"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"
"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

jueves, 31 de diciembre de 2015

Encuentros con chispa: tutores de resiliencia

Era una noche estrellada y ahí, desde lo alto de un cometa, el Principito susurraba como en otras ocasiones: “Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya”. Erguido como sólo él sabía hacerlo, miraba hacia abajo intentando vislumbrar el mayor número posible de niños y niñas que necesitaran consuelo, afecto y comprensión. Tenía un firme propósito para este Nuevo Año: un niño, un tutor de resiliencia. Se resistía a creer la idea tan frecuentemente escuchada de que aquel que nace en un entorno hostil o que ha pasado muchas penurias no podrá nunca ser feliz ni llevar una vida organizada. Por eso, desde lo más alto, dirigió el cometa en el que se desplazaba hasta la estrella Resilio haciéndolo chocar contra ella, lanzando así millones de chispas mágicas capaces de unir personas....(posible continuación de El Principito, espero me disculpe el autor, esté donde esté, por la osadía)

No hace falta tener unos enormes ojos para ver ni una gran boca con que hablar para crear relación, tan sólo la mera existencia de dos personas que se encuentran, se perciben y reconocen como tal, se "sienten" e inician un acto de comunicación que hace que mirada y voz se conviertan en mágicas llaves de esperanza

He podido sentir de niña – y a veces de más mayor- la conexión inexplicable con alguna persona con la que, de forma casi imperceptible, comencé a sentirme comprendida, aceptada, valorada. Basta una mirada, o unas pocas palabras que cubran la angustia o preocupación para comenzar la transformación.

En otras ocasiones, no pocas, me he encontrado al otro lado de la orilla. Entre sorprendida y asustada he escuchado muchas veces frases del tipo “aquello que me dijiste me hizo cambiar …”, “un día tú me aconsejaste…”, y quizás yo ni recuerde el día ni las palabras regaladas que tanto bien hicieron.


El poder de los encuentros es inconmensurable. Cuando tenemos como objeto de trabajo la relación de ayuda, no somos realmente conscientes de cuan importantes podemos ser para los otros. Y sin embargo, no es algo que elijamos, que podamos escoger a la carta para quienes vamos a ser referentes. Ha de mediar esa “chispa” capaz de hacer renacer la confianza en quienes la creían perdida, el afecto en quienes pensaban no sentirse dignos de amor, la belleza en terrenos áridos que tan solo estaban en barbecho esperando ser sembrados. Es posible sembrar esperanza, semilla de resiliencia.

No debemos olvidar que un buen campesino no lo es tanto si no dispone de herramientas apropiadas para labrar allí donde el desierto afectivo congeló la emoción, las inclemencias del tiempo dañaron la autoestima y los roedores dañinos rompieron raíces. Hace falta una mirada de aprecio para poder ver más allá del campo árido y visualizar un futuro esperanzador.

Una chispa es suficiente para encender el inicio de una relación que no necesariamente ha de ser terapéutica, tal vez incluso sea una relación puntual, un encuentro único que despierta en el otro una ilusión, un cambio, una meta. O puede ser un acompañamiento incondicional donde la aceptación y el respeto mutuo definen las reglas. Tal vez el verbo To be con su variabilidad de acepciones describa de la mejor forma lo que supone ser tutor de resiliencia: ser y estar al mismo tiempo. Ser auténtico estando disponible, permaneciendo. Valemos más por cómo somos que por lo que sabemos, pero sobre todo por lo que sentimos y hacemos sentir al otro. Las 3 "S": ser, saber, sentir. Todas ellas necesarias y presentes en los encuentros significativos.

Para aquel que dude del valor de estos encuentros según las investigaciones se sabe que las experiencias relacionales, las relaciones interpersonales, modelan la organización de las neuronas y por tanto la arquitectura cerebral. Dice Jorge Barudy (2010) que la mente infantil y luego la adulta emergen de la actividad cerebral, cuya estructura y función se encuentran modeladas por las relaciones interpersonales. La vida de las personas, incluso los patrones de apego, se van modificando en función de los encuentros interpersonales que se van teniendo.

De ahí la importancia que cobran las relaciones que se establecen con tutores de resiliencia. La revinculación afectiva con adultos que se convierten en importantes y confiables pueden suponer el inicio de un proceso de resiliencia. Un acompañamiento singular.

Acompañar es una preciosa palabra unida a la de tutor de resiliencia. En ese acompañamiento, si se establece un vínculo capaz de ofrecer seguridad y confianza, la relación puede tener un triple componente:
a) minimizador de riesgos
b) generador de aprendizajes para la vida 
c) transformador de patrones relacionales y conductuales

Y seguimos encontrando en nuestras vidas a lo largo del tiempo personas que se convierten en parte de nuestros gustos, aficiones, intereses y afectos. La vida ha puesto en mi camino muchas personas con las que me siento bien y me hacen sentir bien. Algunos forman parte de esos encuentros fabulosos que hacen posible reinventar una y otra vez la ilusión cuando las fuerzas flaquean, o consiguen despertar sonrisas que calman penas. Otras veces soy yo quien forma parte de la vida de las personas siendo una especie de faro en la tormenta, un atento silencio que escucha lamentos o simplemente alguien confiable. Muchas veces me asombra la rapidez con la que los niños y niñas comienzan a hablarme de sus preocupaciones como si nos conociéramos de siempre. Supongo que la chispa es más fácil encenderse en contextos seguros, con personas que transmiten seguridad. 

Si ayudamos, como decía nuestro particular Principito, a cada niño o niña a encontrar su estrella, a hacer brillar sus potencialidades, a creer en sí mismos mirando adelante por mucho que el pasado se empeñe en echarles la zancadilla, quizás, sólo quizás, podamos ser para ellos tutores de resiliencia. Y si no es así, al menos habrán merecido la pena nuestros esfuerzos.

Y hoy, en este día de Fin de Año, queremos celebrar conjuntamente que existen personas adultas capaces de brindar apoyo y afecto a niños y niñas con dificultad para vincularse. 

Quiero dar las gracias a José Luís Gonzalo Marrodán del blog Buenos tratos, a Sagrario Martín García e Iñigo Martínez de Mandojana Valle del blog Dando Vueltas y a Tatiana Cáseda Fernández e Iván Rodríguez Ibarra, compañeros y amigos todos ellos de esta “causa por los buenos tratos y las buenas prácticas” ya que me han brindado la oportunidad de participar en la elaboración de un documento muy valioso que surge tras la celebración de las II Conversaciones de apego y resiliencia infantil, celebradas el pasado mes de noviembre en Donosti bajo la dirección de José Luis y a las que no pude asistir (muy a mi pesar). 

