"Solamente dos legados duraderos aspiramos a dejar a nuestros hijos: uno raíces...el otro, alas"

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domingo, 22 de marzo de 2020

Fomentando resiliencia infantil en tiempos de coronavirus


Es tiempo de solidaridad, es momento de resiliencia. En estos días en los que el mundo entero se ha visto invadido por una pandemia que afecta a todos y cada uno, toca activarse y poner en marcha nuestros recursos personales y comunitarios.

Un blog que trata sobre resiliencia infantil no puede quedarse al margen de esta tremenda y dañina adversidad, y arranca de nuevo motores para apoyar a padres, madres y cuidadores en la difícil tarea de hacer que los niños, niñas y adolescentes sean capaces de atravesar esta situación con el menor impacto posible.

Son muchas las publicaciones y mensajes que circulan estos días en las redes sociales dando consejos o recomendaciones. Este es un granito más en esa enorme montaña en que deben convertirse las relaciones interpersonales en momentos de emergencia social, porque es a partir de ellas donde surgen los elementos que hacen posible la promoción de las mejores cualidades, de las mayores potencialidades y de la capacidad de cuidar y autocuidarse.

Tenemos mucho que aprender con este virus, y lo vamos haciendo sobre la marcha. También vosotros y vosotras, principalmente en la comprensión de lo que supone un evento traumático y la importancia de una respuesta controlada por parte de los adultos.

Si os parece, como si de empezar a aprender a leer se tratara, vamos a comenzar por el AEIOU básico que puede ayudaros a tener herramientas a la hora de hacer bien vuestro trabajo.

  • Aprende y aplica las recomendaciones que desde las autoridades sanitarias están pautando. No podemos pedirles a los niños, niñas y adolescentes que cumplan con el confinamiento, estudien y colaboren en casa cuando los adultos se saltan a veces las restricciones. Sentaos con vuestros hijos e hijas y revisad juntos estos vídeos que encontraréis en la página web del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social porque la mejor prevención es la información (os pongo el enlace  https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/ciudadania.htm). Allí encontraréis mucha información veraz, pero hay un vídeo especialmente útil que nos ayuda a aprender y enseñar un poco más sobre este virus que tanto daño hace. Información sí, pero la justa y de forma controlada: 


Fuente: Ministerio de Salud Pública, Consumo y Bienestar Social


Otra información de interés es la que aparece en este otro vídeo que enseña cómo lavarse muy bien las manos (https://youtu.be/jPqlHzfrl8k)  o también se lo podéis explicar con esta infografía tan interesante: 







  • Escucha con los ojos. Los niños y niñas están viviendo una situación anormal que les causa inquietud y temor. Seguramente no digan lo que piensan porque no les gusta lo que pueden oír. Pero muchas otras veces adoptarán mecanismos de respuesta al estrés que tienen que ver con la evitación (o huida de lo que que causa temor o malestar), bloqueo, o agresión (empujar a su hermano/a, contestar mal, etc.), que tienen que ser entendidas como una respuesta normal, ante una situación anormal. Dice B. Perry "Lo que determina cómo sobreviven los niños al trauma, física, emocional o psicológicamente es si la gente que les rodea -en particular los adultos que deberían poder apoyarse y confiar- está de su lado dispuesta a ofrecerles amor, sostén y estímulos (pág, 14)". No todos vuestros hijos e hijas van a desarrollar un trauma por la experiencia que estamos viviendo con el coronavirus, pero si no les ayudáis a procesar bien esta vivencia puede aparecer después estés post traumático. Atiende a su comunicación no verbal, a lo que dice su lenguaje corporal, sus gestos, su sonrisa nerviosa en ocasiones. Y aprende a escuchar con los ojos y oír con el corazón.

  • Evita que vean las noticias o información de forma indiscriminada y sin filtrar. Los más pequeños no deberían ver ninguna noticia, porque cuando algo no se entiende y además se observa miedo en los adultos y comentarios catastrofistas, se activa su sistema de alerta. Los y las más mayorcitos tendrían que tener mensajes tranquilizadores que pudieran segurizar, transmitirles que están a salvo, sin mentirles pero no dando toda la información (algo así como que hay un bichito muy malo, que es invisible y que hace daño a las personas, pero que hay mucha gente investigando para poder combatirlo). A los más mayores preguntarles qué información tienen de otras fuentes (por amigos mediante redes sociales o por consulta en fuentes no fidedignas) y detectar información falsa pidiéndoles también que no difundan nada no contrastado. Como se escucha estos días, la información falsa es tan viral y dañina como el propio virus.

