"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

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lunes, 3 de junio de 2013

Tu, yo, nosotros. El modelo mental de la relación y su repercusión a nivel emocional, comportamental y cognitivo (III y final)

¿Estás suficientemente tranquila/o, dispuesta/o a concentrarte en una lectura un tanto más teórica que otras veces (que no por ello poco importante), con tiempo para la reflexión antes, durante y después?
 
¿Estás ahora con una actitud predispuesta para intentar asociar los contenidos con ejemplos de niños y niñas de tu entorno? Si no es así, y las prisas que a todos nos envuelven te acompañan en este momento, te invito a que pospongas la lectura de esta entrada, pues aunque con ella, y gracias a las investigaciones que provienen de autores de relevancia en el tema del apego podemos llegar a componer algunas piezas más de este puzzle que suponen las relaciones tempranas, es preciso realizar una lectura pausada para  saborearla mejor.
 
 
Al igual que en las dos entradas anteriores, hablamos del modelo mental de relación y cómo la representación que el niño hace de sí mismo, de los demás y de la relación que se establece, va a influir en el estilo de apego que desarrolle. Como en las otras entradas, también las ideas y conceptos han sido extraídos del libro Vinculaciones Afectivas de Mª Josefa Lafuente y Mª José Cantero (editorial Pirámide, 2010). En esta ocasión y dado lo denso del tema, la entrada es prácticamente una transcripción de la información que aparece en un apartado del capítulo del libro que habla del sistema de apego.
Empezamos:
"Los modelos mentales de relación repercuten sobre la calidad del apego a tres niveles: emocional, comportamental y cognitivo.
El modelo mental que deriva de la calidad de la interacción con cada una de las figuras significativas dentro del sistema familiar, y que es responsable de la calidad del vínculo de apego desarrollado, determina el tipo de sentimientos y conductas, afectando tanto a su nivel de expresión como a su calidad, e influye sobre el procesamiento de la información, focalizando la atención selectivamente, depurando los recuerdos y conduciendo a interpretaciones más o menos realistas o sesgadas.

a)      A nivel emocional, los modelos influyen en los sentimientos generales que experimenta el sujeto. Si el modelo mental es positivo, los sentimientos serán de seguridad, confianza, alegría y bienestar; si el modelo mental es negativo,los sentimientos serán de inseguridad, desconfianza, ansiedad, incertidumbre,vergüenza, cólera, disgusto y malestar en la reacción emocional inmediata ante una situación o “evaluación primaria” (una adolescente se alegra porque un chico que acaba de conocer la telefonea) y en el proceso que contribuye a que la respuesta emocional se mantenga, se exagere o se debilite o “evaluación secundaria” (después de hablar con él podrían derivarse tres posibles cursos emocionales: continúa contenta, exagera imaginando ya un noviazgo con él, o piensa que nunca volverá a llamar).

Un modelo mental positivo predispone además hacia una expresión emocional más adaptativa, caracterizada por su moderación, capacidad de autorregulación, aproximación reflexiva y no defensiva a las emociones y apertura emocional.

 
b)      A nivel comportamental, influyen en la intensidad de las conductas de apego y en el tipo de conductas, planes y estrategias, tanto almacenadas como nuevas, que van a ir manifestándose. Si el modelo mental es positivo, las conductas de apego serán adaptativas y se activarán y desactivarán en situaciones apropiadas y con la intensidad adecuada: por ejemplo, si alguien está en desacuerdo con una decisión de su pareja intentará razonar y dialogar con ella.
 
    Sin embargo, si el modelo mental es negativo las conductas de apego no serán adaptativas: por ejemplo, al estar en desacuerdo con una decisión de la pareja el sujeto la evita, se limita a criticarla o le pega. Además, si el modelo mental es negativo, las conductas de apego se activarán en situaciones inapropiadas y, en ocasiones, a niveles demasiado altos, o quedarán prácticamente desactivadas, incluso en aquellas situaciones en las que lo apropiado sería activarlas.
 