Una muestra más de que para estar no es imprescindible la presencia física, de que la unión por algo que compartimos y en lo que creemos consigue sumar esfuerzos e intenciones como la publicación simultánea que en este día está teniendo lugar. Tres blogs hermanos que quieren lanzar un mensaje de esperanza al unísono recogido en un único documento que podéis encontrar en los blogs amigos de Buenos tratos y Dando Vueltas sobre vueltas o en el enlace https://goo.gl/ASjD5T (también pinchando en esta portada). Con ilusión, alegría y emoción queremos hacer llegar la voz de todos los que apostamos por los buenos tratos, de los niños, niñas y adolescentes que tienen brillantes sueños por cumplir pese a pasados oscuros, y de tantas y tantos tutores/as de resiliencia que con su labor van tejiendo afectos, recursos y metas. Todos iguales, todos diferentes, capaces de hacer surgir la magia al son de Bibidi Babidi Bu.


Para los que habéis llegado hasta el final, acabaremos el post de la misma forma que lo empezamos: 

Y allí, en la estrella fugaz desde donde viaja ahora el Principito, es posible divisar miles de chispas que en el Planeta Tierra unen personas de manera continuada. Nadie sabe de donde surgieron. Algunos miran para arriba pensando que algún meteorito hizo de las suyas encendiendo este fuego inocuo que cae en forma de lluvia. Otros piensan que un volcán dormido despertó lanzando lava y que los vientos del norte transportan a diferentes partes del mundo. Lo que sólo el Principito sabe es que esa chispa entre dos estuvo siempre en el interior de las personas y sólo el encuentro cara a cara posibilitó que salieran hacia afuera. Bastó una mirada, un gesto, una palabra, para que surgiera. Un encuentro con chispa que despertó las brasas de nuestra condición humana, nacidos para dar y recibir afecto, para ser seres sociales, para vincularse una y otra vez. En algún lugar del Planeta existe un tutor de resiliencia (o más de uno) para cada niño o niña, referentes de vida, y allí, desde lo alto, el Principito esboza una feliz sonrisa cuando al mirar hacia abajo descubre millones de chispas luminosas formando un bonito circuito de esperanza y oportunidades.

¡FELIZ 2016!


domingo, 13 de diciembre de 2015

Enseñar a crecer feliz, la huella parental

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.
(Poema de la Madre Teresa de Calcuta)

Quizás no pueda describirse mejor que con este precioso poema la forma en que, de manera explícita muchas veces y de forma velada otras tantas, los padres y madres vamos cumpliendo la tarea de educar a los hijos.

Cuantas veces nos hemos lamentado de lo ingrato de esta tarea, de que por más que se repiten las cosas los hijos siguen actuando igual y no cambian, que las enseñanzas caen en saco roto. Nada más lejos de la realidad. Todo llega, lo que pasa es que a veces el tiempo está reñido con las circunstancias, que hacen que aquel se alargue en muchas ocasiones dando lugar a procesos casi interminables como la adolescencia tardía, o una infancia salpicada por la dificultad para instaurar hábitos como la higiene, el orden, la planificación en el estudio, etc. Eso no significa que las enseñanzas no impregnen de sentido las experiencias de los hijos e hijas, sino que muchas veces se dan otros factores que influyen en los resultados. La mayor o menor maduración emocional, el grado de desarrollo cognitivo que facilita la planificación y el razonamiento, la existencia de alguna alteración o trastorno en la infancia, por ejemplo, pueden influir de manera positiva o negativa en ello.  

La madre Teresa de Calcuta tiene razón cuando resalta la importancia de lo aparentemente imperceptible. La huella del camino enseñado por los padres perdura en el mapa de vida los hijos, de tal manera que en función de cómo haya sido su paso (la relación y las competencias parentales) se dibujará un camino u otro. No es lo mismo el paso acompasado de una educación basada en la coherencia educativa (disponibilidad, sensibilidad, flexibilidad, afecto, normas y límites) que el paso de una apisonadora que arrolla cuanto hay en el camino como ocurre en muchas familias en las que los padres no respetan y humillan o maltratan a sus hijos desde una educación escudada tras el autoritarismo.

¿Qué puede hacer un niño o niña que crece en un contexto familiar violento, acusador, tóxico? Sobrevivir en muchos casos, vivir en el horror en algunos otros. Suerte que existen procesos casi mágicos resilientes que permiten que emerjan las fuerzas suficientes con la ayuda de personas que valoran, protegen e impulsan a niños y niñas a dar sentido a su vida, al autoconocimiento, a la superación.

Y en esto de equivocarse como padres y madres (que somos humanos y por ello no estamos exentos de errores) es de ley tomar conciencia de qué es lo que nos hace errar. No es lo mismo no saber hacer que pretender hacer con los hijos e hijas aquello que no pudimos conseguir, intentar que cumplan sueños impropios e inapropiados, mantener ceguera ante las verdaderas necesidades e intereses.

Los moldes de escayola generan figuras idénticas. La educación sin embargo, moldea sin moldes, sin hormas. Cada manifestación de afecto, cada vez que se hace cumplir normas realistas y adaptadas a la edad, cada palabra de aliento, cada enseñanza de valores mediante el ejemplo, va moldeando, van abriendo un camino de vida. Que va a ser distinto para cada hijo e hija. Otra cosa distinta será  qué derroteros o rumbos van seguir, no lo podremos saber. De ahí la importancia de darles suficientes herramientas personales para que superen los posibles baches o dificultades con que necesariamente se van a encontrar. 

Como en otras ocasiones, comparto con vosotros un material que creo que puede ayudar a conseguir esto de darles herramientas. Se trata de una publicación de UNICEF (2008) que tiene por título “Ayudemos al niño a crecer feliz”(http://www.unicef.org/uruguay/spanish/Ninos_Contentos_1_final_20070706.pdf) y que ofrece orientaciones dirigidas a padres o tutores de niños y niñas de 6 a 12 años. ¡Qué título más bonito por cierto!