  • Inventa juegos, idea actividades.Todo lo que se sea fomentar la creatividad sirve (si eres de los afortunados que encontraste papel higiénico en el supermercado guarda los rollos de cartón del interior, que hoy son un bien preciado y saldrán bonitas manualidades (el humor, como este también es un factor de resiliencia).
  • Invita a los niños y niñas a imaginar un lugar seguro desde donde poder encontrar calma y poder relajarse. No lo emplees solo cuando está nervioso, sino que puedes invitarle a hacerlo cada día, como una rutina. De esta forma podrá disponer de un recurso interno para lograr calmarse en otros momentos incluso más allá cuando todo vuelva  a la normalidad. En este enlace os dejo un vídeo para ayudarles a buscar ese lugar seguro en su fantasía (https://www.youtube.com/watch?v=GSdds04BGiw)


  
  • Organiza su tiempo con actividades que les recuerden a su día a día antes del confinamiento, procurando mantener horarios y tareas. Mantener las rutinas ayuda a su cerebro a procesar que no hay motivo de alarma ya que este órgano tan complejo, tiene la propiedad de establecer asociaciones enlazando las señales sensoriales con los estados internos. Si somos capaces de ofrecerles una estructura permitiendo que combinen sus tareas escolares, con juegos (imprescindible que jueguen y tengan momentos de ocio) y con tiempo en familia, podrán llevar mejor esta situación tan atípica. 
  • Observa tu propio cuerpo, tus emociones, lo que estás sintiendo estos días...y cuidaté. Un capitán o una capitana de barco debe estar en condiciones de tomar el timón en las mejores condiciones para que no vaya a pique. La intensidad de las emociones, la falta de espacio personal, el cúmulo de tareas (teletrabajo, familia, organización) son los nubarrones, por lo que escucha también lo que tu cuerpo te dice y date permiso para tener emociones, pero siempre de forma controlada. El balcón, la ventana o el cuarto de baño pueden ser espacios sagrados donde pensar bien antes de aplicar castigos (no me gusta esta palabra, prefiero decir consecuencias), responder de forma malhumorada a la misma pregunta viente veces o despegar de un manotazo tu brazo a tu hijo/a quien, cual monito pequeño no se aparta de tu lado. Párate, siente,piensa, actúa. 


  • Utiliza tu red sociofamiliar como válvula de escape. Es inevitable que los adultos estemos nerviosos y preocupados. Para que este tema no monopolice nuestro tiempo, energías y pensamiento, tendremos que estar ocupados para estar un poco menos preocupados. Los niños y niñas no pueden ser nuestros confidentes ni nuestras figuras de apego con los que compartir lo mucho que nos preocupa la situación, máxime si tenemos algún familiar afectado. Eso no significa que tengamos que no podamos expresar nuestros sentimientos, sino que para ello echemos mano de los adultos que son de nuestra confianza, que pueden calmarnos o que pueden ayudarnos a aliviar la angustia. Tener emociones es de humano, pero que los niños y niñas perciban en sus referentes que no están suficientemente autocontrolados, que verbalizan continuamente frases catastrofistas o que no se despegan del televisor y acaparan comida en la despensa....eso no va a ayudar mucho a transmitir calma.

Quisiera acabar con la definición de resiliencia infantil más compartida por los profesionales del tema, a la que me sumo, desde la que se entiende como  “la capacidad de un niño o niña para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves”. Hagamos entre todos y todas que los niños, niñas y adolescentes puedan atravesar esta adversidad y salir fortalecidos gracias a la existencia de adultos sensibles, atentos y capaces de transmitir seguridad.   



Referencias:

- Ministerio de Salud Pública, Consumo y Bienestar Social. recuperado de https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/ciudadania.htm

- Perry, B y Szalavitz, M. (2016). El chico a quien criaron como perro : y otras historias del cuaderno de un psiquiatra infantil. Madrid : Capitán Swing

domingo, 13 de enero de 2019

¿Y si te dijera que los y las adolescentes son como los salmones, espíritu de la contradicción?


Esta semana he hecho un máster en adolescencia. Y no es que haya asistido a una de esas formaciones de expertos en el tema que a partir de estudios e investigaciones elaboran modelos explicativos de esta etapa de la vida. He recibido los aprendizajes de la mano de sendos/as protagonistas, autores y productores: adolescentes con los que intervengo desde el servicio en el que trabajo desde hace más de dieciocho años. 

No es que me hayan enseñado nada nuevo (o si, no sé), lo cierto es que más bien parece un insight (un insight es un término utilizado en psicología proveniente del inglés que se puede traducir al español como "visión interna" o más genéricamente "percepción" o "entendimiento". Mediante un insight la persona "capta", "internaliza" o comprende, una "verdad" revelada).

