesitaba protegerse de un medio percibido como hostil, del desconocimiento de costumbres, formas de relación, normas y límites que no formaban parte de su repertorio. A la pérdida de su figura de apego se le sumaba entonces la segunda ruptura del que se había convertido su hogar en los últimos años. Tardó tiempo en poder comprobar que este océano nuevo tenía ciertamente algunos peligros reales y otros que eran sombras del pasado, que además de depredadores podía encontrar a su alrededor un colorido espectacular que podía despertar en ella emociones positivas. 

También descubrió que existen cuevas marinas que sirven de refugio donde sentirse segura y protegida. Como una red en el amplio sentido del término que le permite sostenerse, encontrar el equilibrio, agarrarse a tierra firme. Además de sus padres adoptivos, su profesora de mates, la monitora del comedor, la psicóloga, la mamá de su amiga Clara, etc. todo un ejército de tutores de resiliencia van a ayudarle a regenerar sus partes dañadas. María tiene hoy 10 años y brilla cada vez más con luz propia.

Hay una historia por la cual tengo predilección y en la que pienso muchas veces ante situaciones que tienen que ver con la falta de sensibilidad de algunos adultos ante determinadas conductas de un niño quien, debido a las consecuencias de haber vivido situaciones de violencia de manera directa o vicariamente, abandono, situaciones de estrés extremo o cualquier otro ataque a su persona, presenta un comportamiento agitado, agresivo, poco empático. Ante esto muchas veces desde el contexto familiar y/o escolar se le atribuye maldad en sus actos sin pararse a pensar que, además de ser imprescindible separar la persona de la conducta –todos necesitamos una aceptación incondicional de la persona aunque la conducta sea inadecuada-, es necesario comprender que para poder regenerarse necesita que haya elementos en su entorno que le ayuden a cerrar su herida, que no es un monstruo marino, sino una estrella de mar dañada a la que escuece su herida y sólo la sal del afecto, la comprensión, los límites y la aceptación pueden curar. 

Ahí va la historia:
Cierto día, caminando por la playa, reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba a la mar. Hacía lo mismo una y otra vez.Tan pronto como me aproximé, me di cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena, y una a una, las arrojaba de nuevo al mar.

Intrigada, le pregunté sobre lo que estaba haciendo, y me respondió: -Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano. Como ves, la marea baja y estas estrellas han quedado en la orilla. Si no las arrojo al mar, morirán aquí por falta de oxígeno.

-Entiendo -le dije-, pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa. No puedes lanzarlas a todas. Son demasiadas y quizás no te des cuenta de que esto sucede seguramente en cientos de playas a lo largo de la costa. ¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?

El hombre sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina, y mientras la lanzaba al mar, me respondió:-Para ésta sí lo tuvo.”

Encontraré en mi camino muchas estrellas de mar y, aunque no podré lanzarlas todas al océano, confiaré en que cada vez que me agache para coger una, habré contribuido un poco a que su luz destelle hilos de esperanza y algún día brille con fuerza, seguramente la suficiente como para que no deje que caigan del firmamento más estrellas al mar.

jueves, 30 de octubre de 2014

Familias y menores. Retos y propuestas pedagógicas (ha "nacido" un nuevo libro)



Tengo la ilusión de compartir con vosotros el “nacimiento” de un nuevo libro en el que he tenido la oportunidad de participar como coautora junto con varias compañeras, todas ellas sensibilizadas e implicadas por los temas relacionados con familias y menores. 

Cuando he tenido ante mí esta mañana un sobre con mi nombre, y en su interior el libro, ha sido como la última pincelada de una obra pictórica, el final de un proyecto, largo en el tiempo, que se ha convertido en una realidad. La idea de la publicación surgió en torno a la docencia dirigida a los/as alumnos/as de Educación Social y de Pedagogía en la Universidad de Valencia, con el fin de elaborar un manual que permitiera abordar de manera integral el apasionante mundo de la infancia sin perder de vista el importante papel de la familia (la indivisibilidad de ambos conceptos es incuestionable cuando hablamos de intervención).


http://www.tirant.com/humanidades/libro/familias-y-menores-retos-y-propuestas-pedagogicas-paz-canovas-leonhardt-9788416062614#

El libro se titula “Familias y menores. Retos y propuestas pedagógicas”, de la editorial Tirant Lo Blanch (2014), y está estructurado en cinco partes en las que, a través de 19 temas, se hace una revisión de asuntos muy importantes que conjugan el abordaje teórico pero también la reflexión desde la práctica profesional. Aspectos como la aproximación al concepto de familia, el menor como sujeto de necesidades y derechos; la educación familiar, la orientación, mediación y terapia familiar, las técnicas relacionadas con las estrategias; los recursos especializados como los SEAFI´s, los puntos de encuentro familiar, el acogimiento y la adopción como medidas de protección; la violencia filioparental, la trata de niños y niñas, la discapacidad, la educación sobre drogas o la corresponsabilidad familiar son, como veis, un amplio abanico de miradas poliédricas que encierran desde la pedagogía una respuesta social .

Para que podáis ojear un poquito más los contenidos os dejo aquí un enlace donde podréis acceder a las primeras páginas y al índice. 



Desde aquí, mi agradecimiento a Paz Cánovas Leonhardt y Piedad Sahuquillo Mateo, coordinadoras del manual (y compañeras de proyectos e ilusiones desde hace años), que me ofrecieron la posibilidad de contribuir a la preparación de este libro que pretende ayudar a ayudar a los profesionales que trabajan con los menores y sus familias. Vaya también mis felicitaciones al resto de compañeras coautoras, grandes profesionales que han sabido plasmar un buen puñado de reflexiones y buenas prácticas: 

Esther Ciscar Cuñat, Concepción Aroca Monolío, Mª Carmen Aguilar Ramos, Laura Villaescusa Martínez, Alicia Aceituno Lara, Flor Hoyos Alarte, Amparo Pérez Carbonell, Belén Zayas Latorre, Mª del Mar Lorenzo Moledo, Mª Carmen Bellver Moreno, Carmen Campos Aparicio, Mª Rosa Buxarrais Estrada, Marta Burguet Arfelis.

Contacta conmigo

resilienciainfantil@gmail.com