A continuación se recogen algunas pautas interesantes, inteligentes y apropiadas que ofrece la publicación: 

AYUDARLO A SER INDEPENDIENTE

1. Aceptar su individualidad. Debemos evitar las comparaciones porque, por lo general, son muy dañinas. Y debemos aceptar que el niño pueda querer para sí mismo algo diferente de lo que nos gustaría para él. Aunque nos cueste, debemos admitir que es una persona distinta y tiene derecho a elegir entre opciones, así como a desarrollar gustos diferentes a los nuestros.
2. Incentivarlo a explorar su mundo. Es importante alentar la curiosidad y el interés del niño, en especial a través del juego y la lectura. Y en tanto explora el mundo, debemos enseñarle a confiar en sí mismo permitiéndole tomar decisiones paulatinamente.
3. Ayudar a que encuentre alternativas para lo que quiere. Explorar las ventajas y desventajas de las opciones que se le ofrecen permitirá al niño no sólo tomar decisiones, sino también formar su propio criterio en base a las pautas y los valores que los padres le trasmitimos. En un mundo plagado de mensajes ambiguos -y hasta engañosos-, la exploración será una herramienta fundamental en su vida.
4. Darle libertad para resolver sus problemas. El niño necesita desarrollar actividades solo, por más que le resulten difíciles. Si se lo permitimos, contribuiremos a que aumente la confianza en sí mismo.
5. Respetar su ritmo de crecimiento. Se habla mucho de la importancia de la estimulación, y los logros de nuestros hijos nos llenan de orgullo. Sin embargo, no debemos forzar al niño a hacer determinadas cosas -como andar en bicicleta o aprender a escribir- antes de lo debido. Su capacidad para hacerlo dependerá de su madurez física, psíquica y emocional. Cada niño tiene sus ritmos. Si estimulamos a nuestros hijos respetando sus tiempos, ellos podrán desarrollar sus habilidades en forma paulatina y de acuerdo con sus edades.

AYUDARLO A SER MÁS FUERTE

1. Mostrar que tenemos una imagen positiva de él. Debemos reconocer ante el niño los aspectos positivos de su personalidad y de sus actitudes, así como sus logros, por más “pequeños” que éstos parezcan. Felicitemos a nuestro hijo por su esfuerzo, independientemente de los resultados que logre. Y evitemos atacarlo o condenarlo por sus fracasos. Sigamos su desarrollo con interés, para que perciba lo importante que él es para nosotros.
2. Enseñarle a expresar sus sentimientos. La manera ideal de lograrlo es expresando nuestros propios sentimientos, tanto los de alegría y felicidad por nuestro hijo como los de enojo o frustración por algo que nos ocurrió.
3. Ante un comportamiento que nos parece malo, demostrar que nos molesta el acto, pero no el niño. Delimitando claramente lo que nos molesta de su actitud, ayudaremos al niño a cambiar el comportamiento negativo.
4. Mostrar la incondicionalidad de nuestro amor. El niño necesita sentirse seguro y querido, aun cuando “nos saque de quicio”. En casos así, conviene esperar a que el enojo pase para tratar de entenderlo. La comprensión debe predominar en las buenas y en las malas; y debemos ser capaces de apoyar a nuestro hijo tanto en sus alegrías como en sus tristezas. Expresiones como “no te quiero más” no educan y, por el contrario, tienen un efecto devastador en el niño.
5. Evitar criticarlo por su forma de ser. Cada niño tiene su propio carácter y su forma de ser. Aunque en ocasiones a los padres nos cueste aceptar la forma de ser de nuestro hijo, debemos hacerlo. Un buen ejercicio para lograrlo es recordar el alivio que sentimos cuando a nosotros mismos nos aceptan con nuestros defectos e imperfecciones.
6. Evitar el rezongo constante. A nuestros hijos les cuesta asimilar todas las reglas de los adultos. Si los rezongamos permanentemente, acabarán siendo niños cohibidos o dejarán de prestar atención a lo que les decimos como estrategia de adaptación.
7. Evitar las amenazas.
 La amenaza no es el camino indicado para que el niño haga caso. Es más sencillo y respetuoso explicarle qué comportamiento esperamos de él, y las ventajas de comportarse de ese modo, que amenazarlo."

Estas y otras muchas cosas interesantes podéis encontrar en la publicación, os invito a que la exploréis. Espero que sean de vuestro interés.

martes, 1 de diciembre de 2015

Los hijos bambú

Después de un tiempo en el que no me ha sido posible dedicarme a mi blog, retomo con ilusión y ganas la tarea de escribir, y esta vez para hablar de los hijos bambú.

Te preguntarás ¿Qué es eso de los hijos bambú?. Piensa un poco antes de seguir. ¿Qué sabes de esa planta? ¿Será que por su dureza me refiero a niños y niñas poco empáticos? ¿Quizás que son inaccesibles por su dificultad para llegar a lo alto de su caña?

Voy a hablaros de un niño bambú: José es un adolescente de 14 años con pinta de chico malo por su apariencia exterior. No va al instituto muchos días, no recoge su cuarto y a regañadientes ayuda algo en casa no sin antes hacer enfadar a sus padres. No parece tener ilusión por nada que no sea salir con sus amigos y fumar de vez en cuando algún porro. Contesta, se rebela a las normas de casa, a veces golpea la puerta e insulta a su padre.  ¿Hijo tirano, te preguntarás?

No, no es un hijo tirano, sino un hijo de la violencia. O mejor dicho, un chico que lleva años soportando la tiranía (esa sí) de su padre. Años viendo y recibiendo golpes físicos y emocionales. Al principio, de más pequeño, no podía hacer nada, se sentía impotente. Cuando creció descubrió que podía medirse con su padre, pero no sólo para defenderse él sino también para proteger a su madre. Daría su vida para que ella fuera feliz, para que sonriera a toda hora, para que pudiera comer cada día tranquila sin pensar de forma agitada cual será la discusión siguiente. Adora a su madre pero al mismo tiempo se encuentra enfadado con ella porque no hace nada para parar al monstruo.

El bambú japonés, dice un cuento zen, durante los primeros siete años parece no desarrollarse, como si la semilla plantada no diera sus frutos. Sin embargo, el séptimo año, en solo seis semanas crece ¡hasta 30 metros!. ¿Qué hizo crecer la semilla de nuestro chico bambú? ¿El odio a su padre o el amor a su madre? ¿Fue un crecimiento hacia fuera anteriormente contenido y ahora guiado por el rencor o creció internamente hasta ser lo suficientemente fuerte por dentro para sostener su historia?

Quizás lo más fácil es decir que la rabia le hace ser ahora violento y agresivo, que por modelado imita a su padre. Otros, los más ingenuos pueden pensar que es un adolescente poco considerado con su progenitor que se desvive por traer el dinero para comer cada día. Que su actitud pasiva ante la vida, su falta de responsabilidad, su desorden le hagan ganar la etiqueta de adolescente conflictivo.

Si le conocieras bien no podrías decir lo mismo. José es un chico sensible al que la vida, su vida, le endureció hasta crear una capa exterior que le hace menos vulnerable. Siete años sufriendo y padeciendo la violencia pueden hacer que se acumule mucha rabia, pero verle rodar lágrimas por sus mejillas mientras reconoce que pierde el control cuando su padre le pega o le amenaza, que se defiende como puede porque no va a permitir que toque una sola vez más a su madre, a la que cuando se levanta cada día le da un beso de buenos días, que la mira con admiración y afecto cada vez que habla…¿responde a la descripción de un hijo tirano tal como su padre y otras muchas personas le ven?