Quien me conoce sabe bien -porque lo digo siempre- que mi debilidad son los y las adolescentes. Cuanto más “chungos/as” más me gustan. Mi experiencia profesional está llena de bonitas relaciones basadas en el respeto, comprensión y empatía mutuas, entre ellos/as y yo. Jamás he vivenciado una situación de falta de respeto hacia mi persona, ni una salida de tono, pese al extenso curriculum de problemas conductuales de muchos de ellos/as a nivel escolar y familiar. Pero esta semana, no sé si porque yo he estado más receptiva o por otro desconocido motivo, HE COMPRENDIDO un poco más a los y las adolescentes.

Podríamos resumir este “master exprés experiencial” en mis sesiones esta semana con tres de los/as adolescentes con los que tengo la suerte que trabajar. 

Comenzaré compartiendo una metáfora de la adolescencia de la que me he apropiado y tomado prestada: LOS Y LAS ADOLESCENTES SON COMO LOS SALMONES.

No lo digo yo, me lo dijo un/una (guardemos su anonimato) adolescente esta semana. “Tengo que hacer un trabajo y está basado en una canción del grupo Seguridad Social que se titula “Soy un salmón. Me encanta este grupo y esta canción. Yo soy un salmón, el espíritu de la contradicción”, me dijo.


Ya de entrada, la metáfora prometía, ya que me explicaba que los salmones nadan contracorriente, como los adolescentes, y que ambos, se identificaban como el espíritu de la contradicción.  Sacó su móvil, compartió conmigo la letra y la melodía de la susodicha canción y sembró en mí no solo la admiración por tan bonita metáfora sino las ganas de seguir investigando sobre este curioso pez. 


Sobre la letra de la canción, no tiene desperdicio. Os dejo el enlace del vídeo (https://www.youtube.com/watch?v=VMTRtOwqjps) pero para los y las perezosos/as o faltos/as  de tiempo os pongo un extracto de la letra. Podréis comprobar la similitud del salmón con los y las adolescentes en esa lucha contra los riesgos a los que se encuentran expuestos/as en esta etapa de la vida, lo fácil que es dejarse llevar por la desmotivación y la desgana tirando la toalla en temas como los estudios, la incertidumbre del futuro próximo, la salida de la zona de confort de la niñez, lo atrayente de pensar y sentir diferente a los adultos…..



Ir río arriba no es fácil ni es vulgar
Muchos obstáculos que tengo que saltar
Con la certeza de hacerlo cada vez mejor

Hay pescadores a mi alrededor
Miles de anzuelos cada cual más tentador
Soy vulnerable aunque no soy fácil de pescar

Pero es tan cómodo
Dejarse llevar

Soy un salmón
Soy un salmón
Soy el espíritu de la contradicción

Soy un salmón
Soy un salmón

No es necesario echar la vista atrás
Ya sé de sobra que ahí he dejado el mar
Hacia adelante mirar no es nada alentador

A veces creo que no tengo mas opción
Al fin y al cabo solo soy un salmón
Estoy volcado
Es tan cansado
Voy a ser fuerte
Y no me dejare pescar jamás


Dicho esto, (espero que os guste la metáfora de la canción) paso a contar mis otros aprendizajes, mi insight acerca de la adolescencia, para lo cual os relataré tres situaciones vividas que me han hecho reflexionar, protagonizadas por tres “salmones dolientes” con cursos de vida escarpados, es decir, adolescentes cuyas historias de vida, por uno u otro motivo, han añadido, sumado a la dificultad de atravesar este período de vida en el que concurren cambios físicos, hormonales, emocionales y cognitivos, otro tipo de problemas relacionados con pérdidas de referentes, situaciones de maltrato físico y emocional, o negligencia por parte de los progenitores.
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  • SALMÓN nº 1: 15 años.

Situación: Después de una interesante reflexión para desmontar la aberrante legitimación de los adultos de pegar a los hijos varones con cosas como “me pega porque es mi padre”, o “porque también lo hicieron con él cuando era pequeño”, y después de apelar a la emoción del hijo que sufre el maltrato, de la catalogación como delito la utilización del castigo físico, y de no sé cuantos argumentos más….se para un momento y me dice: “¿puedo hacerte una pregunta?”, parando en seco nuestra seria e importante conversación. Paro, asiento, escucho, y me dice quitándose la zapatilla de deporte que le acaban de comprar por Reyes: “Esta mancha es suciedad o descolorido?”. Por dos segundos mi cara es un poema. No sabía si reír, reñirle porque me estaba tomando el pelo, o hacer extinción como si no hubiera escuchado nada. Superado el desconcierto hice lo que tenía que hacer. Cogí la zapatilla porque me la ofrecía tendiéndomela con su mano, observé la mancha y le dije que para saber qué era esperase a que yo fuera al baño y con papel higiénico y un poco de jabón comprobásemos la permanencia o desaparición de la mancha. Por cierto, se fue, la mancha tenía solución. A partir de ahí continuamos la conversación con la escucha e interés aumentados.