    Por ejemplo, se ha podido comprobar que las reacciones ante el dolor de los niños ambivalentes y desorganizados controladores son consistentemente más exageradas, y que los controladores tardan más en tranquilizarse y su respuesta conductual es más colérica. La reacción del ambivalente se justifica porque el niño necesita asegurar una respuesta a su dolor por parte de una madre que él sabe que es inconsistente, poco respondiente e hipersensible a las manifestaciones emocionales negativas. La conducta del desorganizado controlador se explica porque el niño tiene una madre amenazadora o atemorizante que le conduce a evaluar como más amenazadora de lo que realmente es cualquier situación que le produce malestar.

c)      A nivel cognitivo, los modelos, una vez construidos y organizados, operan de forma inconsciente e influyen en el procesamiento de la información: son, como dice Googvin (2008) “filtros interpretativos” (…) La influencia del modelo sobre el procesamiento de la información a nivel inconsciente contribuye, especialmente cuando el modelo es negativo, a que el individuo preste atención a ciertos aspectos del estímulo con preferencia a otros, creando sesgos en la codificación y recuperación del recuerdo y afectando a los procesos de explicación. (…).
 
    Bowlby habla del papel desempeñado por los mecanismos de defensa sobre la información que va a depositarse en el modelo mental. Pero no asume estos mecanismos sin más, sino que los reelabora a la luz de la teoría del procesamiento de la información.
 
    Los teóricos del procesamiento de la información indican que “excluimos selectivamente información disponible pero irrelevante, para focalizar nuestras limitadas capacidades de una forma más eficaz en lo que resulta más importante para la tarea en curso. Según Bowlby, la exclusión defensiva –denominada por otros represión-puede fundarse en similares mecanismos, se excluye selectivamente información disponible (hechos, identidades, necesidades propias), pero con el objetivo de desviar percepciones, sentimientos y pensamientos que de otro modo nos causarían una ansiedad y sufrimiento psicológico insoportable”.





La exclusión defensiva tiene a corto plazo una función autoprotectora, pero impide que actualicemos nuestro modelo adecuadamente y que nuestro sistema de apego se active en los momentos apropiados, conduciendo a un uso exagerado o excesivamente restringido de las conductas de apego.
 
Bowlby especula además con la posibilidad de que la exclusión defensiva pueda estar facilitada por la separación de las informaciones contradictorias en diferentes sistemas de memoria, haciendo así más difícil que se detecte el conflicto entre ellas y se modifiquen. Por ejemplo, se comprueba que algunos sujetos dan descripciones generales positivas de sus padres (memoria semántica) y se contradicen cuando explican episodios concretos negativos de su vida con ellos (memoria episódica). Sin embargo, lo que se aparta de la consciencia no se elimina nunca del todo, y de hecho es frecuente que al recordar algo con motivo de una terapia el paciente diga “siempre lo supe, pero nunca he pensado en ello”.


Bowlby cita tres situaciones especialmente proclives a la exclusión defensiva:

1)      La primera se refiere a cuando un niño activa intensamente su conducta de apego y su figura de apego no le da una respuesta adecuada e incluso le castiga o  le ridiculiza. Por ejemplo, el niño tiene miedo de algo, pero en lugar de tranquilizarlo y ofrecerle apoyo se burlan de él y le dejan solo.

2)      La segunda tiene lugar cuando un niño se entera que su figura de apego quiere que ignore, dándole ella una versión distinta de los hechos que ha presenciado, y en ocasiones ordenándole que no se le ocurra comentar nada a nadie, porque si cuenta algo nadie le va a creer, o incluso castigándole. Entonces para eliminar su ansiedad, el niño excluye recuerdos importantes de su consciencia, y sólo deja a nivel consciente la versión verbal que le ha dado su figura de apego. En este caso puede formar dos juegos de modelo mental, uno accesible a la consciencia, basado en la información falsa, y otro inaccesible a la consciencia o solo intermitentemente accesible, que contiene la experiencia vivida por el niño y su propia interpretación.
  