El bambú japonés durante los siete años que tarda en dejarse ver desarrolla un complejo sistema de raíces, fruto del goteo continuado del agua que su cuidador/a le proporciona. Esta madre, afectiva y atenta, con una capacidad parental mínima y una incapacidad de defensa máxima, ha ido regando día a día la personalidad de José, dotándole de un afecto y un reconocimiento que en no pocas le resultó caro ante la violencia y falta de empatía del monstruo. Su confianza en José, su apoyo incondicional, su aceptación como persona aunque no acepte muchas de sus conductas, han creado esa red de raíces internas que ayudan al chico a erguirse fuerte para defender y defenderse, para proteger y protegerse.

A veces al pensar en él alguna vez he pensado en la historia de Tim Guénard quien creció durante años obsesionado con la idea de matar a su padre por los malos tratos recibidos. Pero en el caso de José no fue igual, hubo un adulto, su madre, con quien logró vincularse y generar un apego seguro. Ella le defendía siempre (incluso cuando en ocasiones no tenía la razón), se ponía entremedias, les separaba en los conflictos. La mirada de aprecio no se nublaba ni en los peores momentos en los que el chico se descontrolaba. Su sensibilidad, su permanencia, su disponibilidad son los lazos entretejidos de las raíces de José

Le faltó siempre valentía para dejar atrás al violento y sus agresiones, ahora ya más maquilladas por la intervención del chico en escena. Ni siquiera en la última crisis familiar en la que se destaparon mucho más de cara al exterior los problemas conyugales, la disfuncionalidad en la pareja (¿se puede ser violento y funcional?) e incluso la intervención policial, hicieron que la mujer se armara de valentía. Confía en que su hijo bambú logrará un camino distinto, saldrá de esta violencia porque tiene dones muy preciados como la afectividad, el sentido del humor, su fortaleza. Ella no tuvo la fortuna de ser una hija bambú, la educaron para servir, para no protestar, en un ambiente de conflicto y negligencia. Pero en algún momento de su vida logró plantar la semilla de bambú y cambiar su historia por otra más esperanzadora. La esperanza me hace a mí pensar que podrá convertirse algún día en alguna de esas plantas que el viento arranca del desierto y pueda rodar a otro lugar mejor.

Algunos niños y niñas víctimas y testigos de la violencia son niños bambú, no todos. Los golpes fragmentan su capacidad resiliente, en ocasiones partiendo su tallo justo cuando comienzan a crecer deteniendo así su desarrollo, y en el peor de los casos, impidiendo que crezcan fuertes raíces sobre las que sostenerse mientras se apoyan en tutores de resiliencia. No todos tienen la fortaleza necesaria para pedir ayuda ni adultos que les protejan. Necesitamos jardineros sociales encargados de brindar afecto, apoyo y seguridad. Es cosa de tod@s.

lunes, 5 de octubre de 2015

Tiempo fuera..¿tiempo para pensar?

Imagina que tu termómetro de la rabia llega a lo más alto, estás muy enojado/a, hasta el punto que salen por tu boca sapos y culebras, pierdes el control de la situación y te enfrentas con otra persona porque te sientes ofendido/a, ignorado/a, estás tremendamente cansado/a o simplemente no toleras la frustración de no convencer a alguien en una conversación tensa...¿cómo te sentirías si de repente te meten en un cuarto sin estímulos a "pensar" sobre lo que has hecho?¿es posible pensar en una situación así o sería mejor decir ponerse a "sentir" como te sientes?¿qué te reconfortaría en ese momento, la desconexión total con todo o la presencia de alguien importante para tí que te inspire calma?¿el silencio o un abrazo silencioso?

Estas vacaciones retomé la lectura de dos terapeutas que descubrí hace años pero que aparqué en mi lista de espera de lectura, Jirina Prekop y Laura Rincón. Ellas trabajan un tema muy interesante como es la terapia de contención de la que os hablaré en otro momento, ya que aunque no todas las ideas que plasman en sus planteamientos las comparto, hay otras que me parecen muy sugerentes. Hoy me quiero centrar, tras leer una de las publicaciones de Laura Rincón (Escuela del amor para la familia) algo que me atrapó ya que viene a argumentar desde otro punto de vista uno de mis cuestionamientos profesionales: ¿es adecuada la técnica del tiempo fuera o time out, al menos tal como se nos enseñó a emplearla?.

Cuando estudié psicología la corriente conductista inundó mi formación, era el paradigma explicativo de la conducta (nunca me hablaron de la terapia familiar sistémica, ni de la Gestalt ni de otras terapias que han demostrado su eficacia). Suerte que el reciclaje y la curiosidad permanente me han dado la oportunidad de acercarme a algunas de ellas. Soy de la opinión de que no existe una única corriente o teoría que explique y resuelva absolutamente todas las problemáticas emocionales y conductuales. Me autodefino ecléctica porque la experiencia me demuestra que podemos nutrirnos y aprovechar lo que las diferentes perspectivas nos ofrecen, todo un crisol de oportunidades de ayuda, aunque manteniendo cierta coherencia o modelo básico como el que adquirí en la formación para psicoterapeutas infantiles de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. 

Hoy en día reconozco que desde el conductismo, donde se enmarca la técnica de tiempo fuera, muchas de las pautas que ofrecemos a padres y madres son especialmente útiles para eliminar conductas inadecuadas y reforzar las que se desean que se repitan, principalmente el refuerzo positivo. Yo misma he aconsejado muchas veces emplear el tiempo fuera, es más, yo lo he empleado con mis hijas y me funcionó, resultó una técnica eficaz. Consiste en retirar al niño o niña del contexto en el que se produce un comportamiento inadecuado por su parte (ante una rabieta, una conducta agresiva, etc.) mandándole a un lugar de la casa donde no pueda jugar sino pensar sobre su conducta inapropiada. En teoría lo que pretende es privar al niño o niña de obtener un reforzador (la situación en que se produce la conducta a eliminar) y que aprenda a reflexionar sobre las consecuencias negativas. Siempre se aconseja que se mantenga al niño o niña aislado tantos minutos como años tiene, es decir, dos años, dos minutos, tres años, tres minutos (con el límite de no más de diez minutos)...hasta que el niño o la niña recobre la calma. 

Tras haber estudiado en mi formación los efectos del abandono en niños y niñas quizás esté más sensibilizada o simplemente vaya adaptando en ese proceso de acomodación de la información en mi cabeza una especie de notas de texto explicativas que reorganizan las ventajas y consecuencias de los métodos educativos y de las estrategias a emplear. Desde hace tiempo en los casos de niños y niñas acogidos o adoptados que han sufrido una o más rupturas de vinculación, desaconsejo emplear el tiempo fuera ya que puede ser vivido como una experiencia retraumatizante de rechazo del adulto. ¿Un niño aislado es capaz de reflexionar a solas sobre su emoción (quizás sí sobre su conducta, pero no sobre lo que siente, tomar conciencia de cómo y porqué)?. Un niño o niña que haya sufrido la negligencia y abandono de sus cuidadores acumula experiencias emocionales en su memoria que pueden activarse al sentirse apartado y solo en ese momento. 