Aprendizaje: “Lo que es importante para él o ella no tiene porque ser LO MÁS IMPORTANTE para mí en ese momento, pero no por ello ha de dejar de darle respuesta”. Axioma número 1. Por tanto, atendamos a las demandas sin cuestionar desde nuestra propia referencia, no tenemos porqué compartir la escala de cosas importantes.
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  •    SALMÓN Nº 2: 15 AÑOS

Situación: Llamada por mi parte para cambiar la cita de un día para el siguiente. Tras el saludo inicial y la explicación del motivo del cambio e interesarme por cómo iba todo de una manera casi retórica (a los dos días iba a saber con detalle cómo iba todo porque tendría una sesión), mi “salmón nº 2” me pregunta: “¿Y tú como estás?”. No entendía bien. Le respondo: “No te he oído, qué me decías?”, “¿Qué tú como estás?”, repitió con voz dulce y apuesto que con una sonrisa en su cara. Desconcierto por mi parte. No estoy acostumbrada a que me pregunten como estoy los y las adolescentes en general (aunque alguno lo hace cuando me ve antes de entrar en la sesión). Me costó unos instantes reaccionar y responderle que estaba bien y que me había alegrado la mañana interesándose por mí.

Aprendizaje: “Los y las adolescentes se interesan por los adultos igual o más que a la inversa, no pasan de todo y todos como suele decirse”. Axioma nº 2. El que siembra recoge, trata al adolescente como te gustaría que te trataran a tí, sea cual sea su conducta o actitud. La persona no es la conducta.


  • SALMÓN Nº 3: 16 AÑOS

Situación: Recogiendo emociones, malestar, sentimiento de desesperanza y compartiendo tareas que debía hacer en el IES, de repente saca el libro El niño del pijama de rayas, lo pone sobre la mesa y me dice: “Toma, léelo, es muy interesante, yo ya he hecho el trabajo de clase de este libro”. Paralización de nuevo. ¿qué hago?¿ le digo que ya me he leído el libro aunque hace tanto que solo recuerdo el triste final o acepto su propuesta?¿puedo aceptar yo una tarea cuando soy yo quien les prescribe a ellos y ellas las cosas que han de hacer hasta la próxima cita para avanzar en los objetivos de la intervención?. Una vez más, descoloque. Otro precioso salmón me descoloca en positivo en esta ocasión, y por las pistas que me da, para que haga algo que me ayudará a una mejor comprensión de cómo se siente. “Yo me identifico con Shamuel”, me dice. Obviamente he empezado nuevamente a leer el libro para explorar concienzudamente cómo piensa, actúa y siente ese Shamuel y mi salmón.

Aprendizaje: “A veces los salmones también tiran anzuelos para pescar a los adultos”. Axioma nº 3. Aprende a leer entre líneas, algoritmos, filigranas, ecuaciones mentales, álgebra emocional y todo aquello que necesites para comprender a los y las adolescentes aunque de inicio te parezca descabellado.


En resumen, esta semana he aprendido un montón de cosas que ya sabía pero de las que quizás ni era demasiado consciente.

Por cierto, investigando en internet sobre los salmones he aprendido cosas muy interesantes, sobre todo de lo que llaman “la carrera del salmón”. Resulta que estos peces pasan su juventud en los ríos, para posteriormente nadar hacia el mar donde se desarrollan y pasan la mayor parte de su vida adulta. Cuando han madurado regresan al río donde nacieron para reproducirse e iniciar el proceso de desove y fertilización de los huevos. Al acercarse a la época en que están listos para migrar hacia el mar los salmones jóvenes pierden sus barras de camuflaje y se someten a un proceso de cambios fisiológicos que les permite sobrevivir el paso del agua dulce al agua salada (¿no os recuerda mucho a los cambios de la adolescencia?).

Quizás lo más interesante son las teorías (no se si científicas o no) para explicar cómo realiza esa subida en la que nada contracorriente. Una de ellas dice que el salmón “ahorra energía valiéndose de los vórtices, o remolinos en miniatura, que forma el agua al chocar contra las rocas, ramas u otros objetos. Como los vórtices se generan a ambos lados de los objetos, los peces se deslizan entre las bolsas de turbulencia con movimientos ondulantes. Algunos bancos de salmones utilizan los vórtices creados por otros que nadan delante de ellos y, de hecho, navegan en su estela”. Y a mí esto me suena a tutores de resiliencia y modelado.

Otra teoría dice que el salmón ”conserva en la memoria el olor del lecho que nutrió sus primeros días y lo protegió de depredadores y corrientes agresivas y así, se orienta para regresar al lugar donde fue desovado, buscando garantizar la continuidad de su especie” ¿Esto no es el apego que se desarrolla en la primera infancia y la permanencia del adulto en la mente del niño-adolescente como base de seguridad?.

