¿Cuántas veces nos asaltan pensamientos negativos que no
paran de resonar en nuestra cabeza haciéndonos sentir mal o no valorarnos lo
suficiente? Esas vocecillas que parecen las encargadas de molestarnos, de
insistir en hacernos pensar cosas que nos desagradan no solo las tenemos los
adultos, los niños y las niñas también las tienen.
Cuando trabajo con ellos,
muchas veces identificamos juntos cuáles son esos pensamientos, a los que yo
les pongo el nombre de “PENSAMIENTOS INTRUSOS” porque se inmiscuyen en su mente sin pedir permiso y además son muy
difíciles de echar. Esos pensamientos intrusos son los responsables de que en
muchas ocasiones los niños queden bloqueados, atrapados pensando en algo que les incomoda y les hace sentir incapaces de lograr
pequeñas metas, limitando así su respuesta, o distorsionando las situaciones haciendo interpretaciones erróneas.
¿De dónde surgen? Yo creo que de la
propia representación que el niño o la niña hace de sí mismo con la devolución que
los demás le ofrecen acerca de sus cualidades, de su forma de ser, de sus
limitaciones o dificultades. Los adultos son los espejos donde los niños se miran, pero muchas veces la imagen que perciben está distorsionada, difusa, no les permiten conocerse de una forma nítida, o focalizar demasiado en lo negativo. Mensajes que pueden parecer sin importancia para quien las dice del tipo "qué torpe eres", "déjame a mí que tú vas muy lento y no sabes", "siempre te pareces a tu padre/madre/abuelo haciendo .."van formando las fichas de un puzzle de su propio autoconcepto que resultan difíciles de encajar porque no encuentran la forma que coincidan integrándose en una percepción del sef sana y positiva, y que permanecen ahí, dando vueltas y mareando a los pequeños haciéndoles sentir que no pueden o no saben.
Pero también esos pensamientos intrusos provienen de la imagen que de sí mismo van construyendo, más allá de lo que los otros dicen de él o de ella, de la confianza o no en sus posibilidades, de la posibilidad de desplegar recursos resilientes que les permitan afrontar las pequeñas dificultades que desde muy temprano van a tener. A montar en bicicleta se aprende montando, a construir una imagen de sí mismo como persona capaz se aprende teniendo oportunidades en las que puedan ponerse a prueba la propia capacidad, los recursos.
El otro día, llegó a mis manos un cuento que precisamente
trata de lo que yo venía llamando pensamientos intrusos y que al parecer tienen
otro nombre: las Busy Dizzy…o voces negativas. Se trata de un cuento escrito por la Dra. Orly Katz y traducido al
español por José Luis Cortés, dirigido a niños y niñas de 4 a 8 años y que me parece interesante
para compartir con vosotros. La Dr. Orly Katz es autora de varios libros y es una experta en el empoderamiento para los jóvenes y en las habilidades para la vida. Es también la fundadora del centro "Simply Me" (“Simplemente Yo”) para liderazgo, empoderamiento y autoestima.
Con ilustraciones que ayudan a entender más el mensaje, el
cuento Busy Dizzy explica a los niños y niñas que en ocasiones puede aparecer
como una vocecita interior o preocupaciones (la autora utiliza la metáfora de un zumbido en
la oreja) que pueden conducir a tener emociones negativas como estar triste,
pensar que no saben hacer las cosas bien, que no merece la pena el esfuerzo,
que los otros se pueden enfadar si no sabemos responder bien cuando nos
preguntan, etc.
Las Dizzies vienen a
ser una especie de diablillos traviesos que consiguen hacer cambiar la visión
que sobre ti mismo o los otros puedes tener, pero hay algo más…¡todos las
tenemos! (en este punto me permito preguntarte ¿acaso tú no has pensado últimamente que no puedes lograr tal o cual cosa, que los demás no te
hacen caso o mil posibles ejemplos más de vocecita interior negativa?)
Lo interesante del libro además es que, al estar dirigido a niños y
niñas de corta edad (4 a 8 años) utiliza como recursos didácticos el contenido en
forma de rima (con lo que le otorga una ritmicidad que consigue captar más su
atención), y propone para vencer a las traviesas Dizzies dibujarlas o
incluso cantándoles una canción para que se marchen una vez que los pequeños las identifican junto con sus
padres o educadores.
Si te pidiera que dibujaras tu Dizzy…¿qué dibujo harías?