Para explicarlo, Laura Rincón utiliza la metáfora de que nuestro cerebro es como el cofre del tesoro con varios compartimentos, tres de ellos muy importantes:
-el cerebro reptiliano: es el que tenemos en común con los animales, encargado de los impulsos más instintivos como el hambre, el sueño y el deseo sexual y cuando nos sentimos amenazados nos prepara para el ATAQUE O LA HUIDA
-el sistema límbico, relacionado con las emociones, la conducta, el pensamiento y la interpretación del mundo que nos rodea, es el compartimento que guarda los sentimientos.
-la corteza cerebral, donde se guarda la conciencia y voluntad, el pensamiento y nuestra capacidad para aprender y razonar, donde se encuentran los millones de neuronas que registran todas las experiencias, buenas y malas.

"A ninguno se le ocurrió pensar que un niño enojado, solo en un cuarto, al que le enseñaron la HUIDA en casos de conflicto o problemas, está incapacitado para usar su corteza cerebral y poder pensar y razonar. Además, como no existe contacto visual, no se puede llevar a cabo una confrontación sana" dice Laura Rincón. Lo que hay ante una situación así es una huida de la emoción, no ayuda a identificar el motivo que la activa por medio únicamente de la reflexión del niño o niña porque necesita de la guía del adulto para ello. Metacomunicar, reflejarle al niño cual es la emoción que está sintiendo nombrándola, ayudándole a identificarla es lo efectivo y lo menos traumático, ya que le ayuda a entenderse y entender la situación. En numerosas ocasiones los niños (y los adultos también) son incapaces de saber qué les pasa y dejarles solos con su emoción no hace más que incrementar su angustia.

"El pobre niño pequeño se las tiene que arreglar solo, sintiéndose devorado por una especie de monstruo interno que no puede controlar. Como se siente tan solo y dejado a la deriva con su rabia, descubre que la solución para evitar ese castigo tan horrible es tragarse la rabia y hacer como si nada." Lo que realmente se hace al aplicar el tiempo fuera es abandonar al niño o niña a su emoción, desarmarle ante la misma, con la que tiene que combatir sin entenderla. No le enseñamos que tener rabia forma parte de la polaridad humana, que tenerla no es malo si sabemos manejarla, que incluso nos puede ayudar a defendernos en algunas situaciones en que nos sintamos amenazados pero de forma controlada. Tragar para sí la rabia o enfado no es procesarla, ni siquiera es comprenderla, es simplemente anular la expresión esa emoción. 

Con todo lo anterior no quiero restar importancia a una técnica ampliamente empleada y que ha dado resultados eficaces en muchas ocasiones, sino que es mi interés reflexionar sobre la utilización de la misma: si el adulto no sabe manejar adecuadamente otros factores como el tono de voz que emplea, la comunicación no verbal, o la respuesta posterior al finalizar el tiempo fuera. Pensemos que una situación de tensión que requiere apartar al niño o niña, acompañada de una reprimenda con tono elevado, gesto de enfado y una de esas frases grandilocuentes como "¿ves?, ¡así calmado la mamá te quiere más!" tiene poco de beneficioso en la educación y autoconocimiento del niño de cara al autocontrol, el adulto no predica con el ejemplo. En el caso de niños y niñas que han sufrido abandono o cualquier tipo de maltrato lejos de ser una técnica instructiva es una técnica punitiva que no enseña. 

Quiero acabar esta entrada que empecé a escribir hace varias semanas (la vida últimamente no me da para mucho más) haciendo referencia a la última publicación de mi estimado amigo y colega José Luis Gonzalo Marrodán, "Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo en los niños adoptados y acogidos" por dos razones. 

La primera porque me parece una obra genial y necesaria escrita en un lenguaje comprensible al tiempo que recoge una fundamentación basada en numerosos autores, con lo que se trata de una publicación con rigor nada desdeñable. La segunda, porque aunque no he tenido la ocasión de leerlo aún entero, hojeando el libro he encontrado precisamente una referencia al tiempo fuera. José Luis hace referencia a los tres ingredientes básicos para favorecer una parentalidad terapéutica: la permanencia, la regulación y los límites. Y en concreto en referencia a la primera, José Luis señala: "Los niños necesitan tiempo dentro y no tiempo fuera (Dantagnan, 2014). El tiempo dentro con el adulto le enseñará al niño cómo responder, relacionarse, actuar, prever las consecuencias, planificarse, controlarse, etc. El tiempo fuera no enseña nada al niño. "  No se puede decir mejor ni ir más al hilo de lo que pretende esta entrada. 

Espero que la lectura de este libro os sea de gran utilidad a padres y profesionales. Para mí será fuente de inspiración sin duda de más entradas.








martes, 1 de septiembre de 2015

Objetivo bienestar: Vitaminas familiares, reconstituyente filio-parental


Acaba el verano y todo son buenos propósitos para retomar la marcha diaria después de algunos excesos: hacer dieta, apuntarse al gimnasio, caminar, etc. Eso de cuidarse está muy bien y debería ser todo el año. Además no sólo cuidarse a uno/a mismo/a, sino también procurar el cuidado de los otros, una especie de ITF (algo así como la itv de los coches, en este caso "inspección técnica familiar") que permita resetear aquello que necesita mejoras. Y nada mejor que hacerlo ahora que comienzan las planificaciones de rutinas (entendidas no con su acepción de costumbre aburrida sino de hábito saludable) junto a la vuelta al cole. Objetivo: bienestar.

Precisamente esta tarde "picando entre horas" he encontrado un artículo en el blog de Félix Loizaga Latorre (psicólogo experto en temas de familia) que me ha inspirado a hacer una entrada sobre el cuidado familiar y más concretamente a compartir la propuesta que dicho experto propone para el cuidado parental orientado a mejorar la salud -física y emocional- de los hijos e hijas. Loizaga lo llama de manera muy acertada vitaminas familiares, y están recogidas en su blog (http://felixloizagalatorre.blogspot.com.es/) junto a otros artículos interesantes. Al parecer son un extracto de su libro Intervención psicoeducativa con familias.  Programas para la mejora de la salud de los hijos”, de la Editorial CCS Madrid (2009) y vienen a ser como un recetario vitamínico que puede ayudarnos a hacer un repaso de aquello que necesitan nuestros hijos e hijas...para así administrárselo indicando además cómo hacerlo. 