¡Feliz semana!.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Permanencia y cambio es el mío. Y tú ¿te animas a hacer un acróstico?


Hace cuatro años mi estimado amigo y compañero Apega, el psicólogo José Luis Gonzalo Marrodán me propuso el reto de despedir el año con un acróstico, a lo que no me pude negar, primero porque me apetecía por esa chispa de travesura infantil que suponía (de pequeña era un pasatiempos estupendo), y segundo porque me parecía un buen momento para hacer balance de lo que había sido aquel año. Desde entonces ha llovido mucho como se suele decir, y ha habido un poco de todo. Pero me quedo con lo bueno y con lo que ahora tengo, que es mucho, una vida personal y profesional muy feliz.

Me sorprende al repasar algunas entradas de mi blog y sobre todo esta del acróstico que, aunque mi báscula y el espejo donde me miro por la mañana se empeñan en recordarme que el tiempo pasa y no soy la misma, no cambiaría nada de lo que hace cuatro años escribí en ese post. Permanencia y cambio. Como la vida misma. Nuestros pensamientos y formas de ver de la vida se adaptan a las experiencias que vamos teniendo pero queda algo, no sé cómo definirlo, que nos hace enlazar pasado y presente, como si fuera nuestra propia esencia y aquello que nos caracteriza.

 Y hoy, día de Nochebuena, me apetece compartir el mismo acróstico, con las letras que conforman el nombre de este blog, resiliencia infantil, celebrando que el tiempo me ayuda a acumular experiencias y conocimientos pero no me resta la capacidad de mirar al otro, niño/a, adolescente o adulto, con la suficiente sensibilidad como para llegar a su emoción.



Y tú ¿te apuntas a hacer un acróstico?

Reto. Cada nuevo niño o niña, cada familia, cada persona que entra en mi camino profesional suponen un reto, un desafío, una oportunidad de ayuda en la que se ponen en juego habilidades, capacidades y conocimientos confiando que puedan traducirse en pequeñas dosis de alivio emocional, en grandes cantidades de promoción de sus recursos y en millones de partículas de esperanza, aceptación, ilusión, confianza, empatía, libertad, etc. que hagan posible la revinculación afectiva, la posibilidad de creer en la relación de ayuda y volver a poder crear lazos de afecto que sanan heridas y entretejen nuevas miradas del pasado y preparan nuevos diseños del futuro.

Esperanza. De poder creer en el cambio entendido como la búsqueda de pedacitos de felicidad, de mirar adelante confiando en un futuro capaz de ofrecer a nuestros niños y niñas oportunidades para disfrutar de la vida. La vida es bonita para los que se sienten amados aunque sea solamente por un adulto capaz de hacerle sentir importante, grande por dentro. De este modo podrán afrontar mejor las adversidades. Mejor si les acompaña la preciosa frase “si tienes un porqué para vivir encontrarás casi siempre el cómo”.


Sonrisa. Lo que nunca debe faltar en la cara de un niño o niña. Hay mil razones para sonreir cada día, solo hace falta verlas o pensar en ellas. A veces imaginarlas como posibles. El poder de una sonrisa es inmenso, conecta con nuestras neuronas espejo de manera inmediata. ¿Eres capaz de resistirte a sonreir cuando ves que lo hace un niño o niña?. El lenguaje de la felicidad.


Ilusión. Según la RAE puede tener como acepción “concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos” o también “esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo”.  Permitidme que ofrezca mi propia definición de ilusión - como recogía en una entrada anterior http://resilienciainfantil.blogspot.com.es/2014/01/el-sembrador-de-estrellas-o-lo-que-tu.html-, como la posibilidad de modificar el significado de las cosas ( y las historias) modificando el entorno. Mirar desde diferente perspectiva a veces para ver las luces y fortalezas de las personas. Que aunque la persona no lo vea, la luz que deja a su paso en un futuro iluminará el camino. Pensar que a veces tenemos estrellas junto a nosotros aunque no las veamos. Que ante la oscuridad/adversidad siempre sale una luz interior de la que no éramos conscientes en otros momentos de nuestra vida. Y lo mejor, que la ilusión no tiene edad ni sabe de diferencias.



Libertad. Sensación de hacer y decir lo que uno quiere. Saber que te puedes alejar pero que hay vuelta posible. Elegir, no sentirse coaccionado ante exigencias de otros. En mi caso, libertad es realizar las cosas que me gustan, compartir, poder expresarme, inventar o tomar de otros lo que me parece bonito, sentarme ante el ordenador y dejarme llevar. Un sueño que quisiera fuera compartido con todas las personas que sufren mientras esperan el momento de escapar de su jaula sea cual sea ésta.