Un ejemplo relativamente frecuente que ejemplificaría esta segunda situación es la versión falsa dada al hijo sobre el suicidio de un progenitor que él ha presenciado o descubierto, diciéndole que ha sido un accidente o el resultado de una enfermedad. Otro caso es el relacionado con actividades sexuales como cuando el niño descubre una infidelidad, o cuando la madre se dedica a la prostitución y hace pasar a los clientes por parientes, o cuando el progenitor comete incesto con el niño y luego se comporta como si las interacciones sexuales no hubieran ocurrido.

3)      La tercera ocurre cuando el sujeto ha hecho o pensado algo que le hace sentir insoportablemente culpable o avergonzado o cuando le impiden expresar sus sentimientos o le animan a no hacerlo. El incesto también podría entrar en este tercer supuesto, ya que un niño o adolescente que es obligado a participar en interacciones sexuales con un adulto se sentirá avergonzado o culpable.
 
Otro ejemplo para este tercer supuesto sería el del progenitor que, cuando muere su pareja, le dice a su hijo que debe ser valiente y que no llore, o él mismo no se permite afligirse y su hijo sigue su ejemplo. O el del niño al que sus padres le piden que no llore cuando despiden a su cuidadora porque le pondría más difíciles las cosas a la cuidadora, o le advierten que cuando se queda en el hospital o en la guardería que no llore o no volverán a por él. También valdría como ejemplo la situación en la que un progenitor que ha tenido una infancia traumática, para no recordarla, exige a sus hijos que se muestren siempre felices.

A veces el niño puede excluir defensivamente sólo la identidad de la persona hacia la que él tiene sentimientos hostiles, desviándolos hacia otra persona menos importante, o incluso hacia sí mismo en forma de autoculpa.

Quienes se convierten en cuidadores compulsivos para apartar su atención de sus propias necesidades de apego no satisfechas, están procediendo por estos mecanismos. Son aquellos que realizan una inversión del rol, proporcionando cuidados a un progenitor que los demanda y por el contrario no los proporciona. El niño siente ira hacia su progenitor porque éste no le da la protección esperada y no satisface sus necesidades; sin embargo, excluye también de su mente esas necesidades y elabora una imagen parcial en la que su progenitor es cariñoso, generoso y merece amor y gratitud.

 
También puede recurrirse a la falsa atribución defensiva, es decir, a reinterpretar el suceso defensivamente, deformando las motivaciones del cuidador. Por ejemplo, si un niño es maltratado, puede llegar a la interpretación “me pegan porque me quieren y desean que sea mejor”.

Así pues, el modelo interno de sí mismo y del otro influye en una relación a través de los procesos de recuerdo, interpretación y atribución, que por un lado reflejan objetivamente la realidad y que por otro crean subjetivamente la realidad de uno mismo, del otro y de la relación de ambos. Las relaciones inseguras parecen fomentar procesos regulatorios engañosos respecto a sí mismo y respecto al otro, ya que disminuyen la capacidad para atender y procesar información relacionada con el apego. En cambio, las relaciones seguras favorecen la creación de realidades positivas, ya que una actitud de confianza suele elicitar confianza recíproca pero también más objetiva, porque el sujeto está abierto a procesar todo tipo de información."
 
Si has llegado al final de la lectura, te felicito. Tu atención e interés hará posiblemente que recuerdes,interpretes y atribuyas esta entrada como parte de ese paradigma de los buenos tratos que pretende desde un modelo comprensivo acercarse al mundo de la infancia. Muchas de las conductas de niños y niñas adoptados, acogidos o que viven en entornos negligentes o maltratantes tienen como base un modelo mental de relación que ha propiciado un apego inseguro o desorganizado.
 
Si además has reflexionado antes, durante y después...lo tuyo tiene premio: un lugar en este blog para compartir tus reflexiones sobre lo expuesto en relación al modelo mental de la relación (o de otros temas que tú consideres). ¿Te animas?
Feliz semana!!!

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