Os animo a que las leáis hasta el final. No he querido modificar el orden respetando el que el autor dispuso en su momento, si bien yo hubiera priorizado quizás algunas por aquello de que, como siempre nos han dicho los médicos, hay vitaminas más imprescindibles que otras. 

La propuesta de Félix Loizaga es esta:


"Vitamina M. Música. Es más frecuente en padres y madres jóvenes, pero se debe agregar a la “dieta familiar”. Cualquier edad es buena para bailar. Baile con su pareja, baile con sus hijos /as. Hágalo en su casa: mientras oye música, escuchando canciones de la televisión... Si sus hijos o hijas son menores puede cogerles en brazos. Cante mientras está en el coche y cante cuando su familia haga sonar instrumentos musicales.

Vitamina N. Naturaleza. Haga que sus hijos e hijas salgan de los ambientes urbanos. Permita que experimenten con plantas, animales. Cualquier jardín tiene insectos, plantas y árboles. Disfrute de la playa, de la montaña y del campo. Salgan de acampada y disfruten de los atardeceres y de los periodos de nieve.

Vitamina F. Fiestas. Celebre con sus hijos/as los cumpleaños, y otros momentos que suponen hitos en la familia (acabar el curso, logros del padre y/o madre, aniversarios de boda...). Puede celebrarlo dentro o fuera de casa. Las celebraciones dentro del hogar producen fuertes emociones. No piense que el gasto económico es sinónimo de felicidad. Pueden preparar alguna comida especial o sencillamente ver una película de cine que pueda gustar a todo el mundo.

Vitamina J. Juego. Jugar es vital para todos los mamíferos y en especial para los humanos. Jugar en equipo o al aire libre, sentados alrededor de una mesa, tirados por el suelo. No se exceda en ello, pero dedique cada ciertos periodos, ratos a jugar con sus hijos... ellos se sentirán más cerca de usted, y usted podrá relajarse al disfrutar con ellos. Jugar nos devuelve a la infancia y todo adulto tiene una parte infantil que debe potenciar.

Vitamina D. Deporte. Deporte en familia. No se trata solo de acompañarles a realizar deporte. Se trata de hacer deportes juntos. Por ejemplo, vaya a la piscina, juegue a fútbol con ellos, senderismo en familia... No entre en la competitividad deportiva. El deporte es ante todo una diversión.

Vitamina R. Respeto. Las personas somos diferentes y necesitamos ser apreciados como somos. Pida respeto a sus hijos. Si usted exige respeto, debe respetar a sus hijos /as y a su pareja. El insulto no informa sobre lo que debe cambiarse. Pone en situación de inferioridad y ridiculiza.  Cada persona es única y cada hijo /a aporta algo especial. Descúbralo. La adolescencia es un periodo donde el respeto debe ser considerado de manera especial. Respetar el silencio es básico para que el adolescente pueda encontrarse así mismo. Los adolescentes se sienten extraños, precisamente por esto necesitan especial consideración y respeto.

Vitamina E. Espejo. Usted es el lugar donde se reflejan sus hijos. Si usted fuma o consume alcohol (a diario o en fiestas), usted transmite un mensaje: se puede fumar y beber, aunque sea en situaciones excepcionales (fiestas o celebraciones). Si tiene dificultades para avanzar con el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas (o medicamentos) intente al menos hacerlo de manera controlada. No insista en engañar a sus hijos, ya que en familia se sabe casi todo, y mantener secretos no favorece la comunicación familiar.

Vitamina A. Amor, cariño, vínculo y apego. Los niños y niñas siempre agradecen ser abrazados. Y a los adultos nos relajan los besos y abrazos. El contacto físico siempre es bienvenido. Enseñar a vincularse es la mejor inversión para conseguir que nuestros hijos sepan abrazar a sus parejas y a sus futuros hijos /as.

Vitamina -T. Menos televisión. La televisión ofrece posibilidades de aprendizaje y de relajación. Pero el abuso inhibe la creatividad y favorece entre otras cosas la obesidad. Sus hijos imitan con facilidad sus costumbres. Cuando quiera descansar intente relajarse en un sofá, escuche música, salga a pasear, realice algún deporte, quede con algún amigo...Esta forma de actuar pone a su hijo en la pista de cómo actuar en momentos de cansancio y sobre todo evita que sus hijos estereotipen la manera de descansar. No ponga televisores en las habitaciones de sus hijos/as, de esta manera los programas pueden estar supervisados y usted puede hablar de ellos junto a su familia.

Vitamina A. Alimentación. Una alimentación correcta es aquella en la que las frutas, legumbres, cereales, y carnes tienen el lugar que les corresponde. El exceso de alimentación disminuye la salud. Procure comer en familia, aprovechando ese rato para dialogar. Elimine la televisión, ella habla por usted y por sus hijos /as. Observe como al eliminar la televisión aumenta la comunicación progresivamente. Coma con los niños/as. No permita que coman solo lo que desean y fuera de horas. Haga que se mantengan sentados hasta que acaben todas las personas. Ponga en el plato cantidades normales / pequeñas, que aseguran ser acabadas. Tome conciencia que una alimentación variada y moderada es más sana para el organismo.

Vitamina C. Comunicación. Aproveche cualquier momento para conversar con su familia. Hable de todo y sin miedo. Todas las conversaciones pueden adaptarse a los niños. Procure no mantener secretos. Piense que cualquier lugar es bueno para charlar: coche, tren, paseo, comida... Respete el silencio de los adolescentes. Aunque las personas se sienten muy bien hablando, algunas prefieren momentos de tranquilidad y optan por escuchar en lugar de hablar. Sea empático y cuando le hablen procure mantener la atención, sin cambiar de tema.

Vitamina -O. Ordenadores en su justo lugar. Los ordenadores y máquinas personales forman parte de la civilización actual. Por tanto, los niños y niñas deben familiarizarse con ellos. Sin embargo, deben estar colocados en zonas comunes donde puedan ser supervisados por los adultos. El tiempo dedicado a juegos de ordenador deber estar regulado. Usted puede jugar con su familia, de esta manera su actitud y control frente a los ordenadores será asimilada por sus hijos e hijas.

Vitamina R. Responsabilidades compartidas. Todos nos responsabilizamos de las tareas de la casa. Padre, madre e hijos son responsables de lo que ocurre en el hogar: limpieza de habitaciones, comidas, bricolaje... Dedique algunos momentos o días para mejorar la casa, invitando a que todos participen en ello.

Vitamina EP. Ética personal. La familia promociona valores y visiones sobre el mundo y las personas. Por ello, debe pensar explícitamente que desea transmitir a su familia. La falta de ética personal se vuelve en nuestra contra, y arrastra a los niños (futuros adultos) a prácticas fáciles que producen insatisfacción vital.