Inocencia. La esencia de los niños y niñas. No hay maldad en ellos, solo estrategias de supervivencia generalmente aprendidas de los adultos para escapar de algo o para dejar de ser invisibles ante ellos. Nunca un niño o niña es culpable de su sufrimiento, no hay nada que justifique un maltrato activo o pasivo.


Empatía. Calzarse los zapatos del otro. Sentir como sienten pero sin perder de vista ese “como si” que decía Carl Rogers. Comprender como sienten y piensan los niños y niñas y sus familias manteniendo la suficiente distancia mínima para que no nos invadan sus sentimientos de forma viral, pero teniendo la suficiente aproximación como para entender sus emociones en función de sus coordenadas personales.


Niñez. Período de la vida que debería ser siempre maravilloso pero que en ocasiones se ve enturbiado por circunstancias familiares, porque existen padres y madres que no pueden, o no saben o no quieren desempeñar su rol. Gracias a la existencia de tutores de resiliencia esos nubarrones pueden desplazarse y ver que el sol sale cada día, ¡¡pese a que vuelvan a aparecer las nubes acompañadas de rayos y truenos!!. La creación de paraguas resistentes con varillas flexibles capaces de resistir los azotes del viento y fuertes tejidos impermeables que permiten avanzar en el camino de la niñez enturbiada y encontrar la luz del sol gracias a personas significativas que les acompañan en su crecimiento. La mejor etapa de la vida.


Confianza. Nada más bello que la capacidad de ofrecer a los otros un espacio seguro donde poder sentirse sentido y reconocido, de escuchar sus palabras diciendo “tú me entiendes” o “siempre voy a confiar en ti”. Esa confianza se traduce en compromiso, en una especie de conexión invisible que hace que fluya un canal de comunicación genuina, de revelar sentimientos, destaparse ante el otro porque se siente que no te hará daño. Nuestros niños y niñas han sufrido muchos desengaños en su vida, muchas veces por parte de quienes debieran ser sus protectores y cuidadores…y sin embargo siguen confiando en quienes saben mirar más allá de lo visible, quienes no se quedan con sus actos inadecuados o sus respuestas desproporcionadas. Como decía Saint- Exuperié: lo esencial es invisible a los ojos.


Ingenuidad. Lo que nunca quiero perder. La capacidad de asombrarse de sorprenderse incluso por lo evidente. Lo que permite dar pasos adelante pisando baldosas de confianza. Compañera de la inocencia y amiga de la ilusión. Capacidad que se pierde con experiencias que hacen daño.


Aceptación. Somos lo que somos por las experiencias vividas y la interpretación que de las mismas hacemos. Solo aceptando a la persona, con su historia y la mochila que lleva podemos ofrecer una relación de ayuda. Pero no siempre es fácil. Se entremezclan juicios de valor, resonancias personales, limitaciones para tolerar a quien es distinto a uno mismo.


Imaginar. Crear, construir en la mente, idear rutas que lleguen a buen puerto. Planificar. Vivir con el pensamiento lo que queremos vivir en la realidad. Inventar mundos posibles. Reinventar el pasado.


Naturalidad. Ser uno mismo, sin impostar. Reconociendo las debilidades y limitaciones y, ¿por qué no? elogiando nuestros puntos fuertes, lo que sabemos hacer bien. Espontaneidad, asertividad, ser capaces de decir lo que sientes o piensas de manera respetuosa. Los años me han hecho ser cada vez más natural, incluso a veces puede que demasiado. Siento la necesidad de pensar en voz alta ante las personas, niños y adultos con los que trabajo. Compartir hipótesis que me ayuden a ayudar, sin que ello signifique que lo sepa todo o que no me equivoque.


Familia. Grupo social capaz de transformar lo posible en real, de ofrecer afecto, consuelo, seguridad, valores, y  dar sentido a nuestro proyecto de vida. Espacio de laboratorio social donde se germinan las relaciones futuras, se practica para hacer frente a las dificultades y se aprende a disfrutar de las cosas bonitas. Relaciones vinculares donde comienza a desarrollarse la resiliencia primaria.


Apego. Un tipo de vínculo afectivo que se diferencia de los otros en que mediante el mismo se busca la protección, el cuidado, la seguridad y bienestar en la relación. La sensibilidad, la disponibilidad, la aceptación y la valoración del niño o niña por parte del adulto promueven el apego seguro. La inconsistencia, la negligencia, el maltrato, la falta de disponibilidad tienen como consecuencia el desarrollo de apegos inseguros con graves consecuencias a lo largo de la vida. Sentirse apegado a alguien forma parte de los tesoros de la vida.


Narrativa. Historia que hacemos de nuestra historia. Explicación y representación de mi vida y mis circunstancias. Importante en muchas ocasiones reelaborar la historia, darle otro sentido, otra significación que permita integrar las experiencias vividas y sentidas de manera adaptativa, sin que el dolor impida o bloquee la expresión de los recursos personales de la persona. Un cuento de uno mismo. El final podemos construirlo, el principio no.