Vitamina PS. Participación social. Las comunidades donde estamos inmersos nos piden colaboración y solidaridad. Participe en la Asociación de Padres y Madres del centro escolar y en otras Asociaciones y ONG. Su familia asimilará que los demás son importantes para usted y que los derechos humanos afectan a todas las personas, al margen de su ideología, raza, género o condición social.

Vitamina -DR. Menos drogas y medicamentos. Sus hijos deben asumir que la vida cursa con crisis y que algunas enfermedades pasan al de muy pocos días. Si usted consume drogas (tabaco, alcohol, sedantes, somníferos...) para relajarse, o para evitar afrontar sus problemas, sus hijos asumirán conductas coherentes con este esquema. No tendrá argumentos para evitar que ellos las consuman.


Vitamina AS. Austeridad en el consumo. Algunos de nosotros vivimos en el primer mundo, donde todo se puede comprar. Que nuestros hijos consigan rápidamente cualquier objeto de consumo no es una buena práctica. Los niños y adultos deben asumir que el dinero tiene un valor, que los bienes de consumo no completan las necesidades de afecto / cariño y que el Planeta tiene recursos limitados."


Espero que hayan sido de vuestro interés.


sábado, 22 de agosto de 2015

Dos mamás, dos estrellas

Dedicado a todos los niños y niñas adoptados…y sus dos mamás:

Dicen los aldeanos del lugar que si miras al cielo en los noches de tormenta es posible ver llorar a las estrellas. Lloran de pena, afligidas por el dolor de unas madres que no pueden ver cumplidos sus sueños, porque añoran sus quimeras tanto tiempo pensadas. Algunas de esas madres lamentan sus sueños rotos de no poder engendrar un hijo; otras, que lo engendraron, lloran y lloran porque no pueden tenerlo con ellas, porque no sabían o podían cuidarle. 

Sus lágrimas amargas, simbióticamente reflejadas en esas estrellas confidentes, se funden en un profundo pesar del que, sin saberlo, al unirse, se van formando estalactitas de amor, largos haces de afecto que juntan cielos y tierra, creando un manto brillante que les lleva a ambas mujeres hasta un hijo o hija compartido. Unas les dieron la vida, otras les procurarán cuidados y amor. Miles y miles de estalactitas de amor, tantas como adopciones hay, repoblan el espacio entre cielo y tierra. 

Las estrellas saben muy bien que su llanto hace posible que ambas madres compartan un lazo que les va a unir para siempre desde ese momento. La biológica, al otro lado del firmamento, imperceptible a la vista, emite en la distancia una pequeña luz que permite saberla existente siempre allí desde donde se encuentre su pequeño. La otra estrella, la que le cuida y educa, se transforma cada día al amanecer en una importante estrella, el sol radiante, que calienta, guía y da luz. Con sus rayitos solares hace cosquillas al pequeño para hacerle reír. Otras veces le acuna cuando está triste o enfadado sin saber por qué, esperando pacientemente que se calme. 

Dicen también los aldeanos que en las noches claras de luna, muchos niños y niñas adoptados dejan volar sus sueños, unas veces despiertos y otras tantas dormidos, agarraditos a su burbuja materna con forma de corazón sin soltarse, hasta llegar al filo de la luna menguante desde donde pueden sentir más cerca la luz que sus dos mamás transmiten. Desde allí, sentados mirando al frente, es posible verles imaginando cómo será su estrella lejana, fantaseando y pensando en momentos bonitos vividos con ella, incluso enojándose por no poder tenerla un poco más cerca. ¡Cuánto darían por tener juntas a sus dos mamás!. 

Su estrella cercana, la que le cuida y le quiere, para consolarle le manda una estrella fugaz donde depositar sus buenos deseos, sus logros, sus preocupaciones, y poder así hacérselos llegar a su otra mamá, al tiempo que le tiende su mano suspirando en silencio para no delatar a su corazón. Dolor y alegría se entremezclan. La esperanza cumplida tiene un precio caro muchas veces difícil de soportar.

Y al amanecer, alejándose poco a poco la noche, dicen los aldeanos que gotas del rocío, tantas como adopciones hay, aparecen cada día en los árboles del bosque simbolizando la unión entre dos madres que hizo posible que cada niño y niña tuviera una familia donde crecer feliz." 

Conchi Martínez Vázquez.


El tema de los orígenes y especialmente lo relativo a la madre biológica de los niños y niñas adoptados es sin duda una de las grandes cuestiones para grandes y pequeños, no sólo por lo que supone en tanto que asimilación e integración de la propia historia, sino además por los sentimientos contrarios asociados. No deber ser fácil ni para unos ni para otros gestionar y entender emociones que surgen de manera espontánea.

Legitimar, normalizar, aceptar es el mejor calmante.

Y para ello se necesitan herramientas, formas de acercarse al tema sin que duela, pero tampoco de manera banal. Acompañando al niño o la niña en sus propios pensamientos, fantasías y temores, sin dejarle solo en ese maremágnum de sentimientos basados en fragmentos de historia que hay que ayudarles a ensartar y darle forma. Los cuentos, en este sentido, tienen un verdadero poder sanador, terapéutico que ayuda a entender y a explicar. Y uno de los que trata este tema dirigido a niños y niñas y del cual quisiera no solo hablaros sino recomendaros, es el cuento ¿Yo tengo dos mamás? de la Editorial Círculo Rojo.

Ese es el título del precioso cuento que desde el corazón Mercedes Moya escribió pensando en su hijo y que junto a las ilustraciones de Mª José Sánchez Megía, otra mamá adoptiva, han dado forma a una útil herramienta que recoge de manera clara, cercana y emotiva una historia que ayuda a integrar a la madre biológica en la vida de los niños y niñas adoptados. Podéis ver el trailer del cuento en el siguiente video:

video


Mercedes Moya es, además de una excelente persona, la administradora de una web muy interesante, Adopción Punto de Encuentro, que recoge multitud de recursos y experiencias sobre el tema de la adopción, un lugar virtual que no puede faltar en vuestros paseos por la red si os interesa el tema. Admiro mucho su labor y la de otras personas que trabajan de manera altruista para apoyar y ayudar con sus conocimientos a las familias adoptivas. Desde aquí mi admiración a las mismas y mi reconocimiento más sincero. 


lunes, 17 de agosto de 2015

Aprendiz de mamá....o de cómo a ser padre o madre se aprende aprehendiendo según los tiempos

Aprender...preciosa palabra. Creo que no hay nada más bonito en la vida que tener esa disposición a conocer, a saber, la motivación que te lleva a curiosear siempre un poco más allá, a indagar sobre algo.  Reconozco que mi curiosidad me dispersa muchas veces y me lleva a procrastinar, pero no concibo mi vida sin ese estupendo defecto que tantas veces me hace descubrir cosas nuevas. "Adquirir el conocimiento por medio del estudio o de la experiencia" dice la RAE que es el significado de aprender.Podemos aprenderlo todo o casi todo incluso aquello que pudiera parecer innato. Porque nadie nace sabiendo ser padre o madre. 