Tiempo. Bien escaso muy necesario. Las relaciones necesitan tiempo. Los avances necesitan tiempo. La cicatrización de heridas necesitan tiempo. “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que le hizo tan importante”, leíamos en  El Principito. Mientras esperamos el paso del tiempo transformamos nuestras circunstancias.


Introspección. Mirarnos para adentro, pensar y sentir de manera autocentrada. Aprender a conectar con nuestro mundo interior para poder comprender y entender al prójimo. Paso previo a la mentalización, solo puedo sintonizar contigo si manejo y se modular mi frecuencia.

  
Luciérnagas. Otra metáfora de la resiliencia. Todos sabemos de estos fascinantes gusanos de luz, capaces de brillar en la oscuridad con luz propia. Emitir rayos de fortaleza aun cuando desconocemos el futuro inmediato. Iluminar nuestros entorno para hacernos ver y para ver a los otros. 


Os deseo un Feliz Fin de Año y que el 2019 os traiga buenos momentos de Felicidad, Paz y Amor.


martes, 11 de diciembre de 2018

Cuento de Navidad para esos niños y niñas que sueñan


Os invito a leer este cuento de Navidad que he escrito, distinto y a la vez tan mágico y entrañable como todas las historias que tienen lugar en estas fechas tan señaladas. Espero que os guste.

Dedicado, con cariño, a todos los niños y niñas adoptados:

Eran las 16.30 horas de un día cualquiera. Uno de esos días en los que la desgana se columpiaba dulcemente desde un extremo a otro de la clase, haciendo un guiño travieso que impedía prestar atención a la maestra. Sólo la alegría de saber que faltaban cinco días para las vacaciones de Navidad era lo único que despertaba una sonrisa a Martina. Solo cinco días y podría respirar, sin tener que hacer esos malditos deberes que no entendía, aunque lo intentaba hasta rabiar, por mucho que los profesores no se dieran cuenta de su esfuerzo. 

-“Hoy leeremos un cuento de Navidad, ¿quieres empezar tú, Lucia? “, dijo la profesora.

Los ojos de Martina cobraron luz de repente. Le gustaba mucho escuchar cuentos. Le recordaba a su madre cuando cada noche, desde su llegada a casa, al ir a dormir le leía una historia. Contar cuentos es mucho más que contar historias, es dejar fluir la imaginación desde lo real a lo imposible, de la certeza a la fantasía. Lucía, su compañera, empezó a leer en alto una bonita historia que hablaba de unos pastores que caminaban perdidos en una tarde de diciembre cuando se dirigían a una aldea en busca de una estrella. Martina escuchaba atenta el relato, entre entusiasmada y curiosa. Su capacidad de atención, seriamente defectuosa para las tareas escolares, se veía asombrosamente desarrollada cuando algo le atraía. 

Mientras escuchaba, un pequeño rayito de sol, que entraba desde la ventana que estaba a su derecha, se posó sobre su retina, deslumbrándola. Miles de luces doradas aparecieron en ese momento destelleando y atrapando a Martina en una especie de túnel monocromático en el que se vio transportada, como si de un largo tobogán dorado se tratase.

-“¿Dónde estoy? “, se preguntaba, mientras miraba de un lado para otro.

No había visto nunca ese lugar. Solo recordaba la intensa luz que entró en sus ojos y, de repente, ese extraño lugar. Se deslizaba sin hacer ningún esfuerzo hacia un remanso de luz que había a lo lejos. Cuando llegó por fin, se detuvo en una especie de haz de luz que parpadeaba tímidamente, y quedó allí sentada. Nunca había estado allí antes. A decir verdad, no era ni siquiera un lugar como los que ella conocía. Todo estaba a oscuras, salvo el haz de luz que hasta allí la trajo, y pensó ¿qué hacía ella allí?.

De repente, una especie de ventana con forma redonda se abrió, y poco a poco comenzó a deslumbrarse a lo lejos algo que semejaba ser una casa. Allí, en una de las estancias, había una cuna de madera, desgastada pero limpia. Una niña jugaba en su interior balbuceando cortos sonidos mientras sonreía ella sola al escucharse.  Su madre estaba en un rincón de la sala haciendo con barro una figura que parecía ser un jarrón. Sus ojos, tristes y apagados, apenas se abrían lo suficiente para mirar de reojo a la niña, mientras sus manos deambulaban por el barro sin llevar un certero ritmo. Sólo sujetaban levemente la figura que iba forjándose, pero que aún se encontraba por definir cómo sería su aspecto final. Su lánguida cara reflejaba pesar y tristeza.

-“¿Sabes quiénes son? “, le dijo a Martina una vocecita que escuchó por detrás de ella.

Se giró rápidamente y pudo ver una especie de pequeño duende con orejas de elfo, un gorro verde a rayas del que lateralmente caía un enorme pompón blanco, un pantalón rojo con cinturón y unas babuchas acabadas en punta.

-“¿Quién eres tú?”, gritó Martina sorprendida.

-“Soy Max, uno de los duendes de la Navidad. Siempre he vivido en tu mente desde aquella mañana en que tu mamá te trajo al mundo. Ella deseó cuando tú naciste que nunca te pasara nada malo y que la felicidad te acompañara. Y en ese momento surgí yo, para acompañarte en cada Navidad. No me has visto antes porque andas siempre un poco enfadada cuando se avecinan estas fechas. La rabia es mi enemiga y, aunque llevo nueve años intentando hablar contigo, no había sido posible hasta hoy. “ 

 - “¿Nueve años?, ¿llevas nueve años conmigo?, !Que cosas tan extrañas cuentas¡. ¿Seguro que no eres una pesadilla de esas que a veces me molesta por las noches? “.



-“Tranquila, estoy aquí para enseñarte algo. ¿Ves eso de ahí abajo? Dijo señalando a la casa. “¿Ves a esa mamá y a esa niña?. Eres tú. Esta es tu historia antes de que te adoptaran esos papás que te quieren tanto.” 

-“¿Soy yo?” Dijo poniendo los ojos como platos. “Si soy yo… ¿Porqué no pude seguir allí? ¿Qué pasó para que me abandonara? ¡Era muy pequeña!. ¿Qué hice mal para que mi madre no me tuviera con ella? “.

-“Entiendo tu pesar, debe ser muy difícil pensar en ello. Es normal que te pongas triste y hasta un poco enfadada. Pero mira, mira ahí abajo. ¿qué más ves? Esa mamá está muy triste porque ha tenido que tomar una decisión muy difícil. Mira sus ojos, están vidriosos de tanto llorar. No puede cuidar de su pequeña”.

-“¿Pero por qué?¿dónde está ella ahora?¿qué va a pasar con mi historia?¿porqué no pudo cuidarme? ¡Si me hubiese querido no me hubiera dejado!”.

Casi sin que pudiera terminar, empezaron a llover del cielo cientos de copos de nieve en forma de interrogante. Los había de muchos tamaños y formas. Unos más grandes y redondeados, otros más finos y con forma cursiva. Formaron de repente una tormenta de figuras que dejaron un enorme manto blanco en el suelo de ese misterioso lugar.

- El pequeño duende contestó: “No tengo respuesta para todas tus preguntas, pero tengo unas cuantas preguntas sin respuesta…¿Hasta cuando vas a sufrir por algo que quizás nunca sepas?¿Qué es peor, sufrir por lo que pudo haber sido y no fue, o disfrutar de lo que afortunadamente ha sido? No tenemos siempre un porqué a nuestro alcance para muchas de las cosas que ocurren. Un accidente que deja en silla de ruedas a alguien, un ser querido que se muere, un incendio que arrasa una casa, las guerras, el hambre, la soledad de muchas personas. En todas ellas, cuando sobreviene la desdicha, existen dos caminos: uno, el del lamento y la pasividad, el otro el de la aceptación y la lucha por seguir adelante. Tú no elegiste venir a este mundo, pero gracias a alguien que lo decidió por ti, hoy estás aquí. Y tienes la oportunidad de decidir cómo quieres que te acompañe tu historia.”

Mientras iba hablando la niña iba calmándose cada vez más y más. De repente, el elfo paró de hablar y señaló con el dedo hacia la ventana donde estaba la madre trabajando ese barro cada vez más endurecido. Martina y él pudieron observar como un rayito de sol, muy parecido al que entró por la ventana de la niña, hizo su aparición de forma repentina. La mujer, por primera vez sonrió mientras el rayito entraba en su retina y como si de un hechizo mágico de Navidad se tratara, comenzó a verse reflejado en el cielo un haz de luz que unía, de manera única, los ojos de Martina con los de aquella mujer. De su boca salió un pequeño susurro que decía “mi niña, se feliz allí donde estés”, mientras seguía con los ojos bien abiertos para no dejar escapar ni una pizca de esa luz que unía a las dos.



El timbre que anunciaba el final de la clase sonó. ¡Ya eran las cinco!.

-“Martina, despierta, que estás embelesada y ya es hora de marcharnos a casa”, le dijo Pedro, su compañero.

 La niña hizo un ademán como de despertar de un sueño ¿o quizás no lo soñó y fue cierto?. No lo sabremos, no tenemos respuestas para todas las preguntas. Pero siempre tendremos historias para contar en Navidad.


Por Conchi Martínez Vázquez


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