Si te preguntara cómo aprendiste a ser madre o padre -si lo eres-, es posible que dijeras que siendo hijo/a, leyendo, mirando en el escaparate de otras familias. Hoy en día tenemos una ventana al mundo, de carácter virtual, inmediato, fácilmente accesible, que nos permite estar acumulando y renovando conocimientos pero también adaptando los aprendizajes al momento de la sociedad que nos toca. No puedo imaginarme a mi madre mirando un tutorial de You Tube acerca de cómo prepararme un biberón, ni consultando cómo solicitar mi pasaporte para viajar con apenas un año o consultando más tarde mis tareas escolares por internet. 

Sin embargo, la llamada sociedad del conocimiento actual nos pone delante tal cantidad de información que incluso muchas veces es difícil gestionar de forma que podamos aprehender. Hay información de todo y para todos. Las redes sociales nos han transformado y han modificado la forma en que nos relacionamos...también con la información. Y eso no es ni bueno ni malo, sino diferente. Quiero decir que posiblemente las madres y padres de antes (entre las que me incluyo ya que mis hijas son muy mayores) no desempeñábamos nuestro rol de manera menos eficiente que ahora, pero sí distinta. 


Mis hijas no tuvieron tablet con dos años para jugar con videojuegos de Pocoyó, ni de Bob Esponja, pero vieron los capítulos de Barrio Sésamo con los que aprendían y disfrutaban yo creo que tanto o más que los de ahora. Tampoco hacían sus trabajos del colegio en primaria a través de internet, sino que consultaban libros y enciclopedias (¿hoy compra alguien enciclopedias?) algo prácticamente impensable en las aulas de los niños y niñas de ahora, y lo digo con conocimiento de causa ya que por motivos laborales a veces trabajamos en los colegios y una de las preguntas que me gusta hacer es esa. 

Y sin embargo, dada la edad que se llevan mis hijas (diez años) reconozco que la maternidad y por tanto, la forma de educar y enseñar ha sido distinta. Con la mayor, el desconocimiento unido con el sentimiento de responsabilidad al haberla tenido tan joven hicieron que fuera una mamá aprendiz un tanto protectora y poco flexible, algo que cambió con la llegada de la pequeña con la que reconozco haber sido más permisiva. Dos cosas tuvieron que ver, supongo, que a su vez están relacionadas con la definición de aprender que decía antes: mis estudios de psicología y pedagogía me ayudaron a educar de forma diferente, leer más....y mi propia experiencia, el ensayo/error con la primera hija me hizo aprender a ser mamá de otro modo, quizás  más relajado y con más tablas como se suele decir. Todo ello sin obviar otras variables de aprendizaje como la forma de educar de otras mamás que yo veía (tanto para tomar lo que me parecía útil como para decir "eso yo no lo hago, ni pensarlo") o el propio temperamento de cada una de ellas que me obligaba a adaptar mis propias estrategias.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que los roles que tenemos entre los que destaco hoy el de ser madre o padre no son ajenos al entorno, ni tampoco a la experiencia acumulada. Que hoy en día los padres y madres no tenemos la potestad de la educación de los hijos e hijas en exclusiva ni siquiera en los primeros años, sino más bien de una parcialidad educativa que compartimos -sobre todo a medida que avanza la edad y la interacción con el entorno- con los medios de comunicación, las redes sociales y quiero pensar que, aunque cada vez con más dificultad, la escuela. Que los padres y madres nunca han sido tan poco eficientes para resolver los problemas cotidianos de sus hijos e hijas como ahora donde la información es abundante y variada (la experiencia en mi trabajo y en mi círculo de amistades lo atestigua). Que lo fácil se hace difícil cuando no se actúa con seguridad, autoridad -que no autoritarismo- y afecto, como conseguir que los hijos cedan desde pequeñitos cuando se les pide algo (¡parece que la palabra frustración está a punto de extinguirse!). Que es necesario estar formado e informado desde el principio para conseguir todo lo anterior.

Hay una frase que me gusta y que podemos aplicar a este tema: 
"Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan."


Tenemos que adaptar las nuevas formas de ser padre o madre a los medios que consiguen que pueda desempeñarse ese rol mediante una respuesta eficaz a los problemas que van surgiendo acompañando a los tiempos. No sirve de nada dar la espalda a la tecnología incluso también en este terreno manteniendo estructuras educativas rígidas y obsoletas con los "nuevos niños y niñas". Y para ello nada mejor que dejar de ser analfabetos digitales en nuestro pseudovirtual mundo actual donde internet es un cetro al que hay que saber dirigir no sólo para acompañar a los hijos en su buen uso, sino también para usarlo para la promoción del buen trato

Y dicho todo lo anterior me da pie para animaros a visitar la nueva web de una persona muy especial para mí. La web se llama Aprendiz de mamá (http://www.aprendizdemama.com/, como ella misma es ahora. Se trata de Ana Seser Ibañez, Educadora Social de profesión y a la que tengo la suerte de conocer desde hace años. Fui su tutora de prácticas en el servicio donde trabajo. Posteriormente y durante algunos años más fue mi compañera en el mismo servicio en el que nos regalaba sonrisas y buen hacer a raudales. Luego llegó la despedida en el trabajo pero no en lo personal. Es verdaderamente de esas personas bondadosas y nobles a la que siempre ves una sonrisa y transmite paz. Y hace un par de días me/nos regala la noticia del nacimiento de su nueva web, un año y medio más tarde del nacimiento de su primera hija. Ahora, siendo aprendiz, nos invita a aprender y compartir, como ella misma dice en su página de inicio: 

Un lugar donde compartir de mamá a mamá. Compartiremos experiencias, anécdotas y vivencias sobre el embarazo y la crianza del bebé. Contamos con tu participación y esperamos conocer también tu experiencia.


Temas relacionados con el parto, las revisiones a la matrona, qué cosas no pueden faltar cuando se viaja con bebés u otros consejos útiles y experiencias comienzan a dar forma a un recurso virtual del cual aprender y en el cual compartir la preciosa tarea de aprendiz de ser mamá. Como no nacimos sabiendo ser padres o madres, debemos hacer esfuerzos por alcanzar un conocimiento óptimo de lo que significa y las funciones que ello conlleva, pero también de hacerlo juntos/as, en compañía. ¿hay algo mejor que una tertulia. hoy en día virtual, entre personas que comparten intereses, conocimientos e inquietudes? Espero que os guste y que además contribuyáis en la medida que cada uno/a pueda a hacer crecer esta web con vuestras aportaciones personales para entre todos, avanzar compartiendo